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13 de noviembre, 2006

No solo la tuberculosis, ahora el alcohol también mata a los Yuqui

(ABI)
Escribe: Mauricio Carrasco

Dolor en el vientre, temblores matutinos, torpeza de movimientos, pérdida de las habilidades manuales, frío del alma. Esa son las sensaciones del joven indígena de la etnia Yuqui, Jhonatan Amambái, cuando ha dejado de beber por algunas horas.

Él es el hijo del último cacique de su pueblo contactado en 1989 y se siente como un "angue" - alma de muerto, en lengua Tupi Guaraní - cuando no está con los efectos del alcohol, porque sobrio recuerda que carga con la mortal tuberculosis.

La civilización le ha contagiado esa enfermedad, que ha derivado en micosis pulmonar, y le ha inducido a adquirir otra, de tipo social: el alcoholismo.

Pero su caso no es aislado. Jhonatan forma parte de uno de los grupos indígenas de tierras bajas en riesgo de desaparecer. El 85% de su población - de unas 140 personas según el Censo de 2001 - padece micosis pulmonar, está desnutrida y su gente adulta padece una fuerte dependencia a las bebidas alcohólicas. Las jóvenes mujeres, además, bajo los efectos del alcohol, se han dedicado a la prostitución.

La tribu de los Yuqui está confinada en la comunidad Bía Recuaté, del municipio de Puerto Villarroel, en la provincia Carrasco del trópico de Cochabamba, y su acceso solo es posible navegando por los ríos Chimoré e Ichilo o por vía aérea.

Era un niño cuando desnudo y descalzo avanzó por última vez en su hábitat natural y se dejó ver junto a otros hombres del clan en un claro de la selva. Era parte de un séquito de guerreros y esclavos con la misión de contactarse con otra tribu muy extraña.

El jefe de ese "extraño pueblo" era un hombre blanco, obeso y barbudo, quien le entregó a su padre como regalo - recuerda Jhonatan - una camisa blanca.

En los vídeos de aquel encuentro - que están en el Museo de Etnografía y Folklore de La Paz - se ve al cacique rechazando la prenda y advirtiendo que para su rango el color rojo es el correcto.

El blanco, un misionero evangélico, acata la orden con ayuda de intérpretes de la misma etnia del cacique, reducidos en 1967.

El cacique acepta la prenda roja y palmea la cabeza, los hombros y el pecho del jefe blanco en señal de saludo y amistad.

La misión pentecostal culminó así con "éxito" la reducción del último pueblo nómada libre, 450 años después de la llegada de los europeos a las tierras bajas.

Aquel encuentro, realizado en la selva amazónica, en la frontera departamental de Beni y Santa Cruz, fue el 25 de septiembre de 1989 y para Jhonatan, de 27 años, ahora infinitamente viejo y enfermo, el evento de ese día aún le perturba.

Aunque recuerda con orgullo que su padre rechazó el pan de hoja que le dieron a probar, no olvida que los misioneros los arrancaron de su hogar y los trasladaron en una avioneta, a 200 kilómetros de distancia, a donde se encuentran hoy.

Ese viaje por el aire es aún un suceso sobrenatural y el pueblo tiende a mitificar el hecho.

EL PUEBLO DE LA GENTE

La comunidad de Jhonatan fue creada artificialmente por la Misión Evangélica Nuevas Tribus. Con la incorporación a Bía Recuaté - que en lengua Tupi Guaraní significa "Pueblo de la gente" - se selló el exterminio de ese pueblo.
De ser nómadas, que sobrevivían de la caza y la recolección, se les impuso el sedentarismo. El pueblo se acostumbró a sobrevivir del alimento suministrado por la misión evangélica y dejó de esforzarse en trabajar.

Se les instruyó en las prácticas agrícolas y pesqueras, pero no se acostumbraron a estas nuevas actividades económicas y rechazaron el trabajo bajo la dirección de otro con el argumento de que "no somos esclavos".

Su estructura social de jerarquías, con la existencia de amos y esclavos, que provenían de botines de guerra o la derrota de un grupo rival, y con el ejercicio de la jefatura por el hombre más viejo o sabio, ahora tienen el sistema de la familia nuclear, según el modelo "sugerido" por los misioneros evangelistas, lo cual implicó una serie de cambios en sus hábitos y valores tradicionales.

De creer en los espíritus de la selva que encarnan en animales, hoy se declaran cristianos evangélicos, aunque guardan un mundo interior todavía muy apegado a sus orígenes. Les acompaña también la convicción que las personas poseen dos espíritus. Creen que cuando fallece un individuo, éste puede causar enfermedad o muerte.

Con la introducción de un programa especial, los Yuqui recibieron hasta hace poco una subvención "salarial" para trabajos en la comunidad. Al empezar a conocer el dinero, empezaron también a experimentar sensaciones nuevas en el consumo de alcohol y en rasgos de vida relacionados con el modelo que se desarrolla en los poblados cocaleros de Chimoré o Villa Tunari, los más cercanos a su comunidad.

Confinados en Bia Recuaté, el único referente que tuvieron del mundo fue a través del grupo evangelista hasta que este los abandonó porque fue expulsado por el Estado. Tras esa decisión, tuvieron que abrirse al mundo migrando temporalmente de su comunidad hacía Chimoré o Villa Tunari, antiguas zonas rojas del narcotráfico y municipios de gran producción de la hoja de coca.

ANGEL DE LA MUERTE

No hay hogar en los Yuqui a salvo de la tuberculosis. Jhonatan Amambái perdió a su esposa y su hija en los últimos tres años.

