Actualización: Dom, 26 / Feb / 2017 12:42 pm
Domingo, 26 / Feb / 2017
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Miles disfrutaron del Carnaval de Oruro

Miles de espectadores, nacionales y extranjeros, disfrutaron de las danzas y la música propias del folclore boliviano en la entrada del Carnaval de Oruro.

  • Entrada del Carnaval de Oruro hizo vibrar a propios y extraños

    Danza de la diablada. ABI

  • Entrada del Carnaval de Oruro hizo vibrar a propios y extraños

    Fraternidad de caporales. ABI

  • Entrada del Carnaval de Oruro hizo vibrar a propios y extraños

    Danza de la morenada. EFE

  • Entrada del Carnaval de Oruro hizo vibrar a propios y extraños

    Danza Waca Waca en la entrada del Carnaval de Oruro, patrimonio de la humanidad. ABI

  • Entrada del Carnaval de Oruro hizo vibrar a propios y extraños

    Danza de los tinkus. ABI

  • Entrada del Carnaval de Oruro hizo vibrar a propios y extraños

    Las bandas también hicieron las delicias del público. ABI

Alrededor de medio centenar de fraternidades bailaron, a lo largo de todo el día y la noche, en un recorrido de aproximadamente tres horas hasta el santuario de la Virgen Candelaria del Socavón, a la que honraron y agradecieron por permitirles bailar.

La mayoría, incluso, entran a la iglesia -situada sobre una mina- de rodillas en señal de penitencia.

Entre los bailes más populares están las morenadas, las diabladas, los tinkus o los caporales, que se acompañan de respectivas músicas típicas y atuendos particulares para hombres y mujeres.


Danza de los tinkus. ABI

Las principales avenidas orureñas, como la 6 de agosto, fueron habilitadas con gradas a los dos lados, que el público puede pagar para ver desfiles de músicos y grupos de baile y donde la gente también come y bebe en abundancia.

El Carnaval de Oruro tiene el estatus de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, declarado por la Unesco en 2001.

Oruro, situada en el Altiplano boliviano a 3.700 metros sobre el nivel del mar, se considera la capital folclórica de Bolivia y su carnaval es, tras el de Río de Janeiro, el más famoso de Sudamérica.

El carnaval refleja las tradiciones de diversas zonas de Bolivia, que se expresan a través de trajes, bordados, máscaras y, por supuesto, coreografías, ritmos y canciones de diversos tipos.


Caporales. ABI

La ciudad de Oruro era un importante centro de ceremonias precolombino y fue refundada por los españoles en el siglo XVI.

Desde el siglo XIX, Oruro es un destacado centro minero y los propios trabajadores de las minas realizan rituales y sacrificios a la Pachamama o Madre Tierra al comienzo de la festividad.

Esta mezcla de influencias y el sincretismo de las tradiciones indígenas con las festividades religiosas han propiciado una extraordinaria riqueza a la fiesta del lugar.

El baile emblemático del desfile folclórico es la Diablada, que representa la llegada de Lucifer a la Tierra y su enfrentamientos con los ángeles, mientras que El tinku es un enérgico baile que recrea un ritual preincaico del mismo nombre que consiste en una lucha cuerpo a cuerpo entre hombres y mujeres.


Morenada. EFE

Los caporales son una danza creada a finales de los años 60 y que se inspira en el capataz de los esclavos negros traídos al Altiplano -que se conocía como caporal- y tiene fuertes influencias de la saya afroboliviana, un baile típico de la comunidad de este origen que reside mayoritariamente en los Yungas.

Otras danzas, que proceden de regiones de todo el país, reflejan las culturas campesinas locales y diversas manifestaciones del choque con los colonizadores españoles y la llegada de esclavos africanos.

"No somos un pueblo que sobrevive como una hoja botada al viento, sino un árbol", dijo desde Oruro a los medios el vicepresidente del país, Álvaro García Linera, en referencia a la fortaleza de las tradiciones propias del país.

El Carnaval de Oruro, una ciudad del Altiplano que tiene alrededor de 265.000 habitantes, atraerá a alrededor de 426.000 turistas y generará más de 15 millones de dólares de movimiento económico, según previsiones del Ministerio de Cultura. EFE

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