| El carnaval cruceño se amplia a culturas de otras regiones del país
(Santa Cruz - El Nuevo Día)
Nipones, pepinos, caporales, chiquitanos, grupos típicos cruceños y no tan típicos bailaron en la fiesta grande. Todo comenzó a las 19.00.
Caporales, danzas japonesas, chiquitanos, mojeños y danzas típicas y no tan típicas de Santa Cruz inauguraron el corso 2002.
A las 19.00 un numeroso grupo de caporales abrió la ‘fiesta grande’. Seguidamente pasaron los Kerembas a ritmos de carnavalitos y taquiraris. Un poco más tarde, a las 19.30 el grupo Ryo Kyu Koku invadió el escenario callejero.
Ochenta descendientes de japoneses, bailaron por primera vez en el corso. Los residentes japoneses se vienen preparando hace un año con la danza típica de Okinawa. Bailarines de 5 años hasta de 55 saltaron al ritmo de tambores perfectamente sicronizados, mientras un perro gigante llamado Shishimai jugaba con el público. Seguidamente apareció el grupo folclórico Urupé, 24 bailarines, con trajes no tan típicos, pero sí llamativos -faldas y blusas cortas fosforescentes- , combinaron
el folclore con pasos modernos.
Enseguida apareció uno de los grupos más aplaudidos, 60 chiquitanos, la mayoría de ellos descalzos y todos con trajes auténticos de la región, bailaron con pasos de antaño. Ancianos y niños también participaron en el grupo de la región oriental.
Más tarde, el contraste de cultural de la ciudad se hizo notar, cuando 100 parejas de residentes paceños bailaron la danza chuta, con polleras y pepinos, típicos del occidente del país.
Un poco más tarde,
el ballet Tradición Cruceña se llevó los aplausos, 70 jóvenes bailaron danzas mojeñas, con disfraces y atuendos del lugar. A las 20.50 los 260 jóvenes del Ballet Santa Cruz, saltaron sin parar, mezclando el folclore con algunos pasos modernos. La primera mitad bailó carnavalitos, con llamativos trajes fosforescentes. El grupo restante abrió el paso de Paola I, Reina del Carnaval con el brincao de los Taitas, todos saltando, aplaudiendo, cantando y contagiando alegría a los presentes.
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