Sucre. Nostalgias de los festejos de antaño
Carnaval 2006 - Viernes, 24 / Feb / 2006
(La Paz - La Razón)
El varón arroja cascarones a las manos de las damas que se encuentran en los balcones. Lo hace una y otra vez, hasta que ellas atrapan los cascarones para luego devolverlos al cuerpo del carnavalero o estrellarlos contra el suelo.
Así, con galantería y alegría por doquier, se vive aún el carnaval en la ciudad de Sucre, de la misma forma que los últimos dos siglos.
Los carnavaleros recorren las calles con canastas repletas de globos, cascarones perfumados, mixtura y ´chofas´, antifaces de alambre que forman una red protectora de los ojos.
Y la fiesta deja escuchar todas sus notas en medio de una lluvia de serpentina, mientras los jóvenes piden a gritos: ´¡Agua, más agua!´ y las comparsas se pasean por la ciudad sin limitaciones de ningún tipo y un entusiasmo desbordante.
Los grupos de varones salen a las calles y plazas en busca de otros similares de señoritas. Cuando los encuentran, comienzan un intenso juego con cascarones, globos y agua para, finalmente, acabar todos bailando piezas musicales del repertorio tradicional de Sucre: cuecas y bailecitos carnavalescos con un ritmo siempre vivo.
Comida e invitaciones
Cuentan los entendidos que la época de oro del carnaval sucrense transcurrió entre 1920 y 1950.
Hoy, como en aquellos días, en algunas casas las señoras y jovencitas esperan a los varones bailarines con emparedados de palta con locoto, picantes de pollo y lengua, y rica chicha chuquisaqueña.
Cada agrupación escribe versos en honor a la fiesta e igual de ingeniosas son las invitaciones que circulan entre los amigos. Las hay en forma de telegramas, de cohetes espaciales e incluso de recibos.
La preparación de todo, entre tanto, demanda reuniones frecuentes de los carnavaleros, pues la fiesta ya se anuncia con bombos y platillos desde comienzos de año.
Bailando en Los Tarambanas
Como ex integrante de Los Tarambanas, Luis Ríos Quiroga destaca que ´cada uno se disfraza con la locura de su tema´, y que en las fiestas siempre aflora el ingenio.
Para la época de carnaval, cada comparsa nombra un padrino que se encarga de recibir a los ahijados en su casa. ´Mientras, ya en los desfiles, las bandas, con instrumentos metálicos como trombones y trompetas, acompañan a la comparsa y tocan la diana cuando el carnavalero trepa las paredes en busca de una joven y le ofrece el cascarón con el agua perfumada para luego romperlo en sus divinos senos´, ilustra Luis Ríos Quiroga.
Además de bandas, acompañan a los grupos intérpretes de sicuris, músicos con sus zampoñas que insuflan vitalidad a los danzantes.
Las comparsas de antes
Con todo, para Ríos Quiroga, tradicionalista además de antiguo miembro de Los Tarambanas, comparsas eran las de antes. ´Recuerdo, por ejemplo, la de los Mao-Mao, cuyos integrantes se veían todo desnudos, embadurnados con betún negro, al estilo de los salvajes Mao-Mao´.
Otros grupos de carnavaleros vestían un frac con tela de gangocho y, en lugar del sombrero de copa, se colocaban un tarro de leche.
Los Sonámbulos, por su parte, solían lucirse con variados pijamas.
Los Matasuegras llevaban cartones gruesos, bien doblados, que se conocían como matasuegras porque en los días de carnaval golpeaban con éstos en la cabeza de las suegras.
Los Pamperos, mientras tanto, bailaban vestidos con una indumentaria similar a la de los gauchos.
Y todos acompañaban a los carros alegóricos, algunos mofándose incluso de las autoridades.
