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Aula
Libre De Teoría Política y Ejercicio Ciudadano
Elecciones
Generales 2002
Ponente: Dr. César Rojas
Estamos
en un momento particularmente interesante: el de las elecciones.
He titulado esta ponencia "Elecciones 2002 en Entornos Turbulentos",
principalmente porque nuestra sociedad, ya hace un buen tiempo atrás,
vive circunstancias de cambio, de reforma, de perturbaciones, de
intranquilidad y también de incertidumbre. El proceso electoral
entonces se encuentra en un ambiente bastante movible.
Primero es
necesario hacer un análisis retrospectivo, porque existen
algunos hechos que se pueden entender mejor a través de una
perspectiva más amplia que la simple coyuntura electoral.
En este marco,
es importante tomar en cuenta eventos como la crisis de la UDP,
que de hecho es el punto del cual partiré para contextualizar
los temas que se tratarán en esta oportunidad.
Cuando nos
referimos a dicho proceso, es de conocimiento general que la difícil
situación por la que atravesó el gobierno del Dr.
Hernán Siles Zuazo lo obligó a adelantar las elecciones,
en un contexto de crisis de gobernabilidad que se difundió
a otros ámbitos de la sociedad.
Partiendo de
la teoría de la crisis del sociólogo francés
Edgar Morin, puede apreciarse en dicho problema dos características
básicas. Las crisis, y sobre todo de tal hondura, son tanto
"chivos expiatorios" como "símbolos de esperanza";
fue precisamente lo que sucedió en nuestro país, en
la medida que se trató de encontrar responsables de la catástrofe.
Tales chivos
expiatorios fueron concretamente el Sindicalismo y los Partidos
de Izquierda. Con ellos, también cayeron en desprestigio
dos ideales de tipo político: los ideales socializantes y
los estatizantes, de tal forma que por lo general se compartió
la percepción de que los responsables de la caída
de la Unidad Democrática y Popular, habían sido aquellos.
Cuando se adelantaron
las elecciones, fue notable apreciar que quienes pagaron el precio
de la crisis de la UDP fueron precisamente estos dos actores, que
vieron mermado su porcentaje de votos de manera abrumadora.
El arco histórico
que se traza desde la crisis de la UDP a lo que voy a llamar la
crisis de la ADN y de la Coalición que lo acompaña,
deja que aparezcan nuevos símbolos de esperanza. Éstos
tienen nombre y apellido y empiezan a encarnarse en ciertos partidos
y también en ciertos ideales.
Si quienes
pusieron en crisis a la UDP fueron los Sindicatos y los Partidos
de Izquierda, a través de su papel de chivos expiatorios,
posteriormente estos símbolos de esperanza se presentaron
bajo la forma de nuevos actores.
Se empezó en efecto a ver con ilusión las potencialidades
de la Empresa Privada y los Partidos de Derecha o de Centro Derecha,
hasta el punto de que llegaron a obtener la mayoría en la
votación electoral y por tanto un papel central en el control
del Gobierno y del Estado.
Si el espíritu
de los tiempos en el periodo de la UDP fue la socialización,
el de los tiempos posteriores viene signado por la Democracia y
la Economía de Mercado, que desembocará en el proceso
de Globalización.
La ciudadanía
boliviana pone entonces sus ilusiones y sus esperanzas en nuevos
partidos. Ya no son los de Izquierda los que representan una visión
de futuro para el país, sino los de Derecha o Centro Derecha,
fuertemente relacionados o conectados con la Democracia, la Economía
de Mercado y con una perspectiva hacia la Globalización.
Son ellos los que encontrarán su proyección en los
destinos de nuestro país.
La palabra
clave que viene después de la crisis de la UDP es "modernización".
Este es el nuevo término fuerte, la idea-fuerza que va a
empezar a introducirse en nuestras mentes, lo que nos va a llevar
adelante por ser una nueva esperanza y una enorme ilusión.
Lo que presenciamos
actualmente, la crisis del ADN y de la Megacoalición es,
probablemente, el inicio de un nuevo Arco Histórico, marcado
por ideales y prácticas muy distintas a las anteriores.
