22 de enero, 2006

Palabras del Presidente saliente, Eduardo Rodríguez

(La Paz - Bolivia.com)

A continuación el discurso del ex presidente, Eduardo Rodríguez Veltzé, al Congreso de Bolivia, en ocasión de la transmisión de mando al nuevo Presidente, Juan Evo Morales Ayma, el 22 de enero de 2006

Eduardo Rodríguez Veltzé
Presidente Constitucional de la República


Distinguidos mandatarios de los pueblos amigos de Bolivia,

Señores representantes de las naciones y organismos testigos de nuestro empeño en afianzar el bienestar de la Nación,

Gracias a todos por acompañarnos hoy en esta celebración democrática.

Señores Presidentes de las Cámaras Legislativas,
Señor Presidente de la Corte Suprema de Justicia,
Señor Presidente Electo y Señor vicepresidente Electo
Parlamentarios, autoridades nacionales, invitados especiales,
Bolivianas y bolivianos:

Hace poco más de medio año se puso a prueba la vigencia del sistema democrático; se afectó a las instituciones, y se puso en riesgo elá estado de derecho mismo.

En un contexto de profundas contradicciones del sistema político, de marcada disgregación y enfrentamiento entre regiones y bolivianos, fui convocado, en mi condición de Presidente de la Corte Suprema de Justicia y juez de la República, para cumplir la sucesión constitucional y presidir un proceso electoral anticipado por la crisis de gobernabilidad y las sucesivas renuncias de los presidentes de las cámaras legislativas.

Hoy, mirando en retrospectiva este proceso de transición democrática, debemos convenir en que el país ha cambiado y se encamina a mayores transformaciones que sólo podrán ser posibles en el marco de una genuina democracia que supimos sembrar y conservar desde hace casi ya un cuarto de siglo. Si la señal del cambio fue el resultado de las urnas, tambiéná rescatemos que la voluntad de llegar a ellas cambió y partió en dos la historia democrática de Bolivia en los primeros años de este milenio.

Nada hizo cambiar al gobierno la decisión y el mandato de convocar a elecciones generales libres e imparciales. Unas elecciones históricas, no sólo en términos de participación ciudadana, que fue la mayor de los últimos tiempos, y de la inédita elección de prefectos, sino de sus resultados, que expresaron una nítida y mayoritaria vocación de apoyo por una opción electoral. Las elecciones también nos conducen, inexorablemente, al proceso constituyente y autonómico en marcha, como parte de los acuerdos que, junto a ellas, restablecieron la esperanza de transformar el Estado.

La masiva adhesión a la renovación de los poderes del estado sólo puede entenderse a partir de la recuperación de la confianza en la democracia, y la posibilidad de alternancia cierta en el ejercicio del poder.

Defender el sistema, y el propósito de realizar elecciones en aquellos aciagos días del invierno paceño, entrañaba apostar con la misma convicción por la paz y la libertad de quienes buscan justicia social, muchas veces creando, contradictoriamente,á mayores condiciones de injusticia o alterando la convivencia pacífica de la gran mayoría de los ciudadanos.

Las presiones de grupos sociales y regiones, así como las demandas sociales insatisfechas, no cesaron en estos tensos e intensos siete meses.á Si en algo coincidimos todos los bolivianos, aún los más escépticos, fue en que siempre es posible resolver los problemas emergentes, o las crisis recurrentes, en el marco de la democracia, de las leyes y, sobre todo: de la Constitución.á

Ha sido una lección de tolerancia y flexibilidad del sistema; un aprendizaje y el reconocimiento de que los partidos que construyeron las bases de la democracia pactada en el buen sentido, habían colapsado. Con esta experiencia, el sistema reclama, ahora, un esquema de partidos políticos más orgánicos, más democráticos, y más sensibles a la representación ciudadana. Sólo una actividad política partidaria madura, sin doble discurso, consecuente y responsable, corresponderá a la colectividad que así lo reclama.

Luego de asumir la presidencia y pacificar al país, la gestión de gobierno volcó sus esfuerzos a encarar una agenda fallida en dos sucesivas administraciones. Los Poderes Legislativo y Ejecutivo en efectiva coordinación, además de resolver la reducción del mandato legislativo y proveer un marco constitucional a la elección de Prefectos, incorporaron la realización -en julio próximo- de la asamblea constituyente y el referendo autonómico.

Si las elecciones de diciembre pasado marcaron un hito en la democracia boliviana, la concreción de la asamblea constituyente y del referendo autonómico configurarán los pilares fundacionales de un gran pacto social del que emergerá la nueva constitución: remozada, que trasunte las esperanzas, aspiraciones y frustraciones de dos siglos de lucha permanente por la libertad, la justicia y la independencia.

Construiremos, a partir de ese acuerdo nacional y de la concertación de todos los bolivianos, el país que ambicionamos, el estado que procuramos edificar entre tantos desvaríos políticos y económicos del siglo pasado; y colocaremos las bases sólidas de una sociedad moderna que optimice nuestros valores y recursos, abierta a los retos de un nuevo milenio. Tal es el desafío y el escenario que vislumbramos para conmemorar el próximo bicentenario de nuestra independencia.

