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24 de agosto, 2003

La salud peligra; los fármacos de contrabando ya no se distinguen

(La Paz - La Razón)


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• El contrabando de $us 25 millones. La variedad de remedios es grande y proviene —por tierra o avión— de países vecinos y Europa.

• Hay farmacias que son engañadas. Algunas boticas denuncian a los distribuidores de laboratorios como los vendedores ilegales.

• Se quiere acabar con el problema. Para ello, se creó una comisión interinstitucional por medio de una Resolución Ministerial.

• La PTJ no registró ningún caso. Un policía afirmó que los contrabandistas trabajan en estrecha relación con los falsificadores.

La Aduana tiene registrada la cifra desde que se selló la Alianza Ciudadana de Lucha contra el Contrabando: 35 millones de dólares en medicamentos se internan ilegalmente al país cada año, en medio de televisores, computadoras, ropa, licores, alimentos y cigarrillos, también ilegales.

Las rutas del contrabando también son conocidas por la gente de la Aduana y por los propios farmacéuticos. El presidente de Asociación de Farmacias (Asofar), Óscar Medina, cuenta que gran parte de los fármacos ilegales provienen de Brasil, Paraguay, Perú, Chile, e incluso de Colombia, México y Europa.

Las vías que utilizan los contrabandistas de los países vecinos para internar los medicamentos al país suelen ser terrestres. Y como además vienen en medio de electrodomésticos, los remedios se dañan por su exposición al sol, al polvo y porque la forma en que los traen no reúne las condiciones de conservación.

Pero cuando se trata de medicamentos que vienen desde Europa y Centro América, el transporte es aéreo y sin ningún tipo de camuflaje para la mercancía.

“El contrabando suele venir como equipaje, hay fármacos que no tienen mucho volumen y, por eso, en una maleta pequeña pueden entrar entre 10 y 20 mil dólares de drogas”, sostiene Medina.

Poco después de ser internados en el país, los medicamentos son vendidos en las calles y algunas farmacias que buscan precios bajos. Fármacos se expenden incluso a través de anuncios en periódicos, y uno puede acceder a estos sin receta médica y sin tener garantía alguna de lo que supuestamente está comprando.

La jefa de la Unidad de Medicamentos del Ministerio de Salud, Victoria Urioste, asegura que estos medicamentos ilegales ponen en grave peligro de salud a la población, porque como no hay ningún control sobre éstos, en vez de curar, pueden ocasionar hasta la intoxicación del enfermo que los consume y que, por lo general, los adquiere en comercios informales a un costo bajo.

Por ejemplo, los antibióticos requieren de condiciones especiales de conservación. Si no se cumplen, pierden efectividad y pueden revertir su fórmula matando a quienes los consumen.

Urioste recomienda
que la gente compre sus medicamentos en farmacias para tener garantía de que no se envenenarán con productos extraños.

Pero a pesar de las recomendaciones del Ministerio de Salud, el bajo costo de los medicamentos de contrabando atrae incluso a farmacéuticos, de modo que incluso, uno debe escoger con cuidado la botica donde compra sus recetas.

Según la bioquímica María Cecilia S., a los propios distribuidores de medicamentos ofrecen productos de segunda y hasta tercera calidad de la línea con la que trabajan e incluso de otra similar.

“A veces se arrastran deudas y por eso son los propios empleados de los laboratorios los que ofrecen los productos de contrabando a mitad de precio”, cuenta la farmacética que, en dos ocasiones, tuvo que devolver el dinero a sus clientes porque los calmantes que vendió no surtieron ningún efecto en los enfermos.

La bioquímica —que trabaja en una farmacia de Miraflores— aseguró que verificó luego de las devoluciones que el stock de medicamentos de contrabando que compró provenía de Chile y las cajas tenían las etiquetas de duración adulteradas, pues la fecha de vencimiento estaba prolongada en casi un año. La farmacéutica Juana R. cuenta que se sorprendió con algunos medicamentos que

compró de un distribuidor que trabaja en uno de los laboratorios establecidos en el país.

“Lo que me sucedió fue que entre las pastillas verdaderas estaban unas cuantas cajas de medicamentos inservibles que tras un análisis de laboratorio se probó que no tenían ningún efecto sobre los pacientes”.

La encargada de una farmacia de la avenida Buenos Aires recuerda que le reclamó al distribuidor de medicamentos, pero que éste negó la irregularidad y el problema quedó sin solución.

Por eso, Juana R. pide que las autoridades de Salud tomen acciones concretas para erradicar el contrabando de medicamentos, porque ni ella que es profesional en el área pudo darse cuenta, en su momento, de qué clase de fármacos le estaban vendiendo.

Precisamente, en eso andan las autoridades. Desde mayo está en estudio una estrategia para combatir el contrabando y la falsificación de medicamentos, por medio de una comisión interinstitucional. La idea es conformar un Sistema Nacional de Vigilancia y Control de Medicamentos, que dependa de Salud.

La comisión está compuesta por el Servicio de Impuestos, la Aduana, los municipios, los colegio médico y bioquímico, los propietarios de farmacias, la Cámara Boliviana del Medicamento, la Cámara de la Industria Farmacéutica Boliviana, la Asociación de Farmacias, la carrera de Bioquímica y Farmacia de la UMSA y la Policía Técnica Judicial (PTJ).

