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10 de octubre, 2005

Un empate con Brasil que sabe a consuelo

(La Paz - La Razón)


Raldes fue la columna del equipo, Baldivieso mostró su clase, aunque corrió menos, y Pachi le cambió la cara. Juninho abrió la cuenta y mostró que la pelota sí dobla. Empató un enjundioso Castillo. Bolivia estuvo cerca del triunfo.

El público volvió a aplaudir al equipo verde, aunque esperaba una victoria ante el coloso Brasil. El romance entre la tribuna y los jugadores no se restableció, pero la Selección no defraudó y estuvo a punto de llevarse la victoria.
No más de 20 mil personas presenciaron el partido por la eliminatoria sudamericana que mantiene a Bolivia en el penúltimo puesto. Quienes presenciaron el lance y los que entraron a ver gratis el espectáculo, en los 20 últimos minutos, presenciaron un partido intenso, sin pausas y con muchas emociones.

El 1-1 premió más el fútbol abierto de Brasil que la entereza del once nacional, que mereció al menos un gol más, el del triunfo que se quedó en la garganta de los aficionados.

"Un buen partido, Bolivia fue un rival difícil", dijo Juninho al finalizar el lance. El brasileño, autor del gol de su equipo, mostraba el gesto de satisfacción, pero parecía esperar algo más, tal vez sorprender a Bolivia con un tanto de contragolpe.

El

futbolista que se robó el corazón del aficionado fue Ronald Raldes, quien jugó el primer tiempo lesionado y concluyó el encuentro convertido en un caudillo. El defensor de Rosario Central le ganó en el mano a mano al corpulento Adriano y le sacó dos balones a Robinho.

Raldes se desempeñó como líbero, esperando detrás de sus compañeros de zaga y siempre llegó al quite en forma oportuna para salir jugando con el balón atado a los pies. La tribuna coreó su nombre al final del partido, y ese es un premio que quisieran muchos. Lucir como defensor es una tarea muy complicada. Generalmente, los aplausos son para los arqueros y los goleadores, casi nunca para los defensores, pero Raldes fue la excepción.

Otro que justificó su inclusión fue Julio Baldivieso, gladiador de 1994, lanzó seis pases medidos, matemáticos, para que sus compañeros empujaran el balón, pero Botero, Gutiérrez, Castillo y Pachi no pusieron la cereza sobre la torta. Baldivieso se cansó, pero mostró sus jerarquía.

El tercero de la lista entre los destacados fue Pachi, el ágil volante alegró la tarde con escapadas y compensó su esmirriado físico ante los hercúleos brasileños con entrega y voluntad.

No

es que el resto jugó mal, pero tuvo sus altibajos. Carmelo Angulo tuvo un gran primer tiempo y pagó la factura en el complemento; Limberg Gutiérrez dio ayer el mejor ejemplo de qué es lo que le sucede a un jugador que no practica con regularidad. El volante, que no se entrenó medio año, no encontró el ritmo del lance, se quedó plantado.

Brasil fue equilibrado, le faltó un poco más de talento. Los que fueron a llenarse los ojos con Robinho se quedaron a medias. El juvenil hizo tres jugadas de película, en una de ellas se llevó el balón entre dos defensores, lo frenaron con falta. En otra se llevó a cuatro defensores y en el último minuto le quebró la cintura a Doile Vaca, pero estuvo Raldes.

Adriano no rompió la defensa nacional y tras varios choques con Angulo quedó desairado. Juninho Pernambucano marcó un tanto excepcional al estilo brasileño y mostró que en la altura la pelota sí dobla. El que más llenó los ojos fue Ricardinho, un zurdo que gambetea en una baldosa.

En el partido de ayer se pudo establecer las diferencias entre el pentacampeón del mundo y el último en la tabla de posiciones. Brasil sale de su campo a terreno rival en tres o cuatro segundos y

sus jugadores buscan siempre los espacios libres. El fútbol boliviano es lento, traslada el balón con una sucesión de pases y necesita más de 10 segundos para pasar de su sector al campo rival.

Los jugadores nacionales, salvo Baldivieso, tienen problemas para lanzar balones a más de 30 metros y cuando la pelota les llega con potencia les rebota en la pierna o el pecho, como sucedió varias veces con Galindo y Botero.

La mayor diferencia se establece en la capacidad para definir. Brasil tuvo dos oportunidades claras y anotó una de ellas, Bolivia se encontró con media docena, pero en sólo una de ellas el balón llegó a las mallas.

Ayer se pudo constatar que el equipo nacional puede convertir el estadio Hernando Siles en un fortín si para cada partido se prepara como lo hizo esta vez. La tribuna pidió a gritos el ingreso de Pachi y Líder Paz, pero la respuesta fue un poco tardía. Hay un aceptable material humano, pero se necesita trabajo y torneos locales más ordenados.

Los goles

25’Tras una falta de Galindo, Juninho colocó un tiro libre preciso que Arias no pudo desviar.

49’Pachi lanzó un centro al área. Botero cabeceó para Castillo, quien infló las mallas.




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