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Asamblea
constituyente y referéndum
Ponente:
Lic. Marcelo Silva Mollinedo.
Moderadora:
Lic. Leslie Guzmán.
Relatores:
Isabel Hurtado.
Miguel Hernández.
Existe una
percepción generalizada de que el sistema democrático
boliviano está inmerso en una crisis de representatividad
y legitimidad. Esta impresión no es nueva, y pese a las innumerables
reflexiones realizadas durante los últimos años, la
situación no ha cambiado. Contrariamente, la incertidumbre,
la confusión política y el rechazo de la sociedad
civil a los partidos se han incrementado.
La democracia
está siendo percibida como el gobierno de los políticos,
de un pequeño grupo de personas que toman las decisiones
a nombre del pueblo y cuyo fin real es el beneficio personal o partidario
sin importar la ineficiencia de la gestión estatal, el prebendalismo
y las prácticas cleptomaníacas. Pero lo altamente
peligroso, es que la sociedad civil está cruzando el umbral
de la crítica pasiva y ha empezado a sustituir a los actores
y a los mecanismos institucionales del sistema político para
la expresión, representación y canalización
de sus demandas, creándose una especie de paralelismo entre
una democracia que sigue funcionando entre parlamento, partidos,
poderes del estado, reformas, y una democracia donde la política
está en las calles, carreteras, marchas, bloqueos, gases,
ejército, sindicatos, coordinadoras, etc.
Esta situación
nos ha llevado a ingresar a una peligrosa espiral que el profesor
José Nun ha denominado "la espiral de la deslegitimación":
1) Ascenso
al gobierno de políticos que consiguen una mayoría
electoral por sus abundantes y atractivas promesas.
2) Ante la magnitud de la crisis y a nombre de la gobernabilidad,
se ha producido una fuerte centralización de las decisiones
en el nivel ejecutivo, postergando y debilitando al parlamento y
a los partidos políticos e incrementando las expectativas
en torno a un liderazgo providencial.
3) Al cabo de un tiempo, por la crisis, ineficiencia, prebendalismo,
corrupción e incumplimiento de promesas, se produjo una caída
de las expectativas y de la popularidad presidencial.
4) Existe un desencanto y falta de credibilidad ampliados al sistema
político y a los partidos en general.
5) Existe un repliegue defensivo en lo privado, apatía cívica,
movilizaciones sociales esporádicas y desarticuladas, además
de un ensanchamiento acelerado de la brecha entre la legalidad y
la legitimidad. Esta espiral está minando las bases del liberalismo
democrático y provoca una alarmante "deflación
de poder".
Pese a este
panorama confuso, existen dos temas de agenda casi consensuados
en el debate sobre la democracia en Bolivia y en América
Latina. El primero trata de una reflexión sobre los resultados
de la aplicación del modelo neoliberal y su incidencia en
el sistema político (tema del cual nos eximiremos en esta
ocasión), y el segundo sobre la profundización de
la democracia abriendo el sistema político a la participación
ciudadana.
Es en el marco
de este segundo tema es que en Bolivia se viene realizando un debate
sobre reformas a la Constitución Política del Estado,
las mismas que deberían abrir espacios de participación
ciudadana. Este tema, junto con otros, viene siendo desarrollado
desde posiciones antisistémicas, radicales a veces, irresponsables,
confusas y demagógicas, además de posiciones conservadoras,
reaccionarias e interesadas en que nada cambie.
Dos puntos
polémicos sobre participación ciudadana, son los de
la Asamblea Constituyente y el Referéndum, temas sobre los
cuales nos referiremos a continuación.
Asamblea Constituyente
Si partimos
desde una visión jurídica y de apego a la Constitución
Política vigente, el debate sería muy corto, ya que
la Asamblea Constituyente es anticonstitucional.Pero más
allá de la muchas veces interesada sacralización de
la Constitución, considero que la Asamblea Constituyente
no sería aplicable en Bolivia, por las siguientes razones:
Primero, la
confusión desde el mismo momento de su convocatoria. ¿Quiénes
participarían?, ¿Cuáles serían los parámetros
de participación?,¿ Serías éstos laborales,
sindicales, étnicos, generacionales, regionales, etc.?
Al intentar
responder estas preguntas basta considerar lo heterogéneo
de nuestra formación social, que trasciende lo étnico-cultural
y se expresa en un tejido social altamente desarticulado.
En segundo
lugar, el peligro de la fraccionalidad de las demandas, que podrían
desencadenar en posiciones escionistas, separatistas, o en situaciones
caóticas o anárquicas capaces de dar paso a formas
autoritarias.
Más
allá de estos argumentos que pueden sonar como temores ante
una posible oclocracia por parte de los conservadores de la democracia
representativa, es probable que desde la óptica de los fines
de aquellos que se denominan antisistémicos, la Asamblea
Constituyente no lleve a los cambios deseados.
La aplicación
del modelo económico y político desde 1985 (neoliberalismo
y democracia representativa) ha desarticulado el tejido social corporativista,
producto del Estado de 1952 y lo ha cambiado por formas inorgánicas,
dispersas y temporales de participación política.
La Asamblea Constituyente, lejos de ser el elemento articulador
de este tejido social, podría terminar en una frustración
por la dispersión de demandas. En pocas palabras, se podría
terminar en nada o en una Constitución novelesca, lírica,
abultada e inaplicable, lo que Giovanni Sartori ha denominado "grafomanía
constitucional" .
Referendúm
A diferencia
de la Asamblea Constituyente, el referéndum puede ser un
instrumento que aporte cualitativamente a la participación
ciudadana en nuestro país. Primero, porque expresa la opinión
pública y la voluntad popular en temas y decisiones de importancia;
sin duda, esto le daría una mayor base de legitimidad al
sistema político en general. Segundo, es plenamente compatible
en su aplicación con la democracia representativa; existen
varios ejemplos exitosos de esta convivencia. Sin ir más
lejos, sólo Bolivia y Haití no contemplan esta figura.
Conclusiones
A riesgo de
ser ecléctico, me parece que es necesario combinar las formas
de participación ciudadana con los modos representativos,
que son imprescindibles en sociedades complejas y diferenciadas.
Es tiempo de
erradicar cierto prejuicio liberal contra las formas semidirectas
de ejercicio de la democracia, es necesario vencer el temor de que
el pueblo pueda decidir o ser consultado en determinadas cuestiones
políticas; sin embargo, se debe tener cuidado de que estas
experiencias participativas no terminen siendo sustantivamente antidemocráticas.
La participación
ciudadana es vital para la supervivencia de la democracia boliviana.
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