Actualización: Lun, 25 / Ene / 2016 1:44 pm
Lunes, 25 / Ene / 2016
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Tradición: La Alasita alimenta deseos con miniaturas

Miles de personas acudieron el domingo (24 denero) a la Feria de la Alasita, un evento donde cada año los bolivianos adquieren en miniatura lo que desean en realidad y en la que el "Ekeko", el dios andino de la abundancia, promete que nada faltará a quienes le rindan pleitesía.

Tradición: La Alasita alimenta deseos con miniaturas
Miniaturas del Ekeko, dios de la abundancia, expuestas 'Feria de la Alasita' en la ciudad de La Paz. EFE

"¡Dólares, bolivianos, dólares!" pregona una mujer a la entrada de la Feria. No regenta una casa de cambio, sino que ofrece minúsculas réplicas de billetes de dólar, euros o la divisa local, bolivianos, porque el "vil metal" suele ser la miniatura más demandada.

Bajo el calor seco de un sol que quema a 3.600 metros de altitud, los ofrecimientos de mercancías de todo tipo, comida y refrescos saturan la vista y el oído, mientras que el olor a incienso y carboncillo utilizado por los chamanes aimaras ("yatiris") en sus rituales anticipan la mística del evento.

Y es que de nada sirve adquirir la versión en miniatura de los deseos -desde viviendas a autos, computadoras, maletas que simbolizan un viaje o certificados de buena salud- si éstas no son, antes de dejar la feria, "bendecidas" por un "yatiri".

Mientras unos comerciantes ofrecen casitas con jardín, una grabación publicita machaconamente financiación para vivienda aprovechando "la abundancia de las Alasitas".

A día de hoy, las tradicionales artesanías de yeso, hojalata y vidrio compiten con figuras de plástico fabricadas en China o Perú que representan diversos iconos de la cultura global -desde los Simpson hasta Star Wars- y planes de financiación para quien no lo confía todo a la suerte de las miniaturas.

En la feria se puede encontrar todo lo que desea: desde fajos de billetes por 5 dólares -"tiene 200.000 dólares", justifica la vendedora- hasta automóviles y viviendas, pasando por certificados de salud, maletas con pasaporte y títulos universitarios: "la profesión completa", pregonan.

Hay quien compra billetes para tener dinero durante el año y quien los regala a todo el que pasa porque tiene deudas que pagar.

A quien busca pareja se le regalan gallos y gallinas -obsequio habitual al presidente Evo Morales, que permanece soltero-, mientras que quien ya está casado pero no tiene hijos recibe pequeñas "wawas" o bebés.

Es el caso del alcalde paceño, el opositor Luis Revilla, quien junto con su esposa recorrió la feria repartiendo pequeños billetes rodeado de medios de comunicación y visitantes, a menudo jaleado por los suyos y en alguna ocasión desafiado por cánticos de apoyo al presidente Morales.

En "Alasitas" uno puede casarse, divorciarse e incluso ambas cosas en cuestión de minutos, con certificados y anillos de por medio y en pequeñas cabinas habilitadas para la ceremonia de "matrimonito" y "divorcito".

Quien desea un terreno puede adquirir la réplica del certificado de propiedad -con nombre y datos propios- y quien tiene que empezar a construir puede comprar palas, carretillas y ladrillos.

Una vez se tiene la casa, no faltan sacos de patatas de pocos centímetros ni latas de conservas reducidas a un cuarto de su tamaño para que haya siempre qué llevarse a la boca.

También hay quien busca el automóvil, por cuya réplica artesana en hojalata se puede llegar a pagar más de veinte dólares.

Es el caso de Vladimir Alconz, militar de profesión, que porta una camioneta roja con billetes adheridos "para que tampoco falte la plata" y su título de propiedad.

"El año pasado construí mi casa, ahora me falta la movilidad", explica a Efe, y adelanta que ese tipo de vehículo le servirá también para un proyecto inmobiliario que emprenderá en 2017.

La tradición dice que para que los deseos se cumplan es necesaria la "challa" del "yatiri", que bendice los objetos comprados por un precio que puede oscilar entre uno y diez dólares en función del alcance de los deseos.

Carboncillo, incienso, vino, alcohol medicinal, hojas de coca y pétalos de flor son los ingredientes más habituales de tal ofrenda a la naturaleza.

Lucía Quispe, que lleva a su nieto a la espalda, explica que la ceremonia viene a ser "una misa a la Pachamama". Acompaña a su hija Viviana Chuquimia y a su marido Álvaro Mamani, que acaban de "challar" una casa y un coche.

La pareja compró el título del terreno en la feria del año pasado y más tarde lo adquirieron. "Se hace realidad siempre que tengas fe", aseguran.

Juan Rosse, que construye réplicas de viviendas hechas de yeso y vidrio, relata a Efe que necesita un mes para terminar dos docenas y las vende, según el tamaño, a entre seis y diez dólares, al tiempo que lamentan que productos de plástico compitan con precios bajos.

La Alcaldía anunció que este año decomisará productos de imitación y otros que no estén relacionados con el evento "para mantener la esencia de la fiesta". EFE/Carlos Heras

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