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Periodistas guillotina
Rafael Archondo*
Se
han dicho tantas falsedades durante esta campaña
electoral, que ya proliferan las ganas de que tanto
atropello a la mesura concluya de una bendita vez.
Sin
embargo, y en contra de lo que podría suponerse,
en esta ocasión no fueron sólo los candidatos
los encargados de ventilar verdades chuecas, sino nosotros,
los periodistas, y con intenso respaldo de pantallas,
micrófonos o papel entintado. Quizás sintiéndonos
abanderados de la bronca popular contra las movidas
partidarias o porque sencillamente ya nos sentimos celestiales,
ahora, como nunca antes, los periodistas hemos interferido
en la lucha proselitista haciendo alarde de una dilatada
ignorancia histórica y una adicional falta de
respeto por la inteligencia del público. Quien
crea que exagero, que pase y vea este breve inventario
de primicias noticiosas difundidas en las
últimas semanas. Por mala suerte o casualidad,
todos los golpes recaen sobre el mismo personaje, lo
cual parece clasificarlo como mi defendido. Aclaro que
no corro aquí a socorrer a ritmo oportunista
al jefe de NFR. Me limito a expresar mi alarma por la
manera en que estamos tirando por la borda lo poco que
nos queda de credibilidad informativa.
He
aquí la lista prometida. Primera bomba:
Manfred salió de una escuela de torturadores.
Sí, por allí pasaron cientos de militares;
nefastos, anodinos e ilustres, gente que siguió
las órdenes gringas al pie de la letra y otra
que se mofó de ellas.
En
cualquier caso, salir de la Escuela de las Américas
no convierte a nadie en torturador o asesino, de la
misma forma que estudiar en Chicago no transforma al
egresado en un pinochetista de fuste. Segunda investigación:
Existen 10 coincidencias entre Reyes Villa y la
secta Moon o la secta Moon bendijo a Manfred.
Hasta donde se sabe, una coincidencia es eso, algo fortuito
o azaroso, y en el caso de las 10 citadas, cada una
de ellas era una conexión tan endeble como gratuita.
De acuerdo a las carnavalescas analogías, comprar
lotes y revenderlos o decirle hermano al
prójimo ya tipificaba a cualquier vecino como
seguro devoto del reverendo Sun Myung Moon. Aun si Manfred
hablara coreano, aquél no sería indicio
alguno de su pertenencia a religiones anti-comunistas.
De igual forma, que los sacerdotes Moon quieran colgar
afiches del Bombón en sus iglesias no amerita
ni dos párrafos en un diario.
Tercer
ejemplo: Manfred es un hombre nueve-partidos.
Con aquella afirmación, los periodistas creían
descubrir la kilométrica carrera del capitán
por todas las siglas del espectro político boliviano.
Fue otra patraña de grueso calibre.
De
acuerdo al silogismo periodístico, Manfred habría
sido militante de Condepa, el MIR, la UCS y hasta del
PDC sólo porque en algún momento selló
alianzas con esas organizaciones. Bajo ese
razonamiento,
todo pacto es transfugio y todo acuerdo es inconsecuencia.
Con semejante valoración, los medios nos están
empujando a pensar que sólo quien impulsa el
conflicto es portador de dignidad.
En
ocasión del enfrentamiento entre varios periodistas
y el ex ministro Guiteras, se me ocurrió escribir
que dado que las instituciones no fiscalizan las andanzas
de los políticos, buena era la mirada vigilante
de los medios. Pero, ¿qué ocurre cuando
los diarios encubren mutua y solidariamente su impunidad
de criterio?, ¿no habrá que fundar entonces
una especie de Defensor del Lector y del Difamado cotidiano?
*Rafael
Archondo es periodista.
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