Estamos siendo
testigos de la erosión de los partidos tradicionales, de
Derecha, de Centro Derecha, que se presentaron como hegemónicos
después de la crisis de la UDP. En efecto, son cuestionados
y son reputados como los culpables de la crisis del gobierno, del
Estado y del país.
Aparecen nuevos
"chivos expiatorios", y más allá de que
esto sea cierto o no, la población percibe a los Partidos
denominados "sistémicos", como culpables de la
actual situación.
Si revisamos
las encuestas que se han venido haciendo, empiezan a aparecer ciertos
responsables y culpables de los problemas; la economía de
mercado empieza a ser muy mal vista por aproximadamente un 80% de
la población. La crisis empezó con determinados políticos,
expandiéndose luego a ciertos Partidos Políticos,
y posteriormente al Sistema de Partidos, para terminar atacando
a la propia Democracia. Vivimos un momento en el cual dicho sistema
de gobierno también está cuestionado.
La Crisis de
la ADN produce entonces una serie de "chivos expiatorios",
que son los Partidos Tradicionales, el Modelo Neoliberal; la Democracia
también es puesta en duda y empiezan a surgir nuevos ideales.
¿Cuáles
son los nuevos ideales que emergen durante estos últimos
años?
Yo diría
que se presencia, dentro del Arco Histórico que había
pasado de la Izquierda hacia la Derecha, una vuelta hacia atrás,
pero con ciertos matices y algunas variantes. Hay un cierto espíritu
"Neo-Izquierdista" que comienza a tener su influjo dentro
este Nuevo Arco Histórico. Nuevamente corren por los circuitos
de nuestro cerebro, ideas que habían quedado atrás,
como el tema de las asambleas. El "asambleísmo"
se hace nuevamente presente, y los llamados "anti", a
los que estábamos acostumbrados durante los años sesenta
y setenta, aparecen nuevamente; hay un espíritu "anti-multinacional",
nuevo rostro de lo que antes denominábamos "anti-imperialismo";
hay un espíritu "anti-economía de mercado",
"anti-democrático", que son ecos del pasado que
surgen nuevamente.
Por una parte
se encuentran los chivos expiatorios, que son los Partidos Tradicionales,
y por otra aparecen nuevos símbolos de esperanza que son
Movimientos Sociales sin cuyo influjo es imposible entender el escenario
electoral actual.
Estos Movimientos
traen consigo dos ideas, dos símbolos alternativos que se
empiezan a confrontar con la Democracia. La idea de la Asamblea
Constituyente y una idea-fuerza de corte étnico que es la
de la Nación Aymara o Nación India.
Durante el
Primer Arco Histórico, de la UDP a la ADN, la Democracia
se había consolidado como la única posibilidad política,
el único régimen que se vislumbraba como una opción.
Esto es hoy puesto en cuestión y aparecen nuevas alternativas.
Podemos discutir sobre su viabilidad, sobre lo que contienen y sobre
las perspectivas que traen. Lo evidente es que en el escenario actual
aparecen dos ideas-fuerza que empiezan a competir con el régimen
democrático y esto implica cambios realmente sustantivos.
La idea de
la Modernización, tan importante en el Arco Histórico
desde la UDP hasta la ADN, es reemplazada, en este Nuevo Arco por
dos ideas centrales. El tema de lo Étnico cobra hoy una enorme
fuerza, que va más allá de lo que sucedió años
atrás con Palenque. Por otro lado, está la idea de
la "regeneración" o de la "refundación"
del país.
Lo Étnico
significa que, frente a la visión futurista que planteaba
la modernización, se impone un arcaísmo que busca
en el pasado sus nuevos paradigmas, los que además podrían
nutrir nuevas prácticas de orden social y político.
Después
de la UDP todos estábamos de alguna manera involucrados en
la Modernización, todos teníamos deseos de progreso.
El advenimiento del tema étnico significa que nosotros retrotraemos
nuestra mirada hacia el pasado y es ahí donde buscamos nuevas
fuentes de inspiración.
En el Primer
Arco Histórico, este tema había desaparecido por completo,
y ahora reaparece de una manera muy fuerte. Parte de la responsabilidad
de este fenómeno es de los medios de Comunicación.
