23 de enero, 2006

La Paz siente el optimismo de la gente por el inicio de la nueva era

(La Paz - La Razón)

Estudiantes, campesinos, delegados departamentales, mineros, adherentes del MAS, extranjeros y otros simpatizantes llenaron la plaza Murillo y la plaza San Francisco para celebrar la asunción del primer presidente indígena del país.

Quienes la pasaron mal fueron las palomas. A las 7.00, no sólo escaseaba su alimento, sino que una gran cantidad de gente había ocupado todo el interior de la plaza Murillo para poder participar de algún modo en la posesión del primer presidente indígena de Bolivia: Evo Morales.
Mientras las aves contemplaban el ajetreo protegidas por las cornisas de los edificios coloniales, los mineros y comunarios aymaras —anunciados por el pututu— se hicieron con los mejores lugares para espectar el acto de transmisión de mando.

Ya en la noche anterior se habían instalado dos pantallas gigantes dentro de la plaza de armas, por lo que la gente que empezaba a llegar ganaba sus lugares como podía.

Carlos Álvarez Soria, de 76 años, se despertó con la música de las bandas militares que pasaban cerca de su casa. Él, que no gusta de salir mucho, dejó su casa en la calle Colón y en vano trató de encontrar un periódico. Los alrededores de la plaza estaban llenos de coches de seguridad y los vendedores habían desaparecido. Desilusionado, regresó a su casa y se quedó viendo los sucesos en la plaza desde su televisor. Allí, observó a la gente que se había quedado a dormir en la plaza San Francisco para participar en el acto final del día.

Con los diferentes regimientos militares acomodándose en las veredas de la plaza Murillo, la organización abría espacio para que la gente no rebase los límites. Mientras, los vecinos abrían balcones o aprovechaban cada esquina para tener mejor visibilidad. La música andina latía y la algarabía se empezaba a sentir.

Aunque madrugó, llegó tarde. Julia Alandia (18 años) vino desde Tarija para vivir el evento. "He llegado el día jueves para el ampliado de juventudes y esperaba poder entrar, pero no lo logré. Realmente vino mucha gente y nosotros nos sentimos felices por la presidencia que hemos ganado, es la esperanza del país", explicaba con una gran sonrisa enmarcada en dos trenzas y el traje de chapaquita.

Mientras tanto, las calles del centro estaban vacías. Los automóviles y los puestos callejeros habían desaparecido en lo largo de El Prado. El tráfico vehicular había sido desviado hacia la zona de San Pedro y un acuerdo con la Alcaldía hizo que los gremiales despejaran las calles del centro.

En la plaza Murillo, el público crecía. Pasadas las 11.00, se recibía con aplausos a todo aquel que llegara, mientras la prensa nacional y extranjera pasaba peripecias para ingresar al Palacio Legislativo. Desde una de las ventanas, saludaba el cantante argentino Piero a los asistentes.

Pasaban los minutos y no se podía ingresar más que por la calle Bolívar. Las cuadras aledañas a la plaza estaban llenas de coches diplomáticos. Los sucesos se transmitían también por parlantes en la plaza San Francisco.

No importó la distancia. La gente llevó cámaras fotográficas y largavistas. Para no perder detalle, muchos fueron armados con radios portátiles, como quien escucha el relato de fútbol.

Con una bandera del MAS en la mochila y su periódico La Razón en el bolsillo, Ariel Elger de Buenos Aires (Argentina), conversa con otros compatriotas suyos. "Yo vine a recorrer Bolivia, a ver lo que es el sentimiento de la asunción de Evo. Ayer estuvimos en Tiwanaku y fue algo alucinante, imponente; son los nuevos aires que recorren Latinoamérica".

Paseando por la ciudad desde las 7.00, Elger notó "un gran espíritu de solidaridad, esperanza y transformación de la realidad boliviana. Es una fiesta popular".

La gran cantidad de extranjeros que llegaron para presenciar el evento también pudieron comprar banderas de sus países por 10 bolivianos. Había otro señor vendiendo cámaras fotográficas y rollos, mientras una señora ofrecía la célebre chompa a rayas de Morales por 100 bolivianos.

Sofía Quispe Mena (38), tuvo toda la mañana a su hijo de tres años sobre los hombros. "Está lleno, sumamente lleno. Nunca sé ver así la plaza. Es un día tan especial... He venido a dar mi apoyo, yo me siento orgullosa como boliviana. ¡Uy! Va a demostrar el señor presidente toda su capacidad", sonreía la mujer de pollera.

Los invitados seguían llegando en una lluvia de aplausos. "Ricardo, no te olvides del mar, papá", se escuchó en un grito que salió desde el público y que hizo voltear al presidente de Chile, Ricardo Lagos, mientras ingresaba en medio de ovaciones.

La espera cesaba a las 13.18. "Ahí está, ¡No tiene corbata, no tiene corbata!", se escuchó en un grito anónimo en la calle Bolívar.

Victoriano Mamani (42), representante de la Federación de Ayllus del Norte de Potosí, se aferraba a su látigo cuando vio pasar de cerca al flamante presidente, vestido con un saco de paño con motivos aymaras. "Es estamos muy contentos. La gente ha reaccionado muy bien". Lo acompañaba su chuspa y la hoja de coca en su boca.

Había gente en todas partes: montada en el monumento a Murillo, abrazando a una de las estatuas de musas o encaramados en los árboles. Llegaban con sombrillas y sillas de ruedas.

Dentro del Palacio Legislativo, el eco de la gente emocionaba a los participantes. Andrea Ramos, guía de sopranos de la Sociedad Coral Boliviana, había ingresado apenas al palacio y observó desde allí las rechiflas de la gente a los ex presidentes Jaime Paz Zamora y Carlos Mesa.

