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10 de julio, 2005

Unas 3.000 familias siembran su futuro junto al palmito

(El Nuevo Día)

Las semillas caen de las manos sobre las camas de aserrín. Con esta tarea empieza la producción del palmito en el trópico de Cochabamba, actividad que ha germinado en un modo de vida para tres mil familias que se dedican al cultivo del Bactris Gasipaes Kunth (nombre científico del alimento) y es una de las esperanzas de la economía nacional.

Pero, además, cada año el sector genera más de 2.300 empleos directos, que son el motor de las industrias procesadoras asentadas en la región.

Con estos alicientes y más las exportaciones que llegaron a cinco millones de dólares en 2004, el último Estudio de la Cadena Productiva del Palmito augura a Bolivia, en un futuro cercano, un lugar entre las principales naciones exportadoras del tallo.

Las exportaciones actuales alcanzan el tres por ciento del comercio mundial del palmito, pero el país puede triplicar esta cifra en los próximos cinco años, ya que cuenta con capacidad para procesar 138 mil cogollos por día en dos turnos, lo que en un año serían 29 millones. Eso significa que llegaría a exportar 680 mil cajas, con un valor estimado de 12,2 millones de dólares. Así lo dice un último estudio presentado por el Gobierno.

Este es un momento crucial para el sector palmitero que nació en los años ‘60, creció en los ‘80 y sobrevivió a finales de los ‘90 a la rebaja mundial de los precios, al cierre del mercado de Brasil -uno de los principales- y a la crisis de Argentina.

Pese a eso, y a las deficiencias en la calidad y competitividad, la cadena del palmito logró afianzar los mercados de Argentina, Chile, Francia, España, Estados Unidos e Israel. Y el año pasado

-gracias a la mejora de la calidad del producto- registró un total de 3.364 toneladas métricas exportadas. Y ahora tiene identificados otros mercados potenciales, como los países de la Unión Europea y Canadá.

Por supuesto, esto se traduce en fuentes de trabajo. Tres empresas procesadoras ubicadas en el trópico valluno consolidaron sus operaciones, garantizando una importante demanda de mano de obra calificada, proveedores de envases e insumos para el proceso de transformación de la palmera en conserva. Eso, sin mencionar los empleos indirectos que genera la cadena productiva en ocupaciones como la reparación y mantenimiento de maquinarias; transporte, servicios y comercio de insumos.

Sin embargo, aún hay brechas que salvar, tal es el caso de la baja productividad registrada entre los campesinos que se dedican al cultivo del palmito, que tiene que ver sobre todo con las dificultades para acceder a insumos a bajo costo. Ocurre también que los campesinos respondieron a una política de erradicación de la coca e incursionaron en la producción del palmito sin conocerla a fondo, por lo que hoy se enfrentan al bajo rendimiento de sus plantaciones por falta de cuidados apropiados.

Otra gran zanja es la situación del país; en un escenario social y político como el de 2003, el sector sólo puede aspirar a mantener sus niveles de productividad, mientras que con mayor estabilidad podría incrementar sus exportaciones en 50 por ciento.

El trópico no aprovecha su potencial

En el trópico de Cochabamba hay tierras como para que la palmera crezca a sus anchas, pero menos del 10 por ciento se utiliza en la producción del palmito.

Según el Instituto Boliviano de Tecnología Agropecuaria del Chapare, el área potencial es de, aproximadamente, 60 mil hectáreas, pero los datos del Proyecto Concade, comparados con los de las organizaciones de productores, hablan de sólo 4.271 hectáreas cultivadas hasta fines de marzo del año pasado. Luego, apenas el 10 por ciento de las familias de la zona poseen cultivos con superficies mayores a tres hectáreas (el 33,8 por ciento del total de plantaciones existentes). La mayoría de los núcleos familiares tienen entre una y tres hectáreas (41,2 por ciento de las plantaciones), mientras el 55,7 por ciento de los productores poseen superficies de cultivo de una o menos hectáreas (25 por ciento de la tierra cultivada).

Esta es una de las razones de la baja productividad de los campesinos, que se traduce en la imposibilidad de agrandar las tierras cultivadas y la alta dispersión de los cultivos.

Otras miradas

Mano de obra • En el caso de las empresas, un problema es la falta de mano de obra especializada, por lo que deben invertir tiempo y dinero en la capacitación de su personal.

El apoyo • A esto se suma el difícil acceso a insumos y créditos y la falta de políticas de Estado para apoyar esta producción, dice el Estudio.

El Estudio • Trabajaron los ministerios de Desarrollo Económico, de Asuntos Campesinos, el Programa de Desarrollo Alternativo Regional, la UPC y el Comité de Competitividad de la Cadena Productiva.

La producción del rico tallo busca nuevos horizontes

zonas • El Chapare es la región productora por excelencia. Hoy, Beni incursiona en este cultivo. La Paz y Santa Cruz tienen potencial.

El trópico de Cochabamba es, por excelencia, la región productora de palmito. La cadena productiva del fruto juega un importante papel en la generación de empleos en esta región de Cochabamba. De hecho, la demanda de mano de obra por hectárea de cultivo del tallo está estimada en 70 jornales por año, una vez establecido el cultivo, además de al menos cuatro jornales en la época de cosecha.

La tradición de la industria data de los años ‘60 y ahora se está extendiendo a otras regiones del país. En la provincia Vaca Díez del Beni, en los municipios de Guayaramerín y Riberalta, ya se inició el cultivo de Tembe (la palma americana de la que se extrae el alimento), alcanzando a la fecha una producción de alrededor de 2.300 frascos de 300 gramos de peso. En este caso, se trata de un impulso de la Organización Comunitaria de la Mujer Amazónica que ocupa a 58 familias, con una superficie de 40 hectáreas en producción. Otras áreas potenciales para el cultivo del palmito, por su clima y su terreno, se encuentran en el norte de La Paz, Santa Cruz, Beni y Pando.

Los datos hasta 2004 hablan de 4.271 hectáreas cultivadas en el trópico de Cochabamba. 3.938 están en manos de pequeños productores y 333 hectáreas son de propiedad de cinco empresas privadas que procesan palmito.

Cuatro de las industrias establecidas en el trópico de Cochabamba exportan más de 3.300 toneladas métricas, según datos al 2004 del Estudio Cadena Productiva del Palmito. Tres de ellas están consolidadas.

Se calcula que el sector generó el año pasado un ingreso cercano a los cinco millones de dólares. El valor de las inversiones supera los 10,6 millones de dólares.

El producto es atractivo para el mercado internacional. Bolivia lleva sus conservas a Estados Unidos, Argentina, Chile, Francia e Israel, con perspectivas de exportar a Europa y Canadá.




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