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Quiroga X2
Puka
Reyesvilla*
Con
dos actitudes claras respecto de sendos temas, el Presidente
ha retomado la proyección de estadista que parecía
escurrírsele en el ejercicio de la primera magistratura.
Lo que afirmo no entraña zalamería alguna,
sino sindéresis.
La
contundente réplica a las ocurrencias de Alberto
Costa Obregón y sus eventuales adláteres,
por un lado, y la pertinente respuesta al Departamento
de Estado de Estados Unidos, por otro, hacen de don
Jorge Quiroga un hombre digno del cargo que ocupa; esto,
más allá de que se pueda o no compartir
la orientación ideológica que tiene.
Es
de público conocimiento que un trío de
candidatos asistémicos sugirió por
decir lo menos la peregrina idea de disolver inmediatamente
el Poder Legislativo, prorrogar a JFQ (se entiende ya
en calidad de dictador) en la presidencia hasta tanto
se reúna una asamblea que asuma todos los poderes.
Obviamente, todo esto pasándose por las gónadas
la convocatoria a elecciones generales, es decir, suspendiéndolas.
¿Habrá
pasado por la afiebrada cabecita del señor Costa
Obregón la posibilidad de que el Primer Mandatario
se hiciera tentar por un plus a su gestión echando
por tierra la difícil construcción democrático-institucional
en la que Bolivia se encuentra encaminada?
Con
convicción, el señor Presidente salió
al paso manifestando que se debe como nos debemos
otros demócratas convencidos al Estado
de Derecho y no al "estado de capricho" encarnado
por políticos neotradicionales, entendiendo que
lo tradicional en Bolivia han sido las asonadas y los
golpes de estado.
El
efecto de la reacción presidencial no se dejó
esperar: sus ocasionales socios dejaron solo al ex juez
quien, fiel a su estilo, ha radicalizado todavía
más sus delirios aunque cada vez tengan menor
eco. En términos de pedagogía de la democracia,
el gesto de Su Excelencia ha de entenderse como la afirmación
de la institucionalidad y la legalidad frente a la nostalgia
autoritarista.
Jorge
Quiroga también dio muestras de decisión
al descalificar ¿descertificar? las
observaciones que Estados Unidos hiciera al país
sobre la lucha contra las drogas. Sucede que el coloso
del norte no parece tener límite en su afán
de presionar en esta materia sin considerar que, a pesar
de las condiciones adversas, el alto costo social y
sus implicaciones económico financieras, Bolivia
prácticamente es un territorio marginal en el
narcotráfico, lo que no quiere decir que las
tareas de erradicación de la coca ilegal tengan
que interrumpirse.
Informe
mediante, el Gobierno boliviano le dice a su par estadounidense
que en lugar de criticar y presionar sobre supuestos
equívocos cumpla con lo que le toca, es decir,
apertura de mercados y reducción de la demanda
de droga que en metáfora grafitera se expresa
como "erradicar narices", cosa a la que el
Tío Sam no parece estar muy dispuesto.
Repito
que el asunto de la apertura de mercados no debe ser
comprendido como una graciosa concesión norteamericana;
se trata del derecho que tiene un país de venderle
su producción a otro en tanto ésta satisfaga
los patrones de calidad demandados, por tanto la renuencia
de Estados Unidos no puede ser vista sino como una clara
intención de estrangular a una nación
que ya ha sacrificado demasiado en nombre del combate
contra las drogas.
En
pocas palabras, Jorge Quiroga le ha dado un toque de
dignidad al "Plan Dignidad". Buen provecho,
Mr. Bush.
*Puka
Reyesvilla
es docente universitario.
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