Los Medios
de Comunicación, hasta aquí, se habían dedicado
a un juego mediático donde aparecía un solo discurso
y habían dejado fuera otros.
Estos otros
discursos entran en una espiral de silencio, es decir que se excluyen,
pero luego hacen erupción de una manera muy fuerte a través
de los Movimientos Sociales. Es ahí donde nos enteramos que
en nuestra sociedad se habían estado incubando otros pensamientos,
otras voces, otros discursos y otros actores que nosotros no veíamos
en las pantallas de televisión, ni leíamos en los
periódicos, pero que estaban ahí. El escenario político
se va a nutrir de una heterogeneidad ausente en el período
anterior.
Para entender el escenario actual debemos fijarnos en los movimientos
sociales; creo que estos han sido percibidos como una amenaza, pero
también deberían ser abordados como factores de esperanza.
Puede ser que, dependiendo de lo que haga la democracia y de lo
que hagan sus partidos, con el paso de los años acabemos
dándole las gracias a Evo Morales, Felipe Quispe y/o Oscar
Olivera de lo que nos han hecho vivir en el período actual.
Y todo esto por la siguiente razón: los movimientos sociales
tienen dos grandes dimensiones en las que operan.
Por una parte
son una especie de reveladores. Permiten que las voces, ideas, actores
que estaban en espera pasen a la mesa del debate. Logran que aquello
que estaba latente, dormido, despierte y se haga manifiesto. Y por
supuesto, los movimientos sociales nos han revelado muchas cosas.
El grado de descontento que existe en nuestra sociedad es fundamentalmente
a causa de la forma en que se ha manejado la política y la
economía.
Por una parte
es necesario remarcar la enorme virtud de los movimientos sociales
de mostrarnos nuevas cosas. Este despertar es bastante doloroso,
nos cuentan que había ahí enorme descontento del cual
no conocíamos todas las coordenadas.
Otra dimensión
de los movimientos sociales son sus efectos transformadores, y esto
tiene que ver profundamente con lo que está comenzando a
suceder en el escenario político y electoral. Estos movimientos
no solamente nos revelan algo que estaba oculto, callado o escondido
en nuestra sociedad, sino que logran tener efectos de transformación
sobre el sistema. Tales efectos están siendo percibidos en
el sistema de partidos, el cual se encuentra ante un desafío.
Los partidos han tomado de alguna manera la posta de auto regenerarse,
de autodepurarse, algo que no habíamos visto antes, y se
puede identificar por ejemplo con la búsqueda del candidato
a la Vicepresidencia. En efecto, se trata que esa figura le dé
una nueva fisonomía a los partidos políticos, un poco
en respuesta a las demandas de la ciudadanía. De tal manera
que figuras políticas a las que habíamos estado acostumbrados
por décadas empiezan a retirarse o a ser retirados de sus
partidos. ADN deja de lado a Chito Valle, expulsa a Daza, a Lora;
Kieffer también queda fuera de la estructura partidaria.
Vemos lo que
el MIR esta haciendo con Encinas y lo que Encinas a su vez le hace:
la vieja práctica política del chantaje.
El MNR también
se va deshaciendo de ciertas figuras que habían sido legendarias
dentro de su partido y de ciertos nombres que nos sonaban de manera
martillante, como Bedregal. Los partidos tradicionales se han dado
cuenta de que están siendo interpelados de una manera muy
fuerte. Y esto los está llevando a tener una mayor conciencia
del riesgo que están sufriendo, de la posibilidad del derrumbe,
del abismo en que pueden caer y esto los está obligando a
depurarse, a regenerarse, para viabilizarse de cara al futuro. Creo
que han tenido el susto de su vida con el abril 2000 y con el Septiembre
negro. Han percibido que las cosas se les puede ir de las manos.
Todo esto de
tal manera, que obligados por las circunstancias y por el empuje
de los movimientos sociales, los partidos toman conciencia de que
deben cambiar y dar señales efectivas. Podemos ver a los
partidos tradicionales como una serpiente que va mudando de piel;
están buscando hacerse de un nuevo rostro y van dejando la
vieja imagen en el camino; son estas figuras las que los desprestigiaban.
