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16 de febrero, 2004

El cine en Bolivia todavía es puro amor al arte

(La Paz - La Razón)

Ésa es la frase que define al artista que se dedica a la mayor cantidad de actividades escénicas que puede. Una película representa un desafío, pero no significa un objetivo.

Una de las últimas declaraciones de la actriz Catherine Zeta-Jones fue que estaba harta de que su colega Nicole Kidman siempre leyera los guiones de Hollywood antes que ella. En la cima de la fama, artistas de esta categoría se dan el lujo de rechazar decenas de cintas. En Bolivia, en cambio, se toma el primer papel para poder aparecer en la pantalla.

Estrellas fugaces son las que aparecen en las pantallas nacionales. Con una producción tan escasa, los actores forjan su propia carrera para todo terreno. Son contados los que pueden decir que viven del arte y menos aún los que consideren su experiencia como profesional.

Situaciones como las de las actrices de Los Ángeles son poco conocidas en Bolivia. Paolo Agazzi ofreció el papel principal de su película El día que murió el silencio a Pato Hoffman, quien rechazó el rol por falta de tiempo. De ahí, paren de contar.

De los pocos que viven del arte histriónico está Jorge Ortiz. Con una participación récord en cine, televisión y video boliviano, el actor de la película El atraco se mostró muy contento con el resultado. “Las reacciones del público en Cochabamba y La Paz han sido diferentes, pero estamos muy contentos. Tenemos que esperar unas dos semanas para ver cómo reacciona la gente”. No obstante, en medio de esta larga carrera, le han propuesto proyectos de todo tipo. “En El atraco se nos ha tratado muy bien, pero hay otros proyectos en que no te toman con seriedad y eso molesta”, arguye en referencia a su participación en el Festival de la Cultura o su actuación en Para recibir el canto de los pájaros de Jorge Sanjinés, sólo por citar alguno de tantos casos en que no se ha considerado que actuar es un trabajo remunerable como cualquier otro.

David Mondacca, quien cumplió el año pasado 30 años de carrera, es otro de los grandes del cine boliviano, habiendo participado tanto en papeles protagónicos como pequeños cameos. Elías Serrano es el tercero del triángulo de rostros conocidos con un lugar dentro de la admiración de nuevos artistas —no por ello menos talentosos— que hacen teatro, cine, televisión, publicidad y todo lo que el medio pueda ofrecerles.

Para el argentino Jorge Jamarlli —ex integrante del Teatro de los Andes—, participar en el cine fue una experiencia compleja donde lo bueno y lo malo van de la mano. “Hace años que trabajo aquí y me siento parte de este arte boliviano. Para mí, participar en El atraco no es una oportunidad, sino un desafío. Uno está haciendo una vida de actor profesional y dedicándose por entero. Que vengan y te busquen para un proyecto hace que uno se sienta halagado y privilegiado, porque hay mucha gente que podría hacer esto”.

Su llegada a Bolivia le ha hecho conocer a compañeros que más allá de fijarse en lo nacional —pues el hecho de ser argentino le ha causado más de un comentario—, han sabido ser profesionales. “Lo único que hacemos los artistas es trabajar con el corazón. La virtud del arte es trascender todas las fronteras”.

Como actor que tiene un recorrido profesional forjado por su propio trabajo, le molesta no recibir el apoyo suficiente de los medios. “A la prensa le digo que sea un poco más generosa. Me parece más hipócrita, pues sólo aparece cuando llega alguien de afuera. Yo no me olvido de los hermanos de El Alto, de Cochabamba, de Santa Cruz, que realizan este trabajo. Den una mano, que actores como éstos son un montón, no somos lo único”.

Saltar a la pantalla gigante implicó mucho esfuerzo. “Compartir escenas de peso con actores como Jorge Ortiz y Salvador del Solar, que nunca van a estar mal y son súper frescos, hace que uno pueda aprender mucho”.

