José Luis Marca, uno de los 24 mil empadronadores
(La Paz - Bolivia.com)
Al final de la calle Posnasky número 520 de la zona de Miraflores vive la familia de Elena Mamani Poma, madre soltera de cuatro hijas. Hasta ese lugar se aproximó el empadronador José Luis Marca a las 08:15 para realizar su primer empadronamiento del día.
Tras tocar la puerta de metal de color celeste gastado, doña Elena abrió y se sorprendió por lo temprano de la hora. “Todavía están durmiendo mis hijas”, dijo sonriente a lo que el agente censal respondió que es necesario que se despierten para realizar su trabajo. “Entonces empiece con los inquilinos”, añadió doña Elena a poco de darle paso a Marca.
Ponciano Camacho fue el primero
Después de transitar un pasillo oscuro, Marca tocó la puerta del cuarto de Ponciano Camacho, artesano de 43 años que vive sólo en la habitación que la familia Mamani le alquila. Una
vez adentro, Marca tomó asiento y sacó de su bolsa la primera boleta censal del día.
Por su parte, Ponciano se sentó en su cama destendida y con el pijama aún puesto procedió a responder las preguntas de Marca. El uso de servicios eléctricos y sanitarios concentraron un buen porcentaje de las primeras preguntas para, posteriormente, responder a las cuestionantes sobre educación, estado civil, trabajo y origen étnico, entre otros aspectos.
A poco de concluir la encuesta, Ponciano Camacho pidió disculpas por el estado en el que recibió a José Luis Marca y se despidió. José Luis Marca prosiguió camino hasta llegar a un patio donde lo aguardaba Dionicio Quispe, chofer privado que proviene de la zona de Los Andes, localidad ubicada en la región de Pucarani en el departamento de La Paz.
La hermenéutica se repitió, Quispe
respondió las cuestionantes de Marca con cierto aire de incentidumbre. De igual manera, su concubina Marcela Choque, con quien tiene tres hijos, atendió los requerimientos del agente censal.
La abuela y doña Elena
Una vez concluido el diálogo con Quispe, llegó el turno de doña Victoria Poma, una anciana de 96 años cuyo único idioma es el aymara. En tal sentido, Marca tuvo que pedir apoyo de parte de Quispe para traducir las preguntas y respuestas de doña Victoria.
El último ambiente por ser censado correspondió al de doña Elena. Un cuarto escasamente iluminado que funciona como habitación y cocina a la vez sirve de vivienda a doña Elena y tres de sus cuatro hijas quienes en ese momento observan atentas a las preguntas que Marca le hace a su madre.
Vendedora de refrescos en la zona sur de la ciudad, doña Elena
quedó viuda hace unos años atrás y es ella la que se encarga de sacar adelante a sus hijas Beatríz, Mariela y Karina, la hija menor que se mueve inquieta por el piso de madera.
Con una sonrisa siempre franca, doña Elena responde las interrogantes apelando, de rato en rato, al criterio de su hija mayor Beatríz quien le ayuda a recordar datos sobre el nacimiento y registro civil de sus hijas.
Una vez completadas las preguntas, José Luis Marca, quien es estudiante de ingeniería industrial, agradeció el tiempo dispensado y le pidió a doña Elena que pegue en la puerta de su casa el autoadhesivo que indica que la casa ya ha sido censada. El reloj marcó las 09:35 cuando Marca salía de la casa de doña Elena para dirigirse a la casa vecina; fue el principio de una jornada larga pero de vital importancia para el país.
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