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Mutantes
Julio Aliaga Lairana*
9
de abril. Hace 50 años que el MNR imaginó
una nación. Los hijos de esa revuelta propusimos
desde el MIR o el MBL un Estado distinto. Los nietos,
UCS y NFR, se pensaron modernos y concluyeron populistas.
Soy un Condorito cualquiera frente a la lista de candidatos
y falta de propuestas: ¡Exijo una explicación!
Guy Baijot es un colega belga que trabaja o trabajaba
vaya uno a saber dirigiendo la cooperación
con el Tercer Mundo en la Universidad Católica
de Lovaina; se especializó en las transformaciones
que sacudieron al mundo a mediados del siglo XX y destacó
de entre sus escudriñamientos los procesos revolucionarios
de Bolivia y de Argelia. De esas investigaciones (muchas
de las cuales no se publicaron aún en castellano)
data la presunción teórica de los
mutantes: alguien que en el fondo quiso ser distinto,
pero terminó prácticamente igual.
Dícese
en los diccionarios que la expresión mutación
hace referencia a la variedad que está en proceso
de diferenciación espontánea, con relación
a la especie estable que le dio origen; así de
complicado debe ser, puesto que Baijot discierne que
lo que aquí se produjo hace 50 años no
fue una revolución, sino una mutación.
Cambiar de un país atrasado, racista, discriminador,
excluyente, ajeno al mercado mundial capitalista, incapaz
de copar y controlar su vasto territorio, monoexportador,
gobernado por una oligarquía (la rosca que decían
nuestros abuelos) que controlaba a los partidos políticos
de una democracia a medias, a otro como el contemporáneo.
¿Lo ven así de claro? No se trató
de un cambiazo como nos hicieron creer; lo que se logró
fue una pura mudanza.
Tampoco
se trata de exagerar. Si comparamos el país con
el que les tocó vivir a nuestros bisabuelos,
veremos que sí se ha progresado y que no podemos
desvalorizar esas permutas. A partir de los años
80 hemos logrado importantes reformas institucionales,
estabilizar la economía, garantizar las libertades
básicas y alcanzar un nivel mínimo de
pluralismo y tolerancia. Pero también hemos retrocedido
sobre el terreno de los avances de 1952 (véanse
otro latifundio improductivo o la descapitalización
y el entreguismo del patrimonio nacional acumulado con
tanta privación durante decenios) porque no hemos
podido vencer los complejos de una elite-camarilla enroscada
en sí misma, con mentalidad falsamente aristocrática,
que no nos representa y que nos impide un mínimo
de confianza y transparencia, a más de trabar
la velocidad del cambio que demandan nuestro atraso
y nuestras necesidades.
No
es una crítica al MNR solamente, aunque lo sea
fundamentalmente. La crítica es contra las listas
de candidatos porque demuestran que a pesar de los esfuerzos
de cambio, ninguno de los partidos con expectativas
reales desmanteló la red de negocios y el entramado
de contactos que sujetan dentro suyo los intereses de
esta vieja/nueva rosca. Sé que no es el momento
de criticar tan duro al sistema de partidos porque resta
votos y legitimidad, pero el argumento no pudo convencerme
sobre las cosas que no se deben decir en campaña
electoral; si uno tiene el privilegio de escribir en
los periódicos y que alguien lo lea, no debe
perder toda la objetividad y menos la sinceridad o la
decencia.
Sin
desconocer avances y apoyando irrestrictamente la democracia
con todas sus limitaciones, hay que reconocer que no
hubo revolución y que somos parte constitutiva
de una cruel mutación. Estamos de retrogradación
a las órbitas de origen: ¡¡¡Que
Viva la Revolución!!!
*Julio
Aliaga Lairana es sociólogo.
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