Recuperar lo perdido
´Estas costumbres, sin embargo, están perdiendo terreno´, lamenta Ronald Poppe, quien siempre ha estado vinculado a la cultura en Sucre como gestor. Y Ríos Quiroga lo confirma. ´El espíritu carnavalero del sucrense está cambiando con la adopción de otros ritmos, como morenadas o cullaguadas. Yo no estoy en contra, pero sería bueno que cada cosa fuera en su lugar´.
Afortunadamente, pese al deterioro de la tradición local, gracias a un esfuerzo conjunto entre la radioemisora La Plata y la Alcaldía de Sucre desde hace siete años se viene rescatando todo lo perdido a través de una interesante fiesta, que lleva por nombre ´El Carnaval de Antaño con la Juventud de Hoy´.
Esta actividad, relativamente nueva, se caracteriza sobre todo por su carácter intergeneracional.
Así, su impulsor, Willy Rentería, ha conseguido resucitar las coplas y las estudiantinas o tunas —grupos numerosos que entonan canciones en las que resalta un toque irreverente de humor—, que en su origen estaban formadas por universitarios acompañados por las notas de acordeones, guitarras, charangos, mandolinas y panderetas.
Asimismo, al alborozo general por los ritmos contagiosos de estos grupos se suma la ´guerra de las flores´, originada por las ´damas de antaño´ desde las carrozas antiguas que circulan alrededor de la plaza principal. Estas damas lucen vestidos de la época, mientras que los varones se ponen elegantes galeras.
Casi dos semanas de fiesta
El calendario del carnaval tradicional sucrense tiene sus fechas bien marcadas, y algunos de los actos aún se mantienen inalterables.
Dos jueves antes de los días de festejo se celebra el ´Tata Compadres´ en la capilla de Santa Rita, en la calle Ravelo. Antes se sacaba en procesión al Cristo Crucificado, en medio de un reventar de cohetillos.
El jueves siguiente es la fiesta de las Comadres. ´Son características de ambos días las tortas, arreglos florales, frutales y el consumo de vino y chicha´, dice Ronald Poppe.
Luego llegan el ´sábado y domingo de tentación´, días en los que antaño se organizaba un baile de máscaras y disfraces en un teatro.
Los lunes y martes de carnaval se consagran al juego con cascarones. Y antiguamente, finalizando el martes, la ciudad se aprestaba a despedir las celebraciones escuchando el tañido de la campana mayor de la Catedral, que anunciaba el comienzo de la Cuaresma.
Aun así, los festejos siguen el Miércoles de Ceniza, conocido por los sucrenses como ´Miércoles de El Tejar´, zona alejada del centro histórico a donde todavía se traslada gente de la ciudad para compartir una jornada de fiesta con los lugareños. En otro tiempo, Poppe cuenta que allí se iniciaba una guerra de papangos (un fruto verde).
Un día más tarde se celebra el ´Jueves de Surapata´, zona tradicional de Sucre donde las pandillas carnavaleras se despiden de esta fiesta al son de salaques, bailecitos y cuecas, sin olvidar tomar la infaltable chicha kulli o morada.
Finalmente, desde hace ya algunos años se termina el carnaval en la Villa de Yotala, a unos 15 kilómetros de Sucre, con una entrada de comparsas, rondas y pandillas.
Al ritmo de las letras
Con todo, no es en los bailes ni desfiles donde se refleja el espíritu del carnaval, sino en las letras de las canciones, pues en ellas está escrita la conducta del carnavalero.
Así, según reflejan las canciones, éste acostumbra a ponerle los cuernos a su consorte. Y la tonadilla titulada ´Vaca, vaca tu papá, toro, toro tu mamá´ alude a la actitud de algunos maridos de disfrazar a la mujer de toro rabioso adornada con cuernos.
Por otro lado, la llamada ´Olton, Whisky, Gin´ habla de los licores que en pocas dosis ayudan a combatir el resfriado: ´Olton, Whisky, Gin, rey de los licores, te queremos, te adoramos, todos los mamones. ¡Sí señor! Todos los mamones´, canta el profesor Ríos Quiroga.