Los movimientos sociales no han servido de cara a los efectos que
han producido en el sistema de partidos como un estímulo,
yo diría que más bien, como una especie de azote.
Esto por supuesto
nos está trayendo novedades, como la emergencia de lo que
yo denomino "nuevos demonios". Un viejo profesor mío
decía: "real es todo aquello que es capaz de darle una
patada a la realidad". Y si analizamos, creo que los movimientos
sociales vienen haciendo la realidad más real en el escenario
de lo político dándole un gran golpe al sistema tradicional
de partidos, que tiene que ver precisamente con el mencionado espíritu
de renovación.
La política
hecha a la usanza de las viejas coordenadas, de esas a las que estábamos
acostumbrados va desapareciendo.
Por una parte
tenemos la protección corporativa de los partidos a dirigentes,
miembros, militantes. Todos los partidos políticos, en mayor
o menos escala, con mayor o menor fuerza, socapan a sus corruptos,
y el tema de la impunidad se transformó en parte de nuestra
cultura política. Parece que esto puede ser revertido.
Otro de los
elementos que caracterizaba a la vieja política era el autismo
de los partidos tradicionales encerrados en sí mismos, haciendo
su propio juego de intereses, en lo que yo llamo un "Estado
Banquete". Se servían del Estado y no servían
a través del Estrado. De tal manera que, en vez de plantearse
el Estado como una ventanilla de servicio al ciudadano, lo que habían
hecho era cerrarla y hacer los negocios entre quienes llevaban las
riendas.
Todavía
no sabemos si este "Estado Banquete" terminará
con el siguiente gobierno, pero tras el gran asalto que han dado
los movimientos sociales, parece que algunas cosas van a cambiar.
Aparecen nuevos rostros y esperemos presenciar, después del
6 de Agosto, nuevas prácticas políticas. Veremos si
estas personas que empiezan a entrar al sistema político
con credibilidad, prestigio y un gran capital social son capaces
de dar un cambio. Esta es una interrogante.
La renovación
es planteada por los partidos tradicionales, pero hay una idea mucho
más fuerte y es la de regeneración que consiste en
dar a luz una nueva sociedad, un nuevo país, una nueva nación.
Todo esto se traduce en la voluntad de llevar a la práctica
la Asamblea Constituyente.
Los partidos
tradicionales responden en una perspectiva reformista, en el sentido
de que buscan cambiar ellos mismos, el sistema de partidos y el
Estado. Pero hay una demanda mucho más fuerte, contundente
y radical, que viene desde las entrañas de la sociedad. Se
trata de regenerar; parece que estamos en un punto en el que el
cáncer en Bolivia ha cundido y lo que debemos hacer es darle
muerte y sepultura, después fundar algo nuevo.
Sin embargo,
existen algunas sospechas sobre quienes traen esta voz de regeneración.
Por una parte está la figura de Blattman, que no habla de
Asamblea Constituyente, sino de referéndum, y la duda es
si aquello no nos llevaría al caos, a la ingobernabilidad.
Luego nos encontramos
con Costa Obregón, y la pregunta en este caso es si no se
trata de una figura demasiado autoritaria. Y la sospecha surge en
la demostración de desprecio hacia su vicepresidente; es
decir que refleja la voluntad de acumular todo el poder en una sola
persona y que sea ella la que maneje las riendas de la política.
Desde esa perspectiva, Costa Obregón vendría a ser
el Chávez nacional.
Detrás
de todo esto, está esa palabra que inquieta, que causa perplejidad
y angustia: Asamblea Constituyente.
Se han manejado
bastantes visiones en torno a este tema, principalmente desde el
punto de vista jurídico y politológico. Creo que hay
una dimensión mágica y religiosa que se ha sondeado
muy poco en dicho planteamiento.
El filósofo
Wittgenstein, decía: "Pronunciar una palabra es como
tocar una tecla en el piano de la imaginación", y creo
que la Asamblea Constituyente lo que ha hecho ha sido tocar esa
tecla en la imaginación de la sociedad boliviana, fundamentalmente
en los sectores populares.