Las urgencias del día a día y las carencias que arrastran los bolivianos por décadas, convocaron de inmediato al gobierno que, pese a su carácter transitorio, asumió la responsabilidad de administrar su gestión con plena capacidad y competencia, ejecutando y trazando políticas y emprendimientos nacionales con plazos y metas definidas.

Aparte de haber cumplido satisfactoriamente con el objetivo principal de celebrar las elecciones generales, se destacan logros en otros ámbitos, como el de la economía, que refleja un significativo aumento de los ingresos, derivados principalmente del impuesto directo a los hidrocarburos, que favoreció a regiones, municipios, universidades y pueblos originarios. Se logró una reducción histórica del déficit fiscal al 1.6 por ciento del PIB, así como el aumento de las reservas internacionales y un crecimiento en la inversión pública, ejecutada en un porcentaje superior al 100 por ciento del presupuesto aprobado.

Estos indicadores, a los que se suma un crecimiento del 4 por ciento, revelan una estabilidad económica que debe preservarse como patrimonio del estado.áá

Fue también un momento importante en el ámbito de las relaciones internacionales con la comunidad regional y mundial que, sin reticencias, acompañó el proceso de cambios en Bolivia. Agradezco el interés y la solidaridad expresada en resoluciones de cumbres y encuentros que alentaron nuestro proceso democrático.

Su presencia, distinguidos mandatarios y personalidades que nos acompañan en esta jornada de emociones, renueva nuestra gratitud y amistad.

La buena vecindad con todos es una virtud que debemos cultivar y celebrar, por ello, quiero destacar la voluntad del Presidente de Chile, Don Ricardo Lagos, en el propósito de forjar una relación de confianza en la que los intereses recíprocos contribuyan no solo a acercar a nuestros pueblos, sino también a solucionar nuestras antiguas diferencias.

Otro de los temas cruciales para la administración del estado es el de la tierra y el territorio, su justa y racional distribución.á En nuestra gestión se emitieron algo más de 7.000 títulos ejecutoriales que beneficiaron mayoritariamente aá campesinos en todo el territorio; resta continuar con esta delicada misión de sanear y titular la propiedad agraria.

En materia de justicia, quiero recordar que en los albores de la República, el Libertador Bolívar incorporó, en la primera constitución bolivariana, la justicia de paz, con la sabia pretensión de hacer prevalecer el espíritu de paz y conciliación entre todos. En mi breve paso por la Presidencia, me tocó, con el mismo ánimo, alentar la recuperación de esta competencia perdida hace más de medio siglo. La renovación y actualización del sistema judicial de la República merece una mayor atención que debe partir, como en este caso, por la demanda básica de los usuarios, recuperando su vocación pacífica y la confianza en el sistema.

No menos importantes fueron otras tareas cumplidas en materia de desarrollo económico, social, recursos naturales, seguridad interna y desarrollo institucional, tal como se expresa en el respetivo Informe de Gestión. Lo que deseo destacar es que el país todavía enfrenta enormes retos para superar la pobreza, la desigualdad en el ingreso, la educación, la salud, la seguridad alimentaria, y otros que hacen a un desarrollo humano digno.

Una de las lecciones de la crisis que vivimos y recogimos, sin cálculo político, fue la necesidad de coordinación entre los poderes del estado. Los resultados de la transición no habrían sido posibles sin la coordinación que preserva el interés superior de la República. Así lo entendieron, finalmente, los legisladores, que acortaron su mandato; las regiones, que aprendieron a concertar y esperar; los dirigentes cívicos y movimientos sociales, que reconocieron en las elecciones el "bien mayor" que debía preservarse.

La libertad y la convivencia pacífica están indisolublemente asociadas a una mayor justicia social, a sus instituciones democráticas, y a la transparencia en la gestión pública. Sin institucionalidad democrática sólida, se afecta al estado de derecho y a la misma seguridad jurídica, que no solo debe reflejar valores propios, sino aquellos que hacen a nuestra relación con la comunidad regional y mundial.

Mañana lunes, como corresponde, regresaré a presidir la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de la Judicatura con el deber constitucional cumplido.á Como juez, he aprendido que si las leyes se cumplieran en el país, no tendríamos porque poner en riesgo el sistema.á

Otra lección tiene que ver mas bien con el corazón. Vimos con angustia la realidad del país en una de sus mayores encrucijadas y multiplicamos nuestra devoción por el servicio público. Nos llenamos del afecto de los ciudadanos que respiraban paz y auguraban la certeza de mejores días con gobernantes legítimos y sensibles.

Valoramos el esfuerzo de las comisiones de transición que trabajaron con el nuevo gobierno y convinieron en que los informes son una forma de transparentar el ejercicio gubernamental, a través de los resultados obtenidos. También son insumos indispensables para dar continuidad a las políticas y programas en curso y la toma de nuevas decisiones.

Para concluir, sólo decirles que los desafíos hacia mejores días tendrán esperanza únicamente en democracia, pues nos garantiza que, aún en la diversidad, podemos vivir juntos en armonía, preservando ante todo la unidad e integridad del país, y sin violencia. Este es el valor por el cual nos jugamos y hoy lo celebramos en paz.

No me queda más que agradecer la confianza de los bolivianos al Presidente, a los servidores que me acompañaron, y, desde luego, a mi familia.
Muchas gracias y mis mejores deseos de éxito a los gobernantes elegidos por la voluntad de la mayoría de los bolivianos.



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