Un día, desesperado por adormecer los sentimientos de tristeza y abandono, se sirvió un vaso de alcohol carburante que producen los ingenios azucareros de Santa Cruz y comenzó a sentirse mejor. Ahora, cuando no bebe su pulso se acelera, empieza a sudar, se inquieta, experimenta desasosiego, tiembla, vomita, cree ver a su padre muerto y extraña los sitios familiares, los sonidos, los olores y los rostros de la selva vírgen.

Según Eulalio Marca, del Comité de Vigilancia de Chimoré, "nadie en la zona quiere a los Yuqui porque no comparten su forma de vida, pues siempre están en las calles, echados, sin trabajar y a toda hora se dedican a consumir alcohol".

En Bolivia, las bebidas alcohólicas casi siempre están presentes en las reuniones sociales. Se ofrecen en bodas, funerales, festividades religiosas y deportivas, nacimientos y bautizos para alegrar la celebración o para calmar las penas. Pero ninguno de esos motivos está presente en la inclinación por la bebida que han adquirido los Yuqui.

Estudios del Centro Latinoamericano de Investigación Científica (Celin) indican que el consumo actual de alcohol alcanza al 42,58% y que es la droga de mayor uso en el país.

El diputado del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS), Hilario Calisaya, presentó al Congreso Nacional un proyecto de Ley de Regulación del Expendio y Consumo de Bebidas Alcohólicas, el primero de esas características en el país.

Calisaya, un indígena de origen aymara, dice que en el pasado histórico y cultural de Bolivia, donde predominaron las etnias originarias, no existían "actividades viciosas" y que en los últimos 514 años los países occidentales trajeron prácticas que están "degenerando a la sociedad boliviana", particularmente a la población indígena.

EL ALCOHOLISMO NO ES EL PROBLEMA

Los servicios de salud del Estado tienen como responsabilidad controlar la epidemia de tuberculosis, no de alcoholismo, que azota a los Yuqui.

Investigaciones recientes determinaron que en el pasado se incurrieron en "graves desaciertos" a la hora de enfrentar a la tuberculosis en los Yuqui. Éstos creen ahora que los médicos en lugar de curarlos, los están matando.

Hace un año se ejecutó un programa de salud en Bia Recuaté. Se construyó una posta sanitaria que operó por unos meses, pero fue abandonada y hoy es el nido de murciélagos.

Esa situación obligó a Enrique Itora a trasladarse al Hospital Viedma de Cochabamba. Sus síntomas generales incluían debilidad, malestar, pérdida de peso, fiebre con sudores nocturnos, dolor de pecho y tos con sangre.

El personal médico lo ingresó de emergencia como a muchos otros Yuqui que llegan en fase terminal de la tuberculosis y antes de administrarle el tratamiento se le sometió a una desintoxicación alcohólica.

Itora, a los dos días de internación, viudo desde hace cuatro años, quiso huir del Viedma para cuidar a sus tres hijos que dejó a cargo de la comunidad. Su mujer murió de micosis pulmonar y el mayor de sus niños carga con la misma enfermedad.

El personal médico se vio obligado a amarrarlo en una silla de ruedas para que reciba al menos una parte del tratamiento y luego dejó que se marche. En su comunidad probablemente morirá por lo avanzado de su enfermedad, como el resto del "Pueblo de la gente".

"Los enfermos agonizan en Bía Recuaté porque no cuentan con dinero para venir a la ciudad y someterse al tratamiento", según José Iguacú, quien llegó, también intoxicado, al Viedma para una esporádica medicación.

ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA

Tres familias permanecen en la ciudad mientras sus hijos se recuperan de la enfermedad pulmonar. Para cubrir los gastos, las mujeres tejen para la venta bolsas con fibras vegetales, de diferentes tamaños y vistosos diseños, mientras los hombres confeccionan lanzas, arcos y flechas de madera.

Los enfermos cuentan con la mejor atención en el Hospital Viedma. La Prefectura de Cochabamba, a través del Programa de Apoyo a los Pueblos Indígenas, corre con los gastos. Pero los yuquis aguardan que se aplique un plan de atención integral en Bía Recuaté.

El gobierno gestiona, para ese objetivo de carácter humanitario, el apoyo económico de la Organización Mundial de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas Para la Infancia, y la Organización Panamericana de la Salud.

Pero ni la aplicación de medidas inmediatas podrá remediar la situación en el "Pueblo de la gente". Son muchos los que están en una fase de la tuberculosis caracterizada por su resistencia a los medicamentos tradicionales.

RICOS Y ENFERMOS

Los Yuqui conviven entre montañas de basura, son extremadamente pobres y están muy lejos de superar su situación actual a pesar que desde 1992 son dueños de 122.000 hectáreas de bosque que el Estado les dotó y que les permite ejecutar un manejo sostenible de los recursos que se encuentran bajo su control.

Pero la comunidad y su territorio se encuentran bajo una intensa presión de los campesinos, los productores de la hoja de coca, las compañías madereras, los colonizadores y el narcotráfico.

Solo en las zonas aledañas a Bía Recuaté se han establecido 23 asentamientos de colonización, incluso dentro del territorio titulado, lo que restringe su acceso a los recursos naturales, cuyo valor ignoran.

Asediados y enfermos, reportes del Servicio Departamental de Salud de Cochabamba advierten que al menos dos Yuqui mueren cada mes a causa de la tuberculosis. En esa tendencia, sin embargo, algo ha cambiado: dos de ellos fallecieron de cirrosis, a causa del alcoholismo.




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