Liv y Alexandra, actrices que van tras la fama

Entretenimeinto - Miércoles, 27 / Ago / 2003
 
(Santa Cruz - El Nuevo Día)
Bolivia.com
Liv Fruyano y Alexandra Aponte son las actrices cruceñas del film del boliviano Rodrigo Bellot, Dependencia sexual. Ellas se han puesto a la talla de artistas de trayectoria internacional que protagonizaron películas nominadas para competir en el Festival de Locarno. Una de ellas retornó a Bolivia después de un año, como una conejita de Playboy y la otra es una bailarina tamalera. Ambas tienen en común el estar tras de la fama y se proyectan como una nueva generación de actrices que se constituyen en talento nacional.

El éxito de la película en la crítica internacional ha puesto bajo la lupa a estas jóvenes actrices, ellas confiesan sus intimidades y proyectos.

Alexandra Aponte

Tiene 19 años y es estudiante de nutrición en la Universidad Ecológica, jamás se imaginó verse en la pantalla grande, se trata de un sueño que se ha hecho realidad, luego de presentarse en un casting para el productor boliviano Rodrigo Bellot.

La actuación es algo que disfruta, esta morena de carácter jovial no pondría reparos si le cae una invitación para actuar en el extranjero, pues está consciente de que su fama va en ascenso, luego de que muchos preguntaran por ella después de Locarno.

Al interpretar a Jéssica, una quinceañera promedio, supo lidiar con un guión en el que había de todo, desde drama hasta escenas de intimidad que no la acobardaron.

Cotoqueña de nacimiento confiesa que seguirá bailando en las Tamaleras de René Eduardo y continuará con su rutina diaria, visitando Santa Cruz los fines de semana para bolichear y salir con sus amigas.

Por otro lado, Alexandra adora la vida tranquila de su pueblo, ella es la adoración de sus abuelos. Es la mayor de siete hermanos y es hija de Solange Salvatierra y Adhemar Aponte. Alexandra es el motivo de orgullo de su abuela Benedicta Vilchez, quien colecciona todos los periódicos donde ella sale.

Alexandra se describe como una joven sencilla y amiguera, está enamorada, aunque el nombre del afortunado prefiere mantenerlo en reserva. Ella está comenzando su carrera hacia la fama.

Liv Fruyano

Su nombre significa vida en noruego, hija de Francisca Mauthe y Mario Fruyano tiene ascendencia alemana y argentina. Pasó casi la totalidad de su infancia en San Ignacio de Velasco y ahora reside en Barcelona, España, desde hace poco más de un año. Liv está de visita en Bolivia y ha retornado como una conejita de Playboy. En septiembre realizará las fotos para la portada que protagonizará en la edición de diciembre de la revista.

La actuación se dio como algo que la apasiona y en lo que estaría dispuesta a trabajar sin pensar en la compensación económica. Confiesa que se enamora de un proyecto y lo lleva adelante, sin pensar en el dinero, aunque su vida como chica Playboy es la que la sostiene, viajando por todas partes y alojada en los mejores hoteles. Liv también estudia gastronomía, carrera que inició a su llegada a España, lugar al que acudió en busca de cosas grandes, como ella señala. Es consciente de lo mucho que disfruta de la fama y la atención de los medios y añade que busca la atención de hombres y de mujeres. Su vida glamorosa en ocasiones, con limusina y guardaespaldas, cuando tiene una presentación como Playmate, se combina con la de una estudiante. El estar fuera, en un lugar en el que era una completa desconocida la ha convertido en autosuficiente y le ha permitido estar consciente y segura de su gran valor.
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