La realidad de estos artistas en los países desarrollados es distinta a la de Bolivia. Fernando Arce vive en Nueva York desde hace nueve años, tres de los cuales ha pasado en el Conservatorio de Teatro de esta ciudad, con un intenso trabajo de todos los días que va de 9.00 a 20.00.

“No hay nada que envidiar a nadie. Somos bolivianos y eso no nos lo quita nadie, tanto en términos de profesionalismo como de talento”. No es la primera vez que Fernando hace cine, pero fue la primera que participó en una producción tan importante a nivel producción. Ha hecho películas independientes en Nueva York, pero más pequeñas.

“Hay mucha competencia en Estado Unidos. Se debe tener mucha perseverancia, porque no es una cosa de suerte. La suerte te llega porque tú te haces tu suerte. Sabes que de 100 puertas, 99 se van a cerrar, pero la que se abra, te puede abrir dos más”.

Trabajar en Bolivia no significa para él una desventaja. “Lo que falta aquí es oportunidad; aunque en Estados Unidos hay mucha más gente que quiere dedicarse a esto, por lo que se desata demasiada competencia. Considero que el arte aquí es más honesto. En otros lados, el negocio es lo más importante”.

El cine es un lenguaje muy diferente al del teatro, donde el actor tiene características muy especiales. Sin embargo, las bases no son tan lejanas. No sólo en Bolivia, sino en el resto del mundo, los artistas exploran los géneros.

Es el caso de Antonio Peredo, un joven de 24 años que lleva seis haciendo teatro y que ha actuado para Marcos Loayza y Paolo Agazzi. “El teatro es una cosa totalmente distinta. Los procesos son más largos y la relación con las personas es más cercana. En el cine, vamos, actuamos y después nos vemos”.

Estas participaciones significaron un desafío especial. “El cine es un trabajo mucho más delicado. En este proceso he tenido que desaprender cosas, he tenido que ser mucho más natural, más tranquilo. Tuve que romper con muchas cosas, pero hemos tratado de que todos salgamos en homogeneidad”.

La primera vez que actuó para cine se sintió nervioso. “Era como una función de 30 segundos, pero de pronto te vas acostumbrando y te olvidas que la cámara existe”. La experiencia ha sido satisfactoria. “Si me dan más películas tal vez lo haga mejor”.

Actualmente, Antonio dirige una obra y ve su carrera artística en perspectiva. “Aquí es algo muy difícil. Si me dedico a director voy a tener que esperar años. Uno tiene que hacer de todo; es lo lógico en un país de tan pocos recursos”. Eso no quiere decir que no quiera actuar en Bolivia. “Me interesaría trabajar en el exterior y ampliar mi panorama, pero para regresar y trabajar. Al final se hace lo mismo en todos lados”.

La misma opinión tiene Eduardo Calla, quien actualmente presenta en Cochabamba la coproducción franco-boliviana Tierra junto a Kikinteatro. El actor ha realizado talleres de actuación y dramaturgia, además de participar en la televisión.

“Es una profesión que se hace en la práctica, hay escuelas que se están abriendo y otras como el Teatro de los Andes. Quien forma en este campo es Jorge Ortiz. Es muy complicado, porque el camino lo armas tú, encuentras cosas que te faltan y buscas hasta que llega un punto en el que hace falta mayor formación. Y en el medio hay mucha gente sin una base técnica sólida”.

La posibilidad de elegir un papel es muy difícil. “Usualmente lo llaman a uno y te proponen algo. No es fácil levantar un proyecto como actor, pues estás subordinado a que te llamen. En el audiovisual es peor, aunque es muy usual el participar de actor, productor y ser de todo en un proyecto. A nivel teatro, cada quien se crea su propio espacio; es por eso que hay tanto grupo”.

Cómo fotografía un actor es una de las características del audiovisual. Calla confía en que un director siempre busca el lado artístico. Para continuar con su carrera, Eduardo busca afianzarse artísticamente, aunque lo suyo va por la dramaturgia y, después, la dirección. “El ser actor es un paso para proponer luego algo y eso se logra sólo trabajando”.

