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3/15/2004

La Reforma Agraria privilegia al ganado vacuno sobre el hombre

(La Paz - La Razón)


Ganado que pasta en
grandes extensiones de terreno
La norma vigente otorga cinco hectáreas por cabeza de ganado, lo que no tiene la gente. Por ello, el Movimiento Sin Tierra está exigiendo 44 hectáreas para cada afiliado ante una disponibilidad real del INRA de apenas 32.000 hectáreas.

Aníbal, el nombre ficticio de un hermoso cebú impecablemente blanco, es la envidia de los Condori, apellido también ficticio de una familia pobre. Y es envidia porque Aníbal tiene cinco hectáreas de pastos para mordisquear a diario y los Condori, nada. Excepto las piedritas de la comunidad que el menor de los Condori trajo en su bolsillo, no tienen tierra. Son siete miembros de una familia que acaba de llegar al nororiente en busca de un espacio mayor al único surco que le tocó heredar en las secas tierras del altiplano. Es el reflejo de la compleja realidad de tierras en Bolivia.

La ley de tierras vigente en Bolivia defiende el derecho vacuno, es decir, el de cada cabeza de ganado mayor a alimentarse en cinco hectáreas y soslaya la demanda campesina de tierras, en un contexto legal que permite la ambición desmedida por la tierra de unos pocos, que la convierten en mercancía de lucro, y la apremiante necesidad de sobrevivencia de una mayoría, que ve en la tierra, también, una forma de lograr ingresos económicos.

Entre los artículos vigentes de la Ley de Reforma Agraria de 1953 se encuentra el referido a la carga animal, un indicador sobre la disponibilidad de tierra y su capacidad de sostener a un determinado número de bestias. En la ley esta norma define la función económica y social de una propiedad ganadera al uso de cinco hectáreas por cada

cabeza de ganado mayor. La pequeña propiedad ganadera requiere la dotación de, por lo menos, 500 hectáreas.

Ésta es una cláusula considerada "totalmente injusta" por el líder del Movimiento Sin Tierra, Ángel Durán; "injusta" por el gerente de la Confederación de Ganaderos de Bolivia (Congabol), Jaime Ortiz Saucedo, y "cuestionable desde el punto de vista ético y moral" por el director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), Alcides Vadillo.

Durán plantea como solución a una circunstancia "totalmente injusta" la urgente dotación de 12 millones de hectáreas para los 250.000 afiliados que dice tener el Movimiento Sin Tierra, es decir, la entrega

de un promedio de 44 hectáreas de tierras, tanto de vocación agrícola como forestal, para cada uno de sus miembros.

"Es una norma técnica que hace mucha injusticia porque no relaciona la carga animal con los pisos ecológicos", unos más ricos y otros más pobres en los volúmenes de forraje para la alimentación del animal, razonó el presidente de Congabol.

Para Ortiz Saucedo, —que formuló declaraciones por teléfono desde Santa Cruz—, los buenos pastos del norte permiten alimentar entre dos y tres cabezas de ganado en una hectárea, pero en el sur, en el chaco seco, se necesita entre 10 y 15 hectáreas para cada animal que, a falta de forraje adicional, "ramonea", es decir, se alimenta de ramas tiernas altas de la vegetación que crece a campo abierto.

Santa Cruz y Beni tienen alrededor de cinco millones de cabezas de ganado y en el altiplano existe cerca de otro millón, lo que significa que la autoridad debe garantizar al menos 30 millones de hectáreas de tierras con aptitud ganadera en todo el país.

El Director del INRA está empeñado en aplicar las normas agrarias que existen y a hacer respetar la ley vigente. Admite, sin embargo, la razón que tienen "las organizaciones sociales en cuestionar desde el punto de vista ético y moral el hecho de que la ley garantiza cinco hectáreas por cabeza de ganado, pero no se dé esa misma garantía para las personas que también viven de la tierra".

El problema que Vadillo afronta, a raíz de las demandas de tierra, es grave pues no cuenta con atribuciones para poder enajenar tierras de vocación forestal ni de reserva fiscal, que ocupan 3,7 millones de hectáreas, y solamente tiene opción a ofrecer 32.000 hectáreas para asentamientos a los 50.000 afiliados que el Movimiento Sin Tierra ha acreditado ante el INRA.

Las grandes extensiones de tierra, consideradas de vocación ganadera, reflejan, precariamente, el potencial de una actividad empresarial de lento crecimiento a pesar de los grandes logros genéticos y de mejoramiento de especie que se ha alcanzado hasta ahora en el país.