En el interior, los periodistas estaban aglomerados en los balcones. Y la plaza que recibía con banderas y sicureadas a los visitantes, ahora escuchaba en silencio la sentida interpretación del tema Hanac Pachap.

"Es muy emocionante poder cantar en un evento histórico para nuestro país", comentaba Ramos antes de entonar el Himno Nacional. En la plaza Murillo, el canto fue unísono, mientras que en San Francisco, el reloj parecía haber detenido el tiempo. Dentro del Palacio Legislativo, la canción patria emocionó al presidente electo.

Empieza el discurso de Álvaro García Linera. En la sala de prensa de la calle Ayacucho, los periodistas extranjeros editan sus imágenes y mandan sus reportes al resto del mundo.

Valentín Panoso Vargas (46) tiene impreso en el casco las letras de Fencomin. Como secretario general del Consejo de Vigilancia, no se había movido de su lugar desde las 7.00, pues formaba parte de la guardia del presidente. "Los cooperativistas vimos toda la mañana que la gente está contenta y feliz. Hay 20 miembros que están móviles, pero nosotros nos quedaremos fijos, pase lo que pase". Mientras él aguarda, Evo Morales es posesionado como Presidente de la República de Bolivia.

Antes de empezar su discurso, Evo Morales pide un minuto de silencio por los caídos en los últimos 500 años, sentimiento que acompañado por el lamento de un pututu que conmueve dentro y fuera del palacio.

La gente escucha atenta. En los taxis, minibuses y micros se escucha la voz del presidente mientras, bastón y silla desplegable en mano, Dionisio López Calderón (79) avanza hacia la Catedral. El invidente pide ayuda para acomodarse en algún lugar. Vive de la caridad, pero hoy requiere hacer otra cosa. "Soy boliviano y tengo mi deber: analizar y escuchar lo que tenga el presidente que decirnos".

El discurso es largo y la gente aplaude. En la plaza Murillo, las miradas están fijas en las pantallas gigantes. Brígida Luis (47) escucha atenta en las gradas del Museo Nacional de Arte. Llegó el sábado por la tarde de Santa Cruz, aunque es de la provincia Nor Chichas, Potosí. "Hace 40 años que vivo en el oriente. Ojalá que todo cambie. He venido a apoyar, pero molesta la altura".

Mientras escucha las palabras del Presidente, Llama la atención de la prensa extranjera con su aymilla potosina, la bayata, las flores en el sombrero, los collares y el gran topo de plata.

Termina el discurso y en la plaza empiezan a tocar de nuevo los grupos folklóricos, sin embargo, deben callarse para dar paso al sonido de las bandas, pues el presidente debe trasladarse al Palacio de Gobierno, donde recibió —de manos del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Almte. Marco Antonio Justiniano— el Bastón de Mando de Capitán General de la institución castrense. Luego, desde el balcón del Palacio, Evo Morales recibió los honores militares de los diferentes regimientos.

En una caminata de cinco cuadras por las calle Comercio hasta la plaza San Francisco, el presidente Morales caminó flanqueado por los mineros y los Colorados de Bolivia.

En la Plaza de los Héroes, las banderas, un gran collage de textiles que caía de la Casa de la Cultura y letreros de apoyo aguardaban al mandatario.A pesar de las prohibiciones, los primeros vendedores aparecían ofreciendo las biografías de Evo Morales en 1 boliviano.

"John Amaru, de cuatro años, se ha extraviado. Se le pide acercarse a la carpa del SAR", anunciaba el presentador ante una nutrida concurrencia que llenaba la plaza San Francisco y que trepaba hasta la calle Sagárnaga.

Los versos "Somos pueblo, somos más", abrieron con música la velada. La agrupación Arawi entonaba la canción con que promocionaron la campaña del MAS mientras la gente bailaba.

Los ponchos de lluvia aparecieron como defensa contra el clima antes de que se iniciara una nueva ronda de discursos, esta vez pensados en la gente.

Evo Morales pidió a Estados Unidos que la lucha contra las drogas no sea una excusa para someter a estos pueblos, reiterando su campaña de cocaína cero. Carmen Gonzales (22), estudiante de psicología, esperó allí desde las 14.00 "Siento unidad, que la gente por primera vez está contenta y conforme. Se siente mucha esperanza, tanto hacia él como presidente, como una esperanza de querer ver un país mejor", explica mientras, con la noche, empiezan a llegar las primeras comideras.

Comienza el discurso del escritor uruguayo Eduardo Galeano y la gente guarda silencio. Al culminar, llueven los aplausos.

Los fuegos artificiales gobiernan la noche mientras la música autóctona propicia enormes rondas de cientos de personas.

La fiesta continúa con el Ballet Fantasía Boliviana. Si bien las comidas estaban prohibidas, de pronto aparece el charque, el algodón de dulce, los hot dogs y anticuchos. A pesar de que no hay puestos de venta de alcohol y los gendarmes controlan todos, ya hay bastante gente que pasa la noche en plena borrachera.

Mientras una vendedora vendiendo cerveza, se escabulle entre la gente, el cantante cubano Vicente Feliú comparte el escenario con el dúo Negro y Blanco .

Pasaron las horas y los músicos desfilan por el escenario, mientras la calle va pasando de un centro de fiestas a un mingitorio. Las comideras ya se apostaron en las cercanías y la celebración y la algarabía se apropian de la gente. Pese a todo, las banderas no dejan de flamear, y es que, como dijo Álvaro García Linera en su discurso, es momento de celebrar.



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