El Cementerio General, un camposanto de contrastes
Escriben: Fernando Cabezas - Juan Manuel Miranda.

Es el cementerio más antiguo de Bolivia ya que para contar pasajes de su historia deberá remontarse al siglo 19, concretamente a 1831, cuando las autoridades de la ciudad de La Paz vieron la necesidad de construir un lugar donde enterrar a sus muertos. Para este propósito se escogió un lugar alejado, allí donde el mundanal ruido de la emergente república no llegue... donde nada perturbe la paz de las tumbas. El cementerio creció al mismo ritmo que crecía la ciudad de La Paz, pero lo que nunca imaginaron los mentores del proyecto fue que ese camposanto atraería a tanta gente que hoy por hoy se encuentra en el centro de uno de los barrios mas populosos de la capital.

El Cementerio General está construido sobre una superficie de nueve hectáreas, alberga entre sus muros a cerca del 10% de la población de La Paz ya que sus libros tienen registrados a 103.000 fallecidos.

Una vez adentro, el transeúnte podría perderse con facilidad en medio del enmarañado de veredas, mitad piedra y mitad asfalto, que sirven de conexión entre los cuarteles. El contraste del lugar se muestra tal como ocurre en la sociedad: mausoleos de lujo frente a tumbas olvidadas, sin flores y con inscripciones que el tiempo ya se encarga de hacerlas cada vez menos legibles. Y es que las caprichosas diferencias sociales parecieran permanecer hasta después de la muerte.

Así, con esas diferencias, el Cementerio General termina siendo la morada final de ricos y pobres, de moros y cristianos, cuentan que antes de tener un cementerio público, hasta morirse generaba conflicto.

Pero no por público o laico, la sociedad deja de rendir homenajes a quienes en vida sobresalieron o hicieron de su vida un apostolado en favor de la sociedad y por ello, visitar el cuartel de notables es reencontrarse con la misma historia republicana.

Allí, en esas tumbas se leen nombres notables de ex presidentes de la república como Agustín Morales o Juan Luis Gutiérrez Granier, del educador Daniel Sánchez Bustamante, del pintor Cecilio Guzmán de Rojas y del periodista José Carrasco, por citar algunos de los 128 ataúdes.

LAS GUERRAS QUE DEJARON HUELLA

La estatua de un soldado destaca por sobre los demás mausoleos en uno de los costados del extenso cementerio que parece no tener fin. A sus pies están los restos de 80 militares que dieron sus vidas por Bolivia en la Guerra del Pacífico y en la campaña del Acre.

En el pasillo que rodea al pabellón estaban enterrados los fusiles mauser de la época que fueron utilizados en los campos de batalla. Hace más de cinco años que los fusiles fueron retirados de sus lugares y enviados al Colegio Militar del Ejército con el fin de realizar el respectivo mantenimiento de los mismos, más después de ese traslado nadie dio razón de dónde se encuentran realmente ya que no fueron devueltos hasta la fecha.

La Guerra del Chaco también dejó sus huellas en el cementerio puesto que la Asociación de Muertos e Inválidos de aquella campaña también tiene su lugar. Dos grandes edificaciones emergen en medio de los pabellones vetustos y desgastados cuyos nichos parecen sufrir el paso del tiempo y el olvido, donde las flores secas y los vidrios rotos suelen ser un común denominador.

Una de las edificaciones es la de los Evadidos del Paraguay. En su interior se encuentran los restos de los caballeros de la Orden al Mérito Militar. Una cruz se encuentra situada en el techo del pabellón cuyos muros permanecen firmes a pesar del desgaste.

La otra de las edificiones es la de la Sociedad de Beneméritos de la Patria por las campañas del Acre realizadas entre 1900 y 1903. El monumento a un soldado que porta una bayoneta y cuya mirada está perdida en el horizonte se encuentra instalado a la entrada del edificio como si se tratara de un guardián.

En torno a estos pabellones, un sinfín de mausoleos y tumbas de gran estilo y variada composición se encuentran ubicadas lado a lado con sus respectivos ángeles de la guarda que, en estado de alerta u oración, se encuentran parados en la cabecera de las tumbas.

CONGLOMERADO DE NICHOS

Pasadas las fronteras de los pabellones y mausoleros de granito donde yacen personajes de alta alcurnia de la sociedad paceña, surgen con elevada modestia los nichos del grueso de los ciudadanos de clase media y baja que albergan a sus seres queridos.

El Administrador del Cementerio, Hugo Criales, indicó que de acuerdo al último inventario que se realizó existen 53.454 nichos alquilados, tanto los rotativos como los perpetuos; 19.412 sarcófagos, 16.781 nichos establecidos en mausoleos y 13.797 sarcófagos con las mismas características. Asimismo, los registros dan cuenta de que existen 959 edificaciones.

Criales manifestó que el alquiler de los nichos, tanto rotativos como perpetuos, tiene un costo anual de 52 bolivianos y que por cada tres años pueden pagar la suma al contado de 145 bolivianos, monto que a su entender no es caro, pero a pesar de eso recibe quejas de parte de la ciudadanía.

El alquiler se lo realiza por un tiempo de 8 años, después de cumplido ese periodo los restos pueden ser exumados o cremados. En caso de que los parientes no reclamen por sus difuntos se procede a colocarlos en una fosa común.

Asimismo, y como parte del trabajo de refacción que se viene realizando en el lugar, Criales comentó que el sistema de combustión del horno crematorio será sustituido, en vez del diesel será utilizado el gas, un combustible menos contaminante.

Los años no pasan en vano dice un viejo refrán. Y esa parece ser la nota característica de este cementerio, que es el más grande de la ciudad y el lugar donde las almas de gran parte de la población paceña encuentran alivio y descanso.



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