Hay muchas
imágenes que se han empezado a tocar en torno a esta palabra
sacramentada. Hay una perspectiva que nosotros podríamos
denominar religiosa.
Detrás
de la Asamblea Constituyente se percibe una visión milagrosa,
de que una sola acción va a regenerar, cambiar y transformar
a todo el país. Esta idea, que está ahí como
sustrato perceptivo en la población, induce a jugar con unas
imágenes de depuración, de salvación, de redención
en el marco de lo que podríamos llamar la nueva Bolivia.
La Asamblea
Constituyente viene a ser el "ábrete Sésamo";
pero existe un riesgo latente: que se abra Sésamo y que del
fondo emerja un monstruo.
Creo que en
esta coyuntura, el pensamiento racional ha perdido pie y el pensamiento
mágico despierta de su repliegue estratégico. Considero,
asimismo, que los sectores populares, con preferencia, se elabora
un pensamiento de corte mágico, religioso, que asocia a la
Asamblea Constituyente con visiones santificas. Todos creen que
detrás de la Asamblea Constituyente está la salvación
de nuestro país.
Sin duda la
Asamblea Constituyente puede ser un proceso de cambio, pero también
las catástrofes son alteraciones de situaciones, para llevarnos
a otras distintas. Lo que vemos con enorme claridad es que el sistema
de partidos tradicionales no ha sabido responder con potencia a
aquella fuerza que es la Asamblea Constituyente, e inclusive observamos
que uno de los partidos, el MIR, cae en el sortilegio de hacerse
de este tema. Los partidos tradicionales han tenido una enorme incapacidad
de contraponer una idea potente seductora, frente a la Asamblea
Constituyente. Y aquí encontramos un déficit intelectual.
También a raíz de los movimientos sociales y de lo
que ponen en cuestión, entramos a lo que se llama "La
Crisis de Modelo Neoliberal"; que empieza a ser visto con el
deseo de un cambio.
Antes ni se
discutía algo que pueda alterar ese modelo. Sin embargo,
ahora una idea que tiene mucha acogida es que este modelo pueda
ser removido de nuestra sociedad. Ahí debemos evaluar sus
costos, sus ventajas, y todo lo que podría acarrear.
Lo que sí
resulta de esta puesta en cuestión, es que el futuro que
parecía estar controlado por determinadas ideas empieza a
debilitarse, y a dejar espacios a otras nuevas.
Sin duda, del fundamentalismo neoliberal, podemos pasar al fundamentalismo
de corte arcaizante; es decir, fundar una nueva Bolivia, encerrarse,
estatizarse otra vez; las comunidades indígenas por su parte
pueden pensar lo mismo, pueden considerar retornar al Ayllu, por
ejemplo. Esta posibilidad también existe.
El hecho de
que nuevas cosas sean pensadas no quiere decir que sean positivas
ni que puedan ser generosas para el país; significa que son
dables. Y si detrás de esto hay fuerzas sociales, pueden
ser realizables.
Vivimos una
etapa donde hay libertad para pensar el futuro y destino de nuestro
país. Sin embargo tal libertad, tal posibilidad de decidir
sobre diversas opciones significa también que podemos optar
por aquello que nos lleve al abismo, que podemos elegir el error
y que luego lo pagaremos. De tal manera que si el futuro se nos
abre como una posibilidad de pensar nuevas cosas, también
se nos abre como una perspectiva demoníaca que encierra la
posibilidad de equivocarnos, y que luego los esfuerzos tengan que
ser enormes para reparar el daño que hemos ocasionado.
Podemos realizar
una mirada optimista si salimos de la miopía de lo visible,
es decir, creer que en el escenario electoral está pasando
lo que pasaba siempre, que no hay nuevos signos de cambio, de que
nada ha sido alterado, de que todo va a continuar; creo que esta
miopía de lo visible puede ser bastante perniciosa.
Creo que el
período electoral que estamos viviendo, nos obliga a ver
que hay algunos signos reparadores y regeneradores.
Por tanto,
frente a la perspectiva de apagar la luz, creo que la idea es identificar
las particularidades, de tal manera que logremos ver dónde
se están dando mayores signos de cambio y de regeneración.
