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(25/10/2000)
(La Razón)

Erradicación: hay orden de disparar

Ya esán en el Chapare. El ministro de Gobierno Guillermo Fortún saluda a oficiales "Cóndores Satinadores". Autoridades militares informaron que la Escuela de Cóndores de Sanandita sólo espera instrucciones para ingresar al trópico cochabambino.


El Gobierno redobló la seguridad en la zona de erradicación de coca. La labor es complicada porque los cultivos están en varias zonas y hasta en menos de 300 metros de terreno. Ayer un soldado sufrió una herida en la cabeza debido a que una picota saltó de su mango y golpeó la nuca del conscripto. Aunque deben resistir el sofocante calor y los bichos, están bien alimentados, Todos quieren terminar cuanto antes con los cocales y volver pronto a su hogar.

Iván Canelas, enviado especial de La Razón a Isinuta.- Con miedo a los cazabobos y a las emboscadas, pero decididos, los soldados de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) continúan con la erradicación de cultivos de coca en la región de Isinuta, en los sindicatos 2 de Agosto e Ismael Montes, entre otros.

Los conscriptos dejaron la mitad de las picotas y empuñaron sus fusiles para defenderse de cualquier agresión, aunque ello significa disminuir las 40 hectáreas erradicadas al día a sólo unas 20.

Sin embargo, la fortuna les acompañó este martes cuando el soldado Johnny Cáceres, de 18 años, sufrió una herida en la cabeza cuando la picota saltó del mango de madera y fue dar con su nuca. El accidente le costó al conscripto dos puntadas en la cabeza, luego de que fuera evacuado hasta el cuartel de Chimoré.

CON MÁS SEGURIDAD

Los soldados iniciaron la faena a las 06.00 de la mañana, luego de que se levantaran a las 05.00 al toque de la corneta. Bien desayunados, café con dos panes y mantequilla, en dos grupos Verde Alfa y Verde Beta y en camiones caimanes, ingresaron al Sindicato 2 de Agosto por un angosto camino de tierra, alrededor de 20 kilómetros.

Con mayores sistemas de seguridad, con soldados a los costados del camión apuntando sus armas a la maleza y en apronte, los erradicadores llegaron a la zona.

Los dos grupos, cada uno integrado por unos 99 hombres, de los cuales el 50 por ciento estaba destinado a prestar seguridad y medir las plantaciones, erradicaron al menos unas cinco hectáreas de coca sembrada hace cinco años. Las plantas fueron arrancadas desde la raíz, bajo un sofocante calor y poco mosquito gracias a que noche antes había llovido.

Mientras los erradicadores procedían a destruir las plantaciones, otro grupo se ubicaba a unos 10 metros del lugar para prestar seguridad, algunos miembros de la Policía Ecológica rastrillaron unos 50 metros a la redonda y personal de Direco, conocidos como los "lobitos", midió las plantaciones que se iban a erradicar.

Muchas de las plantaciones de coca están ocultas no sólo entre maleza, sino debajo de grandes árboles, como protegidas en forma natural de cualquier observación desde el aire. Cada uno de los soldados tiene asignada una zanja y procede a destruir las plantaciones. En algunos casos, el trabajo es muy rápido, empero, se debe ingresar a pie a otras zonas para proseguir con la labor.

Los soldados afirman estar bien alimentados, pero, como es natural en estos casos, con miedo, debido a que se puede pisar en cualquier momento un cazabobo o sentir un disparo que procede de bosque adentro.

Con una polera verde o café descolorida, botas de combate, pantalón militar y la picota al hombro, los soldados ingresan todos los días a erradicar los cultivos de coca, afectados también por la época de calor y por los bichos que no dan tregua.

Un ataque de abejas

Los conscriptos dicen haber sufrido hace una semana un ataque de abejas, también en la región de la zona San Silvestre, al extremo que uno de ellos, el que más picadura tenía, sufrió varios días con altas temperaturas.

La mayor parte de estos soldados tiene práctica en el uso de la picota para la erradicación. Dos golpes son suficientes para sacar un planta joven, de un año y menos, pero entre cinco a seis significan erradicar cocales antiguos, con troncos gruesos y de una vida entre cuatro a cinco años.

Estos conscriptos debían cumplir su misión de tres meses en noviembre, sin embargo, se deberán quedar hasta el 5 de diciembre más o menos para acabar con las 1.300 hectáreas que todavía quedan en el trópico.

El capitán Guido Cuentas Vargas, a cargo de la compañía Verde Alfa, afirma que la erradicación terminará en diciembre y los soldados podrán retornar a sus casas.

Luego de esa ardua faena, los soldados retornaron al campamento cerca a las 13.00, donde les esperaba una sopa de fideo y un picante de pollo. De postre un yogurt. Doña Carmen Rosa Cano es la encargada de alimentar a los soldados de los nueve grupos.

El menú es preparado semanalmente e incluso es supervisado por una dietista, que se encarga de velar por la alimentación de los conscriptos. Este miércoles comerán un chicharrón de pollo y de postre tendrán gelatina. Después de almorzar los soldados se dedican a descansar en sus carpas, donde se encuentran entre tres a cuatro camillas y su ropa en mochilas. La tarde está dedicada a algunas charlas, a lavar ropa y hacer algo de deporte.

Para ingresar a la zona de erradicación se debe ir hasta Eterazama, luego se ingresa por un camino empedrado hasta Santa Rosa y pasando por cinco ríos se llega hasta Isinuta, donde está el campamento de los soldados.

Mientras erradicaban en el Sindicato 2 de Agosto, un grupo de comunarios, un hombre, tres mujeres y dos niños estaban observando de lejos la acción militar. Luego afirmaron que los cocales no eran de ellos.

El jefe de esa familia, quien no quiso dar su nombre, dijo que se dedica a cultivar arroz y maní que se produce en la región y que lleva hasta Villa Tunari los domingos y obtiene mínimas ganancias. Aunque afirma que no es productor de coca, revela que con la producción de cocales los campesinos ganan mejor y es la única forma de ganar "algo de dinero".

Después de la emboscada sufrida en el sector de Zudáñez, los soldados erradicadores tienen la orden de disparar ante cualquier provocación. Pero han pedido al ministro de Gobierno, Guillermo Fortún, y al ministro de Defensa, general Oscar Vargas, que les doten de más equipos para su mayor seguridad. Hay la promesa.

 





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