Según el presidente de Asofar, Óscar Medina, la comisión
interinstitucional está aprobada por Resolución Ministerial así como su reglamento que distribuye tareas específicas a cada uno de los componentes.

La doctora Victoria Urioste informó que en el caso de los efectivos de Aduana y la PTJ, los especialistas de la Unidad de Medicamentos se encargaron de brindar cursos para que los investigadores y efectivos tengan la capacidad de reconocer a simple vista los medicamentos de contrabando, utilizando determinadas técnicas en el caso de los que son falsificados.

Los alumnos de los últimos cursos de la facultad de Bioquímica y Farmacia participarán supervisando que en farmacias, depósitos de laboratorios, centros médicos y otros predios relacionados con fármacos no se expendan productos de contrabando, adulterados y falsificados.

Según Urioste, el trabajo de las brigadas universitarias podría comenzar en septiembre.

Entre las obligaciones de los médicos estará la de expender recetas para que se pueda mantener un control de los productos que crean dependencia.

Pero a pesar de que el problema causa preocupación a las autoridades del Gobierno y las instancias relacionadas con los medicamentos, en la PTJ no se registraron casos y tampoco se tienen antecedentes de redes delincuenciales que se dediquen al contrabando o falsificación de fármacos.

El subdirector de la PTJ de La Paz, coronel Jorge Fernández, informó que sus peritos de las divisiones Personas y Operaciones Especiales no tienen registros sobre bandas de contrabandistas o falsificadores de medicamentos.

“No existe una denuncia expresa al respecto, sin embargo la Policía está capacitada para reconocer este tipo de productos irregulares y con esto frenar los delitos contra la salud”, dijo. El auge del contrabando de medicamentos, según uno de los investigadores de la Policía, fue en 1994 y que los contrabandistas y los falsificadores tienen relación, pues cuando una carga de medicamentos es decomisada, los propietarios se preocupan por recuperar envases para llenarlos luego con cualquier material que encuentran a mano.

Testimonios

• “A mi papá se le cayó el pelo con medicamentos falsos”
FRIDA LOZA MENDOZA, peinadora.


“En el caso de mi papá, los medicamentos para aliviar su migraña eran muy costosos. Por ejemplo un stock de 10 pastillas costaba más de 100 bolivianos y por eso el dinero no alcanzaba para cubrir ese gasto y él decidió dejar el tratamiento.

Pero, nadie en mi familia pensó que podíamos encontrar las costosas pastillas confundidas en medio de ceras para pisos y detergentes en polvo en un puesto de la feria de la calle Garcilazo de la Vega.

Con algo de disimulo mi mamá preguntó a la vendedora el costo de
los medicamentos y ésta respondió que sólo se vendían por mayor y que la centena —que era lo mínimo— costaba 200 bolivianos, sin rebaja.

La verdad, no podíamos creer el precio y gastamos 300 bolivianos en los medicamentos.

Al principio, las pastillas tenían un efecto normal y parecía que no había problema, pero luego mi papá se volvió más nervioso y el cabello se le comenzó a caer a los 15 días del nuevo tratamiento, porque esas pastillas tenían otros compuestos”.

• “Casi opero con anestesia que olía a combustible”
A.R., médico cirujano.


“Yo estuve a punto de operar con anestesia adulterada. Se trataba de un trasplante de riñón. Todo estaba listo, pero fue la anestesista la que me dijo —en pleno quirófano— que el producto tenía un olor a combustible. La advertencia me puso los pelos de punta y sin duda rompió mi concentración. Ese día no operamos porque todos ya estábamos alarmados por el caso e incluso se despidió al personal de Farmacia porque ellos son los encargados de comprar y dotar los medicamentos.

El paciente nunca se enteró de nada, pero posiblemente hubiera muerto si se lo hubiera intervenido con anestesia adulterada con un alcohol y algo de gasolina.

No se me ocurre el por qué se puede adulterar medicamentos con alcohol y combustible, eso ya me parece ganas de matar de los delincuentes que se dedican a la falsificación de fármacos.

Por este tipo de cosas, los farmacéuticos están obligados a verificar cada cosa que venden y garantizar la calidad y eficiencia de los productos, de lo contrario pueden haber muertes”.

• “Mi bebé tomó ampicilina llena de talco del velador”
Dora Ortega de Salinas, secretaria y ama de casa.


“Las travesuras de mi bebé nos llevaron a detectar ampicilinas con talco en mi casa. En mayo mi niño de un año y cuatro meses, logró abrir el velador de mi marido y se tragó cuatro comprimidos. Cuando nos dimos cuenta de la travesura, ya era tarde porque el niño ya chupaba los casquillos de las pastillas.

No sabíamos qué hacer. Mi esposo gritaba que era muy pequeño para un lavado estomacal y por eso lo llevamos a su pediatra. Lo extraño era que el bebé no mostraba signos de estar intoxicado o por lo menos incómodo.

Después de estar media hora en el consultorio, el médico salió con cara seria y nos dijo que no había ningún peligro porque el niño comió cuatro ampicilinas llenitas de talco y por eso nos recomendó se le haga tomar mucha líquido para limpiar su estómago de fármacos.

Fue un gran susto, pero que los medicamentos sean adulterados también fue una suerte, porque de lo contrario mi niño hubiera tenido que sufrir un lavado estomacal o quizá hasta una intervención más rigurosa”.

 

 

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