Esto nos obliga a salir del lugar del "aquí no está
pasando nada".
Vivimos un
momento identificable con lo que algún analista político
había dicho: "Bolivia es una especie de Suiza".
A nivel político y electoral, todos los partidos son iguales,
los candidatos también, y todas las propuestas son semejantes.
Observamos
en el actual escenario electoral que nuevamente irrumpe la diferencia,
las distancias y las polarizaciones. Costa Obregón no es
Jaime Paz, Felipe Quispe no es Goni, Evo Morales no es Blattman;
hay enormes diferencias y grandes distancias entre los partidos
y los candidatos que están apareciendo en el escenario electoral
actual.
En este ámbito
también encontramos algunas novedades. Para empezar, estamos
pasando del Marketing Electoral, donde los partidos trataban de
captar las demandas de la ciudadanía y convertirlas en oferta,
a un Marketing Político.
El Marketing
electoral estaba centrado en demandas y ofertas y en hacer cruzar
estas variables; el Marketing Político significa la irrupción
de lo ideológico.
Nuevamente
este elemento hace su aparición en lo electoral y entra en
el debate. Pasamos de la Democracia como un juego competitivo a
la Democracia como guerra: tenemos ciertos partidos que están
contra la Democracia y que mantienen una actitud desleal hacia ella.
Esto implica cambios profundos.
Por otra parte, presenciamos la expansión de una lógica
que se ha venido reforzando y consolidando en el proceso de la Democracia;
los partidos dejaron de operar bajo un parámetro de continuidad
ideológica en el que buscaban hacer alianzas y convocar a
gente compatible con su ideología.
Hoy en día
vemos una lógica de sumatoria de personalidades. En efecto,
lo que buscan los partidos políticos son personalidades con
prestigio y credibilidad a partir de las cuales se pueda convocar
a la ciudadanía.
Esto nos está
llevando a que se acuda a figuras sólo por la popularidad
que tienen, por tanto vivimos una unidimensionalización de
la popularidad. Personas que despiertan simpatía en la ciudadanía
son muy apetecibles; no importa qué ideas ni qué visión
tengan de Bolivia, su capital es el ser famoso.
Tenemos como
ejemplo el caso de Fernando Espinoza, el presentador de Los Principales,
convocado por el MNR, o el de Ulises Hermosa; no sé si ellos
tienen una ideología en particular, o algún proyecto.
Asimismo, se advierte por otra parte la irrupción de los
periodistas en la arena política.
De esta manera la política se trivializa; se convoca a estas
personas con popularidad, cosa que nos hace pensar que estamos en
manos de nuestra retaguardia intelectual. Las personas que realmente
piensan y pueden tener una visión del país se están
siendo relegadas, porque en los escenarios en los que se manejan
no hay cámaras ni pantallas.
Creo que los
movimientos sociales han permitido que ciertos partidos y determinados
líderes entren en el escenario político, y que otros
salgan o que por lo menos vean aminorada su presencia. CONDEPA sale
del escenario, UCS da la impresión de que saldrá también.
ADN detiene de cierta forma su caída.
Algunos partidos
logran sobrevivir, parecen tener una perspectiva de crecimiento,
como es el caso del MNR, el MIR y la NFR, que gracias al manejo
de las campañas tienen una perspectiva "promisoria".
Los que entran,
tal el caso de Quispe, Costa Obregón, Blattman, lo hacen
con enorme simpatía, pero parece suceder que ingresan por
el techo y acaban en el sótano. El desafío de estos
partidos radica en lograr detener este proceso de descenso.
De esta manera,
los partidos tradicionales tienden a subir mientras que los nuevos
tienden a bajar. Esto tiene que ver fundamentalmente con la competencia
y la experiencia en el manejo de las campañas electorales.
