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Montero se transformó en la Bolivia chica del norte

(La Paz - La Razón)


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La creación del primer ingenio azucarero, en 1953, fue la principal atracción de los primeros migrantes. Hoy, el flujo de gente de interior es imparable.

Montero se ha convertido en una “Bolivia chica”. Y es que allí, convergen habitantes de diversos departamentos del país, en particular, del occidente, atraídos por las actividades agrícolas y la zafra.
En menos de treinta años, Montero -que actualmente cuenta con más de 80.000 habitantes-, logró volcar una historia de más de un siglo cuando era una simple comarca, bajo el nombre de San Ramón de la Víbora, confundida en medio de comunidades campesinas y agrícolas como Naicó, Naranjal, Turubó y otras aledañas que se dedicaban al cultivo de la caña, maíz, yuca, frutales.

En 1912, el vicecantón la Víbora, es elevado a rango de cantón, pero bajo el nombre de Montero, en homenaje al héroe de la batalla de Ingavi, coronel Marceliano Montero. Desde 1941, con la creación de la provincia de Obispo Santiesteban, se declara mediante decreto supremo como la Capital de la Primera Sección, siendo Saavedra la segunda y Minero la tercera.
Más tarde, a partir de diciembre de 1986, una ley eleva a Montero a rango de ciudad.
Luego de la revolución nacional de 1952, con las reformas profundas en el país, el oriente boliviano empieza a salir de su postración histórica. Un año después se crea el Ingenio Azucarero Guabirá, julio 1953, bajo el Decreto Supremo 3459 del Gobierno de Víctor Paz Estenssoro, a través de la Corporación Boliviana de Fomento, con una oficina instalada en Montero.

La instalación de la industria no tuvo otra finalidad que promover el desarrollo socioeconómico de la región. “Yo creo que en ese momento nace el futuro de lo que es hoy, porque gracias a la instalación de la factoría empieza a llegar gente del interior del país, y es la Corporación de Fomento la que inicia el programa de colonización del norte cruceño dando lugar a las corrientes migratorias”, relata Roque Montaño, presidente de la Federación de Juntas Vecinales.

Los primeros asentamientos migratorios se localizaron en la zona norte del campo comprendida entre Minero y Puesto Fernández Alonso, fueron ellos en su mayoría, dicen los testimonios, campesinos provenientes del occidente, concretamente de los departamentos de Cochabamba, Oruro, Potosí y Sucre.
Confundidos entre la zafra de la caña y tentados por la oferta de tierras fértiles dieron salto a las oportunidades. “ Para entonces, Montero, era apenas la plaza y sus alrededores, donde se destacaba el paseo de “peladas” muy hermosas los domingos trajinando por la plaza, unos cuantos caseríos alrededor y un camino de tierra

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secundado por los costados por casitas de motacú en lo que es hoy la avenida Warnes”, recuerda Elvira Vidal, una de las primeras profesoras de Montero.
“Yo me vine de un día para el otro en busca de trabajo. Cuando llegué a Santa Cruz, lo primero que me hablaron, unos amigos del cuartel de Montero, me dijeron que en la zafra necesitaban gente; así fue, ingresé cortando caña, por entonces el trabajo era duro pero atraídos por lo hermoso del lugar me quedé para siempre”, relata Angel Quispe, natural de Yamparaez (Chuquisaca), quien se dedica hoy al comercio informal.

“Un día mi madre falleció en el campo, como éramos muchos hermanos y teníamos un padre con escasos recursos y poco ganado de ovejas, un amigo me trajo diciendo que en el oriente hay trabajo; iré a ver por si acaso y dudando me vine”, confiesa Félix Salvador, quien llegó hace 27 años y hoy se dedica a la sastrería.
“Un día decidí y me vine porque en mi pueblo no había progreso; traía mercadería los domingos desde Cochabamba y me quedé; por salud vine en busca de unos remedios de plantas y me quedé; me trajeron para el Ingenio por un par de años desde La Paz para arreglar todo el sistema eléctrico y no fue más, ya estoy 35 años; me tocó hacer año de provincia en esta ciudad y luego me casé y me quedé”. Testimonios similares a éste son muchos, cada uno con su acento y su expresividad típica de su región originaria, pero todos justificando la migración permanente de los últimos años hacia Montero.

Migrantes ganan espacio
IMPACTO • El primer barrio de migrantes fue Villa Cochabamba.
Los recién llegados sufrieron una dura resistencia, en un principio.

El primer barrio en crearse a fines del ‘50 fue Villa Cochabamba, que por entonces comprendía toda la parte de la zona este de la capital montereña donde con el progreso y el desarrollo urbano, fueron naciendo otros como el barrio San José, Villa Verde, Fabril, entre tantos, que conforme iban llegando nuevos grupos humanos se ganaron carta de ciudadanía.
“Recuerdo que de niño íbamos a jugar en canchas en espacios abiertos y barriales de la zona naciente y no había circunvalación, todo era monte y campo”, sintetiza Grimaldo Galarza, vecino del lugar.
Según testimonios, la migración cambió en gran manera la imagen y la idiosincrasia de un pueblo que parecía cerrado a sus costumbres. “La corriente migratoria si bien trajo cambios importantes, tanto que aportó al desarrollo, también trajo lo otro: un avasallamiento cultural expresado en sus costumbres, vestimentas, canciones, sus bailes y sus hábitos desconocidos por nosotros hasta entonces”, señala Antonio Anzoátegui, actual

