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19 de marzo, 2006

Arrieros de la Colonia son los padres del charango

(La Paz - La Prensa)

En el siglo XVII, la Colonia española dominaba parte de este continente. La ciudad más importante de esa época era la imperial Villa de Potosí.

La plata cobijada en el famoso cerro que dio nacimiento a la población atraía a todo tipo de aventureros, que además de sus ansias de dinero traían bajo el brazo instrumentos musicales para acompañar sus ratos de ocio. Uno de esos aparatos fue la vihuela (parecida a la guitarra, pero más pequeña).

Este instrumento estaba fabricado con madera laminada y, con el tiempo, conquistó el espíritu musical de los antiguos arrieros indígenas, quienes la adoptaron de buen grado como fiel amiga para sus largos viajes.

En principio, los indígenas arrancaban notas de la vihuela original, pero poco a poco la creatividad de los campesinos le agregó nuevos elementos. Los artesanos cambiaron la madera por el caparazón de los quirquinchos, otrora numerosos en el altiplano, para la caja de resonancia y con trozos de madera armaron el cuerpo del actual charango.

“Indiscutiblemente el instrumento surgió en Potosí, en tiempos de la Colonia, a mediados del siglo XVII, como un instrumento de cinco cuerdas de acero y tripas de mamíferos ”, comenta el músico Gerardo Pareja Casazola.

El maestro Ernesto Cavour también destaca el origen potosino del instrumento y, como apunte, señala que la iglesia de San Lorenzo, en esa ciudad, tiene esculpidas varias sirenas que interpretan sus cánticos acompañadas de charangos.

En todo caso, ambos mencionan que los tonos agudos y alegres y el práctico tamaño del charango fueron las características que atraparon corazones nativos.

“Con el charanguito, los kaluyos y bailecitos salen con mucho sabor y, como es pequeñito, su sonido es más agudo y hace vibrar el corazón”, dice, al respecto, Cavour.

Sobre los tonos, Pareja destaca que las cuerdas, que parecen impedir la interpretación de tonos graves, permiten que el rasgueo sea parte fundamental de la ejecución del aparato.

De quirquinchos y madera

El intérprete cuenta que entre los siglos XVII y XIX los charangos eran hechos con el caparazón del armadillo.

A mediados del siglo XX, la materia prima fue cambiada y se retornó a la madera. Además, los artesanos que lo fabricaban comenzaron a tallar el lomo del instrumento con diversas figuras, como caretas de diablo o rostros nativos.

En cuanto a las cuerdas, las primeras eran hechas de tripas de bueyes, chivos y gatos, posteriormente se recurrió al alambre trenzado y desde la década de 1950 se utiliza el plástico. El número de éstas también cambió: primero eran cinco, luego 12 y en el presente conviven ambas versiones.

En la actualidad, los charangos son fabricados de nogal, mara, cedro, sotomara, laurel, roble y otras maderas que llegan del oriente y valles bolivianos.

Además, gracias a la tecnología del siglo XX se incorporaron pastillas electrónicas que mejoran la calidad del sonido. “Casi el 95 por ciento de los músicos recurren a éstas”, asegura Cavour.

Evolución y difusión

Empero, Cavour señala que el charango no sólo era utilizado por los arrieros. Los mestizos también aprendieron a arrancarle notas para que los campesinos participaran en grandes competencias.

Durante la Colonia, el charango se extendió de Potosí a Chuquisaca, Oruro, Cochabamba y Vallegrande, en el departamento de Santa Cruz.

En el siglo XX, el charango dejó las áreas rurales e ingresó en el mundo de las ciudades.

Según Pareja, el maestro Mauro Núñez, entre 1930 y 1960, “fue un gran impulsor y promotor del instrumento e incluso luchó contra los prejuicios sociales”.

Además, Núñez difundió su música en Argentina, Perú y Ecuador, ya que dejó el país siendo muy joven. El músico incorporó las cuerdas de nailon.

En 1956, cuando retornó a Bolivia, el artista formó el grupo Mauro Núñez y su Conjunto, en el que participó Pareja. “Fundamos el conjunto que primero fue un dúo, luego un trío y después un cuarteto de charangos... Había el soprano, barítono, tenor y charango bajo”, explica Pareja.

Después, en 1966, el charango alcanzó fama mundial cuando Cavour, entonces miembro de Los Jairas, ganó el primer Festival del Folklore Latinoamericano, celebrado en Salta, Argentina, en la categoría de solista.

Un año después, se llevó a cabo el primer encuentro internacional del charango, acontecimiento que terminó de catapultar en el ámbito internacional al instrumento.

Actualmente, las cuerdas y el pequeño brazo conquistan a cientos de intérpretes en todo el mundo, entre ellos figuran irlandeses, japoneses, españoles, italianos, suizos, argentinos y chilenos.

“El instrumento se ha vuelto americano y lo ejecutan en Argentina, Colombia, México, así también en varios países de Europa y Asia. Lo único que pedimos al mundo es que respeten la historia y nacionalidad del instrumento”, concluye Cavour, uno de los impulsores del proyecto de ley que declare a esta creación patrimonio nacional.

La dedicación define al intérprete

Los charanguistas son diabólicos, por eso gusta tanto su música, dicen las creencias populares. Sin embargo, el talento y la destreza con el instrumento están más relacionados con años de estudio y dedicación. El profesor Gerardo Pareja Casazola, director durante 38 años de la escuela de música Mauro Núñez, sostiene esta verdad.

Si bien no hay títulos acádemicos para los charanguistas, salvo el de técnico superior otorgado por la Escuela Nacional de Música Folklorica, el intérprete obtiene un grado en la Sociedad Boliviana del Charango.

Esta Sociedad fue creada en abril de 1973 e integra a constructores e intérpretes. Para ingresar en esta sociedad es preciso cumplir ciertos requisitos.

Los charanguistas necesitan trabajar durante cinco años para ser considerados ejecutantes, 12 para ser llamados concertistas y 20 para merecer el título de maestros. Actualmente, existen unos 20 maestros. En todo caso, Pareja destaca que hay mucho interés entre los bolivianos por aprender a manejar el instrumento.

“Se inscriben (en la escuela Mauro Núñez) a partir de los 12 años y hay estudiantes de colegio, universitarios, maestros de música así como otros profesionales”, explica.

Los estudiantes de este instrumento suman unos cien sólo en esta escuela.

Anécdotas y tradiciones

Al charango de quirquincho hembra no debe agarrarlo una mujer, porque se pone celoso y se destempla.

Por el norte de Potosí, los charangos son adornados con un espejo para que no se los lleve el diablo.

Muchos charanguitos llevan en la caja de resonancia el veneno de víbora de cascabel para que tenga buen sonido.

Otros intérpretes transportan ají tostado para que la madera no se raje ni el aire destemple las cuerdas.

Mientras más viejo es el instrumento, suena mejor, pero siempre que no esté encorvado.

Los intérpretes consideran que un charango utilizado como adorno en la casa atrae la buena suerte.



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