El 99 por ciento de la ganadería en Bolivia "es extensiva por sus bajos costos, el poco manejo de ganado y está criado a campo abierto, por lo que no requiere de inversión alguna", explica el técnico de Congabol,

Eduardo Willf, y hace notar que una ganadería intensiva necesita de "fuertes inversiones para la infraestructura de corrales y pesebres, dotación de forraje, alimento suplementario y mucho manejo de ganado", que encarecería el costo del producto final, la carne vacuna.

Durán, el líder de los Sin Tierra, tiene otra opinión. "Estoy casi seguro de que el precio de la carne bajaría si se diera la ganadería intensiva, puesto que se reduce el tiempo de cría. En el campo, el animal tarda en crecer y está bueno para el gancho (el faeneo) en un año o año y medio mientras que en el establo puede estar listo a los ocho meses".

Para el director Vadillo, la ganadería no está considerada como una verdadera actividad empresarial ni como una industria de rentabilidad.

"Es una actividad de fin de semana y de ahorro de excedentes de capital en una propiedad rural, en la que no se destaca la actitud empresarial", ni se registran inversiones económicas y, menos, tecnológicas como tampoco generación de empleo, que puede representar un impulso muy importante para la economía.

"Lo cierto es que gran parte del sector ganadero no ve la actividad empresarial. El negocio no es el ganado ni la cría de engorde. El negocio está en la tierra en sí", dice tajante el director del INRA.

En la nación más pobre de la región, sumida en una interminable crisis económica y con deteriorados indicadores sociales, la tierra representa un escape para salir de la pobreza o hacerse de mayor patrimonio personal.

El Estado boliviano ha regalado tierras a los pobres y a los ricos en los últimos 50 años sin más recompensa que modestos, muy modestos impuestos, a veces incobrables, como muestra el registro histórico. A cambio, los adjudicatarios tienen la opción de colocar sus parcelas en un mercado de tierras y lucrar con la venta de éstas.

La cuestión de tierras se ha convertido en un complejo problema que responde no solamente a la pobreza endémica, sino que ha asumido un cariz político que se deriva en una situación altamente conflictiva.

Los sectores más deprimidos desafían al desempleo, que conlleva hambre y pobreza, con puestos callejeros en las ciudades y, sin otras opciones, exigen la cesión de tierras para trabajarla, en unos casos, o para venderla,

en otros.

"En este momento, los Sin Tierra hablan de 50.000 afiliados, entre ellos mucha gente de campo pero también se ve al sindicato de heladeros, asociaciones de taxistas, es decir, a población urbana marginal y, creo que ello está sobredimensionando la demanda de tierras", apunta el director del INRA, quien considera que ya no se está hablando de campesinos sino de poblaciones citadinas sin empleo y en busca de "ingresos extras a través de una actividad agrícola'.

La cuestión de tierras también proyecta muchos intereses políticos; no en vano gran parte de las propiedades que fueron y serán blanco de las ocupaciones campesinas corresponde a la propiedad de políticos que, supuestamente, se apoyaron en el tráfico de influencias para obtener grandes extensiones de tierras. Según Vadillo, hasta los mismos movimientos sociales, que están en contra del latifundio y de que políticos se hayan aprovechado para obtener parcelas, están actuando con una lógica política y, el conflicto de tierras acaba en una dimensión política.

Pero, mientras los bolivianos están enzarzados en conseguir adjudicaciones, las mejores tierras de Santa Cruz están pasando a manos de extranjeros.

"La mayor cantidad y las mejores tierras están en manos de brasileños y rusos, de grandes empresarios ligados a la soya", afirma Vadillo y hace notar que parte de la superficie adquirida estaba ligada, hasta hace dos años, a tierras de vocación forestal. "¿Cómo se ha legalizado el derecho de propiedad de la tierra, cómo obtuvieron el permiso de la Forestal para el 'chaqueo' (quema para habilitar el terreno) de regiones forestales?" se pregunta y responde al mismo tiempo "no lo sé, no lo sé". Lo único cierto es que las mejores tierras están pasando a manos extranjeras, mientras los bolivianos persisten en prolongadas disputas sobre la distribución de tierras.

La ficticia familia Condori pasó varios días admirando a Aníbal,el ficticio cebú impecablemente blanco, que ya no mordisqueaba alegre y felíz la pastura de sus dominios, porque recelaba de la mirada que le lanzaban todos los Condori. No le engañaron sus instintos. Una noche, Aníbal tuvo que ceder sus dominios, cinco hectáreas de tierras, a los migrantes del altiplano que celebraron su gesto con un gran asado.

 

 

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