Y en su voz quebrada queda recogida el alma y las esencias de los carnavales de otra época.
El varón arroja cascarones a las manos de las damas que se encuentran en los balcones. Lo hace una y otra vez, hasta que ellas atrapan los cascarones para luego devolverlos al cuerpo del carnavalero o estrellarlos contra el suelo.
Así, con galantería y alegría por doquier, se vive aún el carnaval en la ciudad de Sucre, de la misma forma que los últimos dos siglos.
Los carnavaleros recorren las calles con canastas repletas de globos, cascarones perfumados, mixtura y ´chofas´, antifaces de alambre que forman una red protectora de los ojos.
Y la fiesta deja escuchar todas sus notas en medio de una lluvia de serpentina, mientras los jóvenes piden a gritos: ´¡Agua, más agua!´ y las comparsas se pasean por la ciudad sin limitaciones de ningún tipo y un entusiasmo desbordante.
Los grupos de varones salen a las calles y plazas en busca de otros similares de señoritas. Cuando los encuentran, comienzan un intenso juego con cascarones, globos y agua para, finalmente, acabar todos bailando piezas musicales del repertorio tradicional de Sucre: cuecas y bailecitos carnavalescos con un ritmo siempre vivo.
Comida e invitaciones
Cuentan los entendidos que la época de oro del carnaval sucrense transcurrió entre 1920 y 1950.
Hoy, como en aquellos días, en algunas casas las señoras y jovencitas esperan a los varones bailarines con emparedados de palta con locoto, picantes de pollo y lengua, y rica chicha chuquisaqueña.
Cada agrupación escribe versos en honor a la fiesta e igual de ingeniosas son las invitaciones que circulan entre los amigos. Las hay en forma de telegramas, de cohetes espaciales e incluso de recibos.
La preparación de todo, entre tanto, demanda reuniones frecuentes de los carnavaleros, pues la fiesta ya se anuncia con bombos y platillos desde comienzos de año.
Bailando en Los Tarambanas
Como ex integrante de Los Tarambanas, Luis Ríos Quiroga destaca que ´cada uno se disfraza con la locura de su tema´, y que en las fiestas siempre aflora el ingenio.
Para la época de carnaval, cada comparsa nombra un padrino que se encarga de recibir a los ahijados en su casa. ´Mientras, ya en los desfiles, las bandas, con instrumentos metálicos como trombones y trompetas, acompañan a la comparsa y tocan la diana cuando el carnavalero trepa las paredes en busca de una joven y le ofrece el cascarón con el agua perfumada para luego romperlo en sus divinos senos´, ilustra Luis Ríos Quiroga.
Además de bandas, acompañan a los grupos intérpretes de sicuris, músicos con sus zampoñas que insuflan vitalidad a los danzantes.
Las comparsas de antes
Con todo, para Ríos Quiroga, tradicionalista además de antiguo miembro de Los Tarambanas, comparsas eran las de antes. ´Recuerdo, por ejemplo, la de los Mao-Mao, cuyos integrantes se veían todo desnudos, embadurnados con betún negro, al estilo de los salvajes Mao-Mao´.
Otros grupos de carnavaleros vestían un frac con tela de gangocho y, en lugar del sombrero de copa, se colocaban un tarro de leche.
Los Sonámbulos, por su parte, solían lucirse con variados pijamas.
Los Matasuegras llevaban cartones gruesos, bien doblados, que se conocían como matasuegras porque en los días de carnaval golpeaban con éstos en la cabeza de las suegras.
Los Pamperos, mientras tanto, bailaban vestidos con una indumentaria similar a la de los gauchos.
Y todos acompañaban a los carros alegóricos, algunos mofándose incluso de las autoridades.
Recuperar lo perdido
´Estas costumbres, sin embargo, están perdiendo terreno´, lamenta Ronald Poppe, quien siempre ha estado vinculado a la cultura en Sucre como gestor. Y Ríos Quiroga lo confirma. ´El espíritu carnavalero del sucrense está cambiando con la adopción de otros ritmos, como morenadas o cullaguadas. Yo no estoy en contra, pero sería bueno que cada cosa fuera en su lugar´.