Asimismo, nos
encontramos con algunas paradojas interesantes, por ejemplo el caso
del MIR. Este partido parece haber perdido el encanto, ese canto
de sirenas que lo convertía en seductor. Curiosamente un
partido autodenominado de izquierda es poco atractivo para figuras
que son de izquierda; curiosamente la izquierda plantea opciones
que no van con dicha tendencia. Joaquino por ejemplo no se alía
con este partido, que es lo que uno podría esperar, y se
va con el NFR. Chunka Gutiérrez tampoco lo hace, y se une
con el MNR. El MBL, que podría volver a su seno materno con
el MIR hace alianza con el MNR. Alejo Véliz se va también
a otro lado. Estas figuras de izquierda prefieren alternativas de
otra índole.
El NFR se vislumbra como un partido seductor, y en alguna medida
también el MNR, aunque en menor intensidad que en 1993. Los
nuevos líderes y partidos que ingresan a la arena de lo político
como Blattman, Felipe Quispe o Evo Morales, se presentan algo "solitarios",
con una incapacidad de formar coaliciones entre ellos y de atraer
nueva gente. Es un claro ejemplo lo que le acaba de pasar a Evo
Morales: su candidato a la vicepresidencia renuncia, y además
de una manera muy pública, lo que hace el acto en demasía
bochornoso.
Ya para señalar
un panorama prospectivo, creo que dependiendo como se manejen los
juegos, nos podremos encontrar con un escenario negativo o positivo.
En principio todo parece apuntar hacia el encuentro con uno negativo.
Por una parte
tenemos el tema del abstencionismo; parece ser que dicha conducta
en estas elecciones va a ser la mayor que haya tenido la democracia,
factor que por supuesto deslegitima al sistema democrático.
A diferencia
de lo que vivimos antes, no tenemos una competencia dentro de los
partidos de carácter centrista o centrípeto, más
bien empezamos a tener una competencia centrífuga.
Los partidos
están tratando de diferenciarse hacia los extremos, a polarizarse,
de tal manera que esto no contribuye al desarrollo electoral. Empezamos
a ver la fragmentación del voto que hará que el tema
de la gobernabilidad de la futura coalición de gobierno sea
mucho más turbulenta.
Asimismo la
presencia de los conflictos sociales pondrá a prueba al nuevo
gobierno, es ahí donde se encuentra el gran desafío.
Los conflictos sociales no solamente deslegitiman al sistema democrático,
sino también erosionan a la propia sociedad.
Hemos visto la emergencia de partidos desleales a la democracia,
es decir, aquellos que la cuestionan y plantean otras alternativas,
tema pode demás peligroso.
Nuestra democracia
no vive un buen momento, y esto lo sabemos porque esta forma de
gobierno funciona muy bien cuando se disputan cosas secundarias,
existiendo un consenso sobre lo esencial. Dicho en otros términos,
se trata de que no se dispute el valor y la viabilidad de la democracia.
Hoy en día el campo de batalla comienza a ser esta última;
hay quienes creen que no va más y que hay que plantearse
otra opción. Hay así un nuevo espacio de confrontación
bastante radical, que también erosiona nuestro sistema democrático.
En cuanto a
una mirada más positiva, creo que si la nueva coalición
de gobierno tiene la capacidad responsiva frente a los movimientos
sociales, de integrar demandas y de dar respuestas de manera eficaz
y legítima, la democracia puede encontrar una nueva perspectiva.
De tal manera que, este arco que parece retornar en este neo izquierdismo
hacia posturas radicales, puede encontrar una inflexión y
la democracia una reserva de oxígeno. Esto depende de la
madurez y conciencia de los partidos leales a dicho sistema y la
disponibilidad de hacer cambios por él.
Si los partidos
pierden de vista esta perspectiva probablemente tengamos en dos
años una inestabilidad crónica, y vivamos así
permanentemente. Así, surgen estas ideas de nación
indígena y asamblea constituyente que en la medida que cobren
mayor fuerza y vigor, realmente lograrán poner en jaque a
nuestra democracia.
En este escenario
de movimientos sociales es posible que nuestra democracia se quiebre,
pero también podemos lograr que se fortalezca y se haga de
elementos mucho más participativos e integradores, si dejamos
atrás esta miopía de lo visible y si los partidos
continúan dentro de esa lógica de la renovación.
Así, nuestro país puede tener una nueva perspectiva
hacia el futuro.
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