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director de la Casa de la Cultura de Montero, al hacer énfasis en que ciertas costumbres “collas” como la bebida y sus fiestas cambiaron los valores morales del habitante de la ciudad.
En cambio, la concejala Melfy Cuéllar considera que “ellos son el puntal del desarrollo y el engrandecimiento de este gran pueblo que nos ha aportado con su cultura, costumbres, su forma de vida hasta enriquecer el bagaje cultural de Montero con todas esas conjunciones humanas y sociales”.
Paulatinamente, los grupos migrantes collas, como se los denominó desde siempre fueron ganando carta de ciudadanía. “Recuerdo que hace treinta años atrás el trato despectivo, la discriminación y el odio eran fuertes; por eso no era raro ver letreros o graffitis que decían: ¡Haga patria! Mate un colla”, testimonia José Pomacusi, paceño y ex trabajador del Ingenio Guabirá.

Sin embargo, con el paso del tiempo esos adjetivos parecen extinguirse de a poco. “Es cierto que al principio hubo recelo y discriminación hacia el colla en colegios y puestos de trabajo, pero con el tiempo se fue superando. En mi caso, creí que un programa en idioma quechua no iba a dar resultados, luego de un tiempo afortunadamente logré convencer a mi público a fuerza de paciencia y perseverancia”, dice Waldo Vargas, conductor de un programa de radio en lengua quechua.
La Asociación Cultural de Residentes del Interior forma parte del Comité Cívico de Montero con todos sus derechos y obligaciones.

Una simbiosis de costumbres y tradiciones
Villa Cochabamba, en su plaza “14 de Septiembre”, tiene una réplica de las Heroínas de la Coronilla donada por el alcalde de Cochabamba de entonces Manfred Reyes. Su aniversario departamental, lo festejan con chicharrón y la chicha. “Hace años, no podíamos ingresar con nuestro folclore tanto que en un carnaval, a una pequeña fraternidad de caporales se le negó tomar parte del corso carnavalero de la ciudad de Montero, por lo que años más tarde buscamos crear nuestro propio festejo de carnaval”, relata Zenón Flores, actual concejal y microempresario lechero del norte.

Hace cinco años se conformó la Asociación de Fraternidades Folclóricas. En 1993 se creó la “Asociación Cultural de Residentes del Interior” con la participación activa de ocho departamentos y las autoridades del gobierno municipal y político de la ciudad. “Tan oportuna ha sido tener nuestra organización propia que el alcalde de entonces, Lolo Rivero, nos adjudicó un espacio de lote de 3.698 metros cuadrados, ubicado en el barrio Urkupiña (zona oeste), donde en este tiempo hemos instalado la barda, el reacondicionamiento de la cancha y la construcción

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de un campo deportivo para fútbol de salón juntamente a la edificación de nuestra sede social”, señala Florencio Rocha, presidente de la institución.

En cada aniversario departamental, organizan campeonatos, fiestas y kermés.

Zafreros, choferes y gremiales

TRABAJO • El municipio de Montero tiene actualmente 61 barrios. En los mercados, las vendedoras de hoja de coca al raleo, abundan. Otros se dedican al transporte, especialmente, a las mototaxis por ser una actividad económica.

El despegue socioeconómico de la ciudad de Montero está ligado íntimamente a la instalación, a inicios de la década de los cincuenta, del Ingenio Azucarero Guabirá. “Fue un gran acierto del gobierno de entonces que, sobre esta tierra fértil bendecida por Dios, empezaron a llegar los hermanos collas que han encontrado por un lado trabajo y por otro un lugar de progreso para su bienestar; de no ser los migrantes no tendríamos quién corte la caña”, afirma Ricardo Paz, ex profesor y ex autoridad.
Muchos al conseguir trabajo en los cañaverales se quedaron ya no como zafreros sino como agricultores de sus pequeñas parcelas, tanto así que una de las anécdotas de los que llegaron dice: “hemos cruzado el Piraí y fue suficiente motivo para hacernos dueños de esta tierra tan invitadora y hospitalaria”, narra Florentino Vaca, un zafrero que de tanto cortar caña se hizo mototaxista.

Según datos del Comité de Vigilancia y Fejuve, la ciudad cuenta con 61 barrios, distribuidos en cinco distritos urbano y tres rurales (comunidades de Naranjal, Naicó y Villa Copacabana), cada una de ellas alberga a a un promedio de cinco Organizaciones Territoriales de Base (OTB).
Gran parte de los migrantes, ocupan sus actividades diarias en el comercio informal y el autotransporte. La ciudad cuenta con cinco mercados grandes de ellos se destacan el mercado Germán Moreno y Villa Verde. El número de comerciantes o vendedores supera los 3.000 gremialistas. “En los últimos años de un promedio de 10 personas que llegan a la zafra tres se quedan para trabajar como gremiales o mototaxistas“, según Luis Mercado, intendente municipal.

Las vendedoras de coca también aumentaron. “En el 2001, ellas eran apenas 68 personas y actualmente llegaron a constituir más de 320 personas apostadas sobre la circunvalación frente al mercado Germán Moreno“, dice el intendente.

El autotransporte de pasajeros dentro la ciudad como fuera de ella, es otra alternativa de trabajo, sean en micros, taxis y mototaxis. Hoy, existen alrededor de 13 instituciones del gremio legalmente asociadas, pero con los clandestinos superan los cinco mil mototaxistas.

 

 

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