Tambores de guerra vuelven a sonar en Irak
( 2003-3-5 ) Al finalizar la Guerra del Golfo en 1991, el gobierno estadounidense de George Bush se quedó con la victoria, aunque no pudo cantarla en paz ya que nunca pudo derrocar al presidente de Irak, Saddam Hussein.
Sin embargo, este conflicto y la imposición de múltiples sanciones internacionales tuvieron un efecto devastador en la economía y sociedad iraquí, reduciendo al alguna vez próspero país a una sociedad pre industrial.
Más de diez años después, y extendiendo las incursiones militares estadounidenses en continente asiático a causa de los atentados terroristas del 11 de setiembre del 2001, el hijo de Bush y actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está a punto de lanzar una gran ofensiva militar junto a Gran Bretaña contra el país asiático, a pesar de no contar con el apoyo de las Naciones Unidas (ONU) y de una gran parte de su propio pueblo.
Estados Unidos acusa a Irak, entre otras cosas, de mantener vínculos con la red terrorista Al Qaeda, desarrollar armas nucleares y biológicas, y mantener un régimen tiránico a pesar de la gran simpatía del presidente Hussein en su patria.
Irak ha aceptado una nueva resolución de la ONU que exige el acceso irrestricto de inspectores de armamentos a cualquier lugar del país donde sospeche que hay armamentos y ha empezado a destruir parte de su arsenal para evitar el ataque estadounidense.
Sin embargo, el gobierno de George W. Bush está seguro que Husein nunca destruirá sus principales armas nucleares, las cuales -según el mandatario norteamericano- están escondidos en alguna parte de Irak.
Asimismo, Bush advirtió que su país no tolerará ninguna interferencia iraquí en las inspecciones y dejó claro que lanzará un ataque militar contra Irak si lo considera necesario.
Por su parte, Husein prometió a sus compatriotas la victoria en caso se materializarse la guerra contra Estados Unidos y precisó que su pueblo resistirá "como resistieron los ataques mongoles en el siglo XIII".
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