Lenny Nogales fue protagonista de una telenovela y ha participado en series de televisión. “Ser actriz está desvalorizado. Falta mucha formación”. Para ella, en los actores bolivianos pesa más el talento, pero debe ir de la mano la formación. En lo económico, ha recibido pagas justas como también ha trabajado sólo por amor al arte. “Depende la seriedad del proyecto. Hay muy buenos actores, pero se ha cometido el error de poner caras conocidas más que talentos para vender un producto”. Lenny acepta el papel que le ofrecen. “Siempre es un desafío que implica mucha dedicación”.

Con bajas perspectivas económicas o de supervivencia, los actores deben forjar su propio camino en espera de que la industria cultural sea realidad algún día, donde el arte no sea sólo un gesto de amor y voluntad.

“La prensa es más hipócrita, pues sólo aparece cuando llega alguien de afuera. Yo no me olvido de los hermanos de El Alto, de Cochabamba y de Santa Cruz, que hacen el mismo trabajo”, asegura Jamarlli.

El contraste entre dos realidades

Jorge Ortiz • El actor de cine más importante de Bolivia todavía realiza proyectos gratis. Aún tiene cuentas pendientes con la película de Jorge Sanjinés de 1995, entre otros pendientes. Emprende proyectos que sustentan su propia carrera.

Julia Roberts • La norteamericana es la figura más cotizada de Hollywood y la mejor pagada con un promedio de 20 millones de dólares por cada película. Se ha dado el lujo de pasar años sin trabajar o de tener participaciones como invitada especial.

Jorge Jamarlli • El artista argentino trabaja en Bolivia, donde ingresó en el Teatro de los Andes, único elenco nacional autosustentable. Esta amplia experiencia teatral es la que le ha abierto las puertas para emprender su primera película: El Atraco.

Arnold Schwarzenegger • Nació en Thal, un aislado pueblo de Graz (Austria). A los 16 años empezó a dedicarse al fisicoculturismo y fue Mister Mundo, título que le abrió las puertas a la actuación cuando llegó a los Estados Unidos.

Eduardo Calla • El actor tiene una serie de televisión y varias obras de teatro en su carrera. Como dramaturgo tiene una obra escrita y puesta en escena gracias a un trabajo realizado con el proyecto Tintas frescas en una coproducción con Francia.

Matt Damon • Gracias al guión de El indomable Will Hunting, el actor norteamericano ganó el Oscar en 1998 a sus 28 años. En su carrera figuran más de 20 películas en las que participó en la actuación, además de ser el productor y guionista.

Antonio Peredo • El artista paceño de 24 años ha dedicado lo últimos seis al trabajo en las tablas y ya lleva dos participaciones en roles secundarios dentro del séptimo arte. Actualmente se encuentra dirigiendo una obra de teatro.

Frankie Muñiz • Cumplirá 18 años este 2004. Su primera actuación fue a los ocho años, desde ese momento tiene un tutor especial que le acompaña en sus viajes de trabajo. es protagonista de una serie de Tv y ha participado en 17 películas.

Lenny Nogales • Se desempeña actualmente en su profesión de comunicadora social y ha sido protagonista de la telenovela Felicidad, de Roberto Calasich. La actriz acepta todos los roles que se le ofrecen como un reto para su carrera artística.

Nicole Kidman • La australiana ganadora de un Oscar por la película Las horas recibe al menos dos guiones a la semana, entre los cuales puede escoger sus preferidos. Luego de la selección, recién comienza la parte de la negociación económica.

Fernando Arce • El Atraco es el primer filme de grandes dimensiones enel que participa el boliviano radicado en Nueva York. Hizo filmes independientes. Lleva tres años trabajando en el Conservatorio de actuación. No cree en la suerte, sino en el esfuerzo.

Michelle Pfeiffer • Empezó sus estudios para ser relatora de tribunal. Mientras estuvo trabajando como cajera en un supermercado de “Vons”, una gran cadena de abarrotes, un cazador de estrellas la descubrió e inició su carrera.



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