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Miércoles, 14 / Dic / 2016
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El hombre que plantó su propio ataúd y otras historias de Álex Ayala

Tags: Literatura

Armado de paciencia, empatía y un conocimiento cada vez más amplio de la realidad boliviana -también de la más recóndita, la que no se puede alcanzar por carretera-, Ayala busca con su tercer libro consolidarse como uno de los cronistas iberoamericanos de referencia.

El hombre que plantó su propio ataúd y otras historias de Álex Ayala
El cronista hispano boliviano Álex Ayala, autor del libro de crónicas "Rigor Mortis" (Editorial Cuervo, 2016). EFE

La primera vez que el cronista hispano boliviano Álex Ayala (Vitoria, 1979) visitó el pueblo de Suri buscaba una historia sobre Pedro Domingo Murillo, héroe de la independencia de Bolivia que tuvo una casa allí, pero se encontró con un hombre que había plantado, literalmente, su propio ataúd.

Catorce años después, la historia de ese hombre es una de las dieciséis que hacen "Rigor Mortis" (Editorial Cuervo), el libro de crónicas escritas por Ayala, resultado de viajes por la geografía boliviana para contar relatos de muerte y vida, enfermedad y supervivencia, curiosos de la muerte y personas temerosas.

"En ese momento de irnos, todo el mundo está indefenso: la familia, los amigos", dijo el periodista en una entrevista con Efe.

Casi todas las historias que encontró comparten el rasgo de la indefensión hacia ese último tránsito.

Llegó el día! Presentamos Rigor mortis de @ayalachronicles en la @cinematecabol a las 19.
Habrá vino, música, booktrailer, ceremonia y más! pic.twitter.com/kz3IYS0TSq

— Editorial El Cuervo (@EditorElCuervo) December 14, 2016

Una de las más fascinantes es la de ese hombre que plantó un árbol para construir el ataúd donde debían enterrarlo. Ayala se topó con él cuando todavía estaba vivo. El anciano le invitó a su casa para mostrarle una obra de teatro que había escrito, inspirado en Pedro Domingo Murillo, y Ayala se encontró con que, sobre una viga de la habitación donde tenía el escritorio, reposaba un ataúd.

"Detrás de eso había una historia más grande, que es cómo se muere en un pueblo donde no hay funerarias, donde apenas hay carpinteros", explicó Ayala. Para llegar a Suri desde La Paz hacen falta diez horas por los caminos deficientes y el relieve difícil. En línea recta, los dos lugares solo distan cien kilómetros.

Desde que conoció a ese anciano, que murió en 2005, hasta la publicación de "Rigor Mortis", han pasado catorce años. Por el camino, Ayala ha reconstruido esa historia a través de la familia del hombre y la gente que lo conoció. También escribió otros dos libros y reunió las quince crónicas y perfiles que completan el que será presentado en La Paz en las próximas horas.

"Este es un libro de muertos, pero también un libro de vivos", explicó el autor, para quien "escribir sobre la muerte también es una forma de entender cómo vivimos y el país en el que suceden todas esas cosas".

En "Rigor mortis" hay una crónica sobre la vejez en una isla del lago Titicaca -Pariti- donde ya no quedan jóvenes, otra sobre una mujer que se hizo adicta a acudir a funerales, una más sobre la música funeraria o incluso el seguimiento del día a día de una funeraria.

"Para hacer esa historia yo me pasé yendo a la funeraria una semana entera", detalló. Allí vio cómo metían un cuerpo en formol, presenció un velorio, fue a un entierro, pasó una noche con un cuidador y acompañó a los empleados a buscar clientes a la morgue.

"Una vez que tú estás ahí te comienzas a volver alguien invisible, la gente empieza a relajarse y a hacer bromas", aclaró.

Podría pensarse que, para un periodista de aspecto notoriamente europeo y orgullosa condición de tartamudo, no es fácil hablar sobre la muerte con los habitantes de los lugares más recónditos de Bolivia.

Pero el cronista esperaba, visitaba a sus protagonistas "cuando ya se había curado la resaca de ese instante más crítico donde uno lo que busca es el silencio y la intimidad".

Ayala, que reside en La Paz desde 2001, recorrió las regiones bolivianas del Altiplano, los Yungas, Tarija, Cochabamba y Santa Cruz para contar estas historias.

Para ello recibió la ayuda de la beca Michael Jacobs de periodismo de viajes, una ayuda creada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Latinoamericano en memoria del escritor y cronista de viajes del mismo nombre, fallecido en 2014.

El prólogo del libro lo firma John Lee Anderson, uno de los más destacados maestros del periodismo narrativo, amigo del autor y del desaparecido Jacobs (1952-2014).

"Era algo muy natural que hiciera el prólogo", dijo Ayala.

A "Rigor Mortis" le preceden "La vida de las cosas" (2015), y "Los mercaderes del Ché" (2012), ambos publicados por la editorial El Cuervo en Bolivia y Libros del K.O. en España. EFE/Carlos Heras

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