El
Gobierno redobló la seguridad en la zona de erradicación de coca.
La labor es complicada porque los cultivos están en varias zonas y
hasta en menos de 300 metros de terreno. Ayer un soldado sufrió una
herida en la cabeza debido a que una picota saltó de su mango y
golpeó la nuca del conscripto. Aunque deben resistir el sofocante
calor y los bichos, están bien alimentados, Todos quieren terminar
cuanto antes con los cocales y volver pronto a su hogar.
Iván Canelas, enviado
especial de La Razón a Isinuta.- Con miedo a los cazabobos y a las
emboscadas, pero decididos, los soldados de la Fuerza de Tarea
Conjunta (FTC) continúan con la erradicación de cultivos de coca
en la región de Isinuta, en los sindicatos 2 de Agosto e Ismael
Montes, entre otros.
Los conscriptos dejaron
la mitad de las picotas y empuñaron sus fusiles para defenderse de
cualquier agresión, aunque ello significa disminuir las 40
hectáreas erradicadas al día a sólo unas 20.
Sin embargo, la fortuna
les acompañó este martes cuando el soldado Johnny Cáceres, de 18
años, sufrió una herida en la cabeza cuando la picota saltó del
mango de madera y fue dar con su nuca. El accidente le costó al
conscripto dos puntadas en la cabeza, luego de que fuera evacuado
hasta el cuartel de Chimoré.
CON MÁS SEGURIDAD
Los
soldados iniciaron la faena a las 06.00 de la mañana, luego de que
se levantaran a las 05.00 al toque de la corneta. Bien desayunados,
café con dos panes y mantequilla, en dos grupos Verde Alfa y Verde
Beta y en camiones caimanes, ingresaron al Sindicato 2 de Agosto por
un angosto camino de tierra, alrededor de 20 kilómetros.
Con mayores sistemas de
seguridad, con soldados a los costados del camión apuntando sus
armas a la maleza y en apronte, los erradicadores llegaron a la
zona.
Los dos grupos, cada uno
integrado por unos 99 hombres, de los cuales el 50 por ciento estaba
destinado a prestar seguridad y medir las plantaciones, erradicaron
al menos unas cinco hectáreas de coca sembrada hace cinco años.
Las plantas fueron arrancadas desde la raíz, bajo un sofocante
calor y poco mosquito gracias a que noche antes había llovido.
Mientras los
erradicadores procedían a destruir las plantaciones, otro grupo se
ubicaba a unos 10 metros del lugar para prestar seguridad, algunos
miembros de la Policía Ecológica rastrillaron unos 50 metros a la
redonda y personal de Direco, conocidos como los
"lobitos", midió las plantaciones que se iban a
erradicar.
Muchas de las
plantaciones de coca están ocultas no sólo entre maleza, sino
debajo de grandes árboles, como protegidas en forma natural de
cualquier observación desde el aire. Cada uno de los soldados tiene
asignada una zanja y procede a destruir las plantaciones. En algunos
casos, el trabajo es muy rápido, empero, se debe ingresar a pie a
otras zonas para proseguir con la labor.
Los soldados afirman
estar bien alimentados, pero, como es natural en estos casos, con
miedo, debido a que se puede pisar en cualquier momento un cazabobo
o sentir un disparo que procede de bosque adentro.
Con una polera verde o
café descolorida, botas de combate, pantalón militar y la picota
al hombro, los soldados ingresan todos los días a erradicar los
cultivos de coca, afectados también por la época de calor y por
los bichos que no dan tregua.
Un ataque de abejas
Los
conscriptos dicen haber sufrido hace una semana un ataque de abejas,
también en la región de la zona San Silvestre, al extremo que uno
de ellos, el que más picadura tenía, sufrió varios días con
altas temperaturas.
La mayor parte de estos
soldados tiene práctica en el uso de la picota para la
erradicación. Dos golpes son suficientes para sacar un planta
joven, de un año y menos, pero entre cinco a seis significan
erradicar cocales antiguos, con troncos gruesos y de una vida entre
cuatro a cinco años.
Estos conscriptos debían
cumplir su misión de tres meses en noviembre, sin embargo, se
deberán quedar hasta el 5 de diciembre más o menos para acabar con
las 1.300 hectáreas que todavía quedan en el trópico.
El capitán Guido Cuentas
Vargas, a cargo de la compañía Verde Alfa, afirma que la
erradicación terminará en diciembre y los soldados podrán
retornar a sus casas.
Luego de esa ardua faena,
los soldados retornaron al campamento cerca a las 13.00, donde les
esperaba una sopa de fideo y un picante de pollo. De postre un
yogurt. Doña Carmen Rosa Cano es la encargada de alimentar a los
soldados de los nueve grupos.
El menú es preparado
semanalmente e incluso es supervisado por una dietista, que se
encarga de velar por la alimentación de los conscriptos. Este
miércoles comerán un chicharrón de pollo y de postre tendrán
gelatina. Después de almorzar los soldados se dedican a descansar
en sus carpas, donde se encuentran entre tres a cuatro camillas y su
ropa en mochilas. La tarde está dedicada a algunas charlas, a lavar
ropa y hacer algo de deporte.
Para ingresar a la zona
de erradicación se debe ir hasta Eterazama, luego se ingresa por un
camino empedrado hasta Santa Rosa y pasando por cinco ríos se llega
hasta Isinuta, donde está el campamento de los soldados.
Mientras erradicaban en
el Sindicato 2 de Agosto, un grupo de comunarios, un hombre, tres
mujeres y dos niños estaban observando de lejos la acción militar.
Luego afirmaron que los cocales no eran de ellos.
El jefe de esa familia,
quien no quiso dar su nombre, dijo que se dedica a cultivar arroz y
maní que se produce en la región y que lleva hasta Villa Tunari
los domingos y obtiene mínimas ganancias. Aunque afirma que no es
productor de coca, revela que con la producción de cocales los
campesinos ganan mejor y es la única forma de ganar "algo de
dinero".
Después de la emboscada
sufrida en el sector de Zudáñez, los soldados erradicadores tienen
la orden de disparar ante cualquier provocación. Pero han pedido al
ministro de Gobierno, Guillermo Fortún, y al ministro de Defensa,
general Oscar Vargas, que les doten de más equipos para su mayor
seguridad. Hay la promesa.