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8 de diciembre, 2004
La lectura municipal
(La Paz - Bolivia.com)
Por esto resulta importante insistir en aquello del respeto a la primera mayoría. Las componendas en los concejos municipales no aportaron nada bueno a las alcaldías en el pasado. Todo lo contrario.
Se ha elogiado hasta el cansancio, y con sobradas razones, el espíritu democrático del pueblo boliviano expresado contundentemente en el referéndum del 18 de julio y ratificado el domingo en la elección municipal.
No cabe duda: la democracia en Bolivia ha crecido, y ha alcanzado una madurez que es únicamente mérito de una sociedad civil consciente de sus derechos y de sus obligaciones fundamentales.
Y, en este mismo escenario, también parece haber evolucionado el concepto que tienen los políticos, los eventuales candidatos —sean éstos parte de los tradicionales partidos o de las incipientes agrupaciones ciudadanas—, del ejercicio de los gobiernos municipales. Sucede que, como se ha visto hace un par de días, las reelecciones con amplia mayoría han sido frecuentes —son siete en ciudades capitales, de los nueve departamentos del país, a los que se añade la ciudad de El Alto—; y esto implica que el ciudadano, antes que al partido político o a la sigla, elige a la gestión. Esto es: las buenas gestiones son premiadas con la reelección. Sin más.
Esta constancia da lugar a varias lecturas. Por un lado, la evidente ”despolitización” de los espacios municipales —que es un logro del municipalismo y una evidencia de la importancia que le da el ciudadano al poder local—; y por otro, la confirmación de que el ejercicio del poder en los gobiernos municipales resulta ser —otra confirmación— de un cariz mucho más ético que el que se conoce en el Estado o en las instancias políticas del Parlamento.
¿Cuántas veces se reelige a un presidente? ¿Cuántas veces un alcalde puede ser reelecto? En las respuestas a estas interrogantes seguramente se develará este razonamiento.
Sucede, como es de conocimiento público, que en la figura de los alcaldes se privilegia ante todo la capacidad de gestión y si ése ha sido el logro de los candidatos que en las últimas elecciones resultaron reelectos, la opción es legítima, los mandatos inequívocos y los trances a los que se expusieron muchos gobiernos municipales en las anteriores gestiones serán definitivamente desterrados en bien de la ciudadanía y de las ciudades.
Por esto resulta importante insistir en aquello del respeto a la primera mayoría. Las componendas en los concejos municipales no aportaron nada bueno a las alcaldías en el pasado. Todo lo contrario, se registraron casos en los que el periodo edil transcurrió únicamente en medio de los conflictos irresueltos y, por ende, las necesidades de los municipios olvidadas o dormidas junto a las propuestas electorales. Esto no puede suceder. Por ello, para evitar empantanamiento y odiosos juegos de poder, es saludable que sean los ganadores —así sea por un margen menor al deseable— los que se hagan cargo de las alcaldías. Esto no excluye una fiscalización de parte de todos y cada uno de los miembros de los gobiernos municipales, pero aporta a la imprescindible gobernabilidad municipal.
Finalmente, en el escenario político, las sumas y restas continuarán por mucho tiempo. Ya se escuchan las voces que reviven o resucitan a determinados partidos políticos o líderes. Sin embargo, cabe insistir, si bien son interesantes las proyecciones, no se puede hacer una lectura nacional de lo que se registra en cada municipio. El domingo 5 de diciembre, Bolivia eligió, en cada uno de sus municipios, a sus autoridades locales y lo hizo identificando a personas, antes que nada.
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