Afortunadamente, pese al deterioro de la tradición local, gracias a un esfuerzo conjunto entre la radioemisora La Plata y la Alcaldía de Sucre desde hace siete años se viene rescatando todo lo perdido a través de una interesante fiesta, que lleva por nombre ´El Carnaval de Antaño con la Juventud de Hoy´.
Esta actividad, relativamente nueva, se caracteriza sobre todo por su carácter intergeneracional.
Así, su impulsor, Willy Rentería, ha conseguido resucitar las coplas y las estudiantinas o tunas —grupos numerosos que entonan canciones en las que resalta un toque irreverente de humor—, que en su origen estaban formadas por universitarios acompañados por las notas de acordeones, guitarras, charangos, mandolinas y panderetas.
Asimismo, al alborozo general por los ritmos contagiosos de estos grupos se suma la ´guerra de las flores´, originada por las ´damas de antaño´ desde las carrozas antiguas que circulan alrededor de la plaza principal. Estas damas lucen vestidos de la época, mientras que los varones se ponen elegantes galeras.
Casi dos semanas de fiesta
El calendario del carnaval tradicional sucrense tiene sus fechas bien marcadas, y algunos de los actos aún se mantienen inalterables.
Dos jueves antes de los días de festejo se celebra el ´Tata Compadres´ en la capilla de Santa Rita, en la calle Ravelo. Antes se sacaba en procesión al Cristo Crucificado, en medio de un reventar de cohetillos.
El jueves siguiente es la fiesta de las Comadres. ´Son características de ambos días las tortas, arreglos florales, frutales y el consumo de vino y chicha´, dice Ronald Poppe.
Luego llegan el ´sábado y domingo de tentación´, días en los que antaño se organizaba un baile de máscaras y disfraces en un teatro.
Los lunes y martes de carnaval se consagran al juego con cascarones. Y antiguamente, finalizando el martes, la ciudad se aprestaba a despedir las celebraciones escuchando el tañido de la campana mayor de la Catedral, que anunciaba el comienzo de la Cuaresma.
Aun así, los festejos siguen el Miércoles de Ceniza, conocido por los sucrenses como ´Miércoles de El Tejar´, zona alejada del centro histórico a donde todavía se traslada gente de la ciudad para compartir una jornada de fiesta con los lugareños. En otro tiempo, Poppe cuenta que allí se iniciaba una guerra de papangos (un fruto verde).
Un día más tarde se celebra el ´Jueves de Surapata´, zona tradicional de Sucre donde las pandillas carnavaleras se despiden de esta fiesta al son de salaques, bailecitos y cuecas, sin olvidar tomar la infaltable chicha kulli o morada.
Finalmente, desde hace ya algunos años se termina el carnaval en la Villa de Yotala, a unos 15 kilómetros de Sucre, con una entrada de comparsas, rondas y pandillas.
Al ritmo de las letras
Con todo, no es en los bailes ni desfiles donde se refleja el espíritu del carnaval, sino en las letras de las canciones, pues en ellas está escrita la conducta del carnavalero.
Así, según reflejan las canciones, éste acostumbra a ponerle los cuernos a su consorte. Y la tonadilla titulada ´Vaca, vaca tu papá, toro, toro tu mamá´ alude a la actitud de algunos maridos de disfrazar a la mujer de toro rabioso adornada con cuernos.
Por otro lado, la llamada ´Olton, Whisky, Gin´ habla de los licores que en pocas dosis ayudan a combatir el resfriado: ´Olton, Whisky, Gin, rey de los licores, te queremos, te adoramos, todos los mamones. ¡Sí señor! Todos los mamones´, canta el profesor Ríos Quiroga.
Y en su voz quebrada queda recogida el alma y las esencias de los carnavales de otra época.
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