54% de agresiones a menores serían cometidas por familiares
Sociedad - Miércoles, 20 / Oct / 2010
(PIEB)
Un estudio señala que el 54 por ciento de las agresiones sexuales a adolescentes y niñas han ocurrido en sus casas y han sido cometidas por algún familiar; la investigación analiza esta problemática, aborda sobre las consecuencias provocadas en las víctimas y el rol de las instituciones comprometidas con la atención de estos casos.
El trabajo ha sido desarrollado por el investigador Miguel Gonzales Gallegos, en el marco de las políticas institucionales de la organización INFANTE. Promoción Integral de la Mujer y la Infancia de Cochabamba, y apoyado por Eng Bréck Mat Latäinamerika.
El libro titula “El injusto yugo de las circunstancias. Análisis del sub-registro de la problemática de la violencia sexual” y hace un análisis de la problemática de la violencia sexual desde un enfoque epistemológico positivista. A este trabajo le antecede el libro “El arte de hacer sufrir. Un análisis del delito de Trata de personas en torno al establecimiento de la violencia y de sus relaciones de poder”.
El estudio ha sido abordado desde diferentes disciplinas, legal, psicológica, antropológica, social, filosófica y aun, psiquiátrica.
El estudio ha sido realizado en base a las experiencias de las víctimas de violencia sexual, entre adolescentes y niñas de 12 a 18 años, albergadas en la Casa de Acogida de la Adolescente-Camino a la Alegría.
Las estadísticas indican que, entre el 2006 y 2009, la Casa atendió a 96 adolescentes: 14 en 2006; 22 en 2007; 28 en 2008 y 32 en 2009, con problemática de abuso sexual, y 34 quedaron embarazadas como resultado de la violencia.
El 54 por ciento de los casos ocurrieron en su casa siendo los agresores padrinos, padres, padrastros, tíos, hermanos, primos, abuelastros; el 31 por ciento corresponde a alguna persona conocida de la familia, como el amigo, el vecino, profesor, dueños de casa, y en el 15 por ciento de los casos es un desconocido.
La primera parte del libro hace el análisis de la problemática y cita testimonios “desgarradores” de las menores, y según los relatos, tres aspectos se ponen de manifiesto: “Algo se ha dañado, algo se ha silenciado y algo se ha sometido”.
Los agresores han generado diferentes estrategias y mecanismos para silenciar a las víctimas como el chantaje y amenazas de más agresiones.
“Lo que rescata la investigación es la importancia de la ruptura del silencio después de haber sido víctima de violencia sexual y es otro capítulo que analiza este tema”.
Otra parte del texto aborda las consecuencias provocadas por la agresión, de tipo social y psicológica, en muchos casos, traumas difíciles de superar sin ayuda profesional.
Uno de los capítulos señala el rol de las instituciones estatales, particulares y otras dedicadas a atender la problemática. Se enfatiza en la “revictimización” por las mismas autoridades y funcionarios en el tratamiento de la menor al someterla a diferentes procesos y declaraciones.
“Creo que el aporte de esta investigación brinda a los investigadores elementos conceptuales para la construcción de marcos teóricos para entender esta problemática desde diferentes enfoques” explica el autor.
Indica que el título de la obra fue tomado de una frase de Fedor Dostoiesvki. “Creo que encierra una paradoja, una contradicción porque se habla de un yugo y puede ser interpretado como un hecho estructural pero también hablamos de las circunstancias como un hecho coyuntural. Estas dos fuerzas se ven confrontadas en el transcurso de la investigación y creemos que es injusto este yugo, porque las circunstancias históricas, sociales, políticas, y culturales han hecho que muchas mujeres sean vulnerables a este tipo de violencia”.
El trabajo ha sido desarrollado por el investigador Miguel Gonzales Gallegos, en el marco de las políticas institucionales de la organización INFANTE. Promoción Integral de la Mujer y la Infancia de Cochabamba, y apoyado por Eng Bréck Mat Latäinamerika.
El libro titula “El injusto yugo de las circunstancias. Análisis del sub-registro de la problemática de la violencia sexual” y hace un análisis de la problemática de la violencia sexual desde un enfoque epistemológico positivista. A este trabajo le antecede el libro “El arte de hacer sufrir. Un análisis del delito de Trata de personas en torno al establecimiento de la violencia y de sus relaciones de poder”.
El estudio ha sido abordado desde diferentes disciplinas, legal, psicológica, antropológica, social, filosófica y aun, psiquiátrica.
El estudio ha sido realizado en base a las experiencias de las víctimas de violencia sexual, entre adolescentes y niñas de 12 a 18 años, albergadas en la Casa de Acogida de la Adolescente-Camino a la Alegría.
Las estadísticas indican que, entre el 2006 y 2009, la Casa atendió a 96 adolescentes: 14 en 2006; 22 en 2007; 28 en 2008 y 32 en 2009, con problemática de abuso sexual, y 34 quedaron embarazadas como resultado de la violencia.
El 54 por ciento de los casos ocurrieron en su casa siendo los agresores padrinos, padres, padrastros, tíos, hermanos, primos, abuelastros; el 31 por ciento corresponde a alguna persona conocida de la familia, como el amigo, el vecino, profesor, dueños de casa, y en el 15 por ciento de los casos es un desconocido.
La primera parte del libro hace el análisis de la problemática y cita testimonios “desgarradores” de las menores, y según los relatos, tres aspectos se ponen de manifiesto: “Algo se ha dañado, algo se ha silenciado y algo se ha sometido”.
Los agresores han generado diferentes estrategias y mecanismos para silenciar a las víctimas como el chantaje y amenazas de más agresiones.
“Lo que rescata la investigación es la importancia de la ruptura del silencio después de haber sido víctima de violencia sexual y es otro capítulo que analiza este tema”.
Otra parte del texto aborda las consecuencias provocadas por la agresión, de tipo social y psicológica, en muchos casos, traumas difíciles de superar sin ayuda profesional.
Uno de los capítulos señala el rol de las instituciones estatales, particulares y otras dedicadas a atender la problemática. Se enfatiza en la “revictimización” por las mismas autoridades y funcionarios en el tratamiento de la menor al someterla a diferentes procesos y declaraciones.
“Creo que el aporte de esta investigación brinda a los investigadores elementos conceptuales para la construcción de marcos teóricos para entender esta problemática desde diferentes enfoques” explica el autor.
Indica que el título de la obra fue tomado de una frase de Fedor Dostoiesvki. “Creo que encierra una paradoja, una contradicción porque se habla de un yugo y puede ser interpretado como un hecho estructural pero también hablamos de las circunstancias como un hecho coyuntural. Estas dos fuerzas se ven confrontadas en el transcurso de la investigación y creemos que es injusto este yugo, porque las circunstancias históricas, sociales, políticas, y culturales han hecho que muchas mujeres sean vulnerables a este tipo de violencia”.
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