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20 de noviembre, 2005

Julio de la Vega, el poeta sopocacheño

(La Paz - La Razón)

Liliana Carrillo,
periodista

Julio de la Vega, Premio de Cultura, es un enamorado de Sopocachi que recuerda a su Gesta Bárbara como un grupo de poetas hualaychos.

A los discursos, siguieron las felicitaciones de amigos, y a éstas, la “interminable bulla” de nietos y nietas. “Es que no todos los días se gana un Premio Nacional”, comentaría después su esposa, mientras que el escritor galardonado, Julio de la Vega, declaraba: “Es un lugar común decir que no me lo esperaba; pero, realmente, no me lo esperaba”.

Poeta, narrador, dramaturgo, don Julio comparte, desde el miércoles, el título del Premio Nacional de Cultura con el arquitecto Juan Carlos Calderón “un amigo al que respeto mucho y que es sopocachense como yo”, comentó el autor de Cantango por dentro la mañana siguiente al anuncio. Sin prisas, en la comodidad su casa y escoltado de ejemplares de la cuarta edición de Matías, el apóstol suplente, el escritor habló de cine, política y literatura.

A la medalla Neruda, el Franz Tamayo, y otros homenajes como el festival de teatro que lleva su nombre, se suma el Premio Nacional.

Diré otra vez que ha sido una sorpresa, porque antes los premios estaban ligados a la línea política de los galardonados. Ahora no, yo no la tengo. Hace muchos años, cuando empecé a estudiar Derecho en Cochabamba, toda la universidad, todos los profesores, todos los amigos eran del PIR (Partido de la Izquierda Revolucionaria) y, por gravitación y por su programa democrático burgués, yo también; pero me jaló más la literatura.

¿Cómo supo que sería escritor?
La literatura ha cruzado y yo me la he encontrado como quien halla un tesoro, escarbando... así como es todo un encuentro que uno hace suyo; en este caso, bajo la idea de la educación de la literatura. Recuerdo que el primer poema que publiqué en La Razón, de Aramayo, fue uno dedicado al cuarto centenario de La Paz. Cuatro siglos atrás quedó la piedra se llamaba aquel poema y era visual, remontándose a la piedra fundadora de la ciudad. La imagen siempre me ha gustado quizás por mi afición al cine.

De referentes del cine, precisamente, está impregnada su obra: desde Cantango por dentro hasta La presa. ¿Conserva esa pasión cinéfila?
Era realmente una pasión, no me perdía estreno y además trabajaba como crítico de cine. Cuando podía, me prestaba una cámara para mirar nomás, porque me gustaba la manera en que ampliaba la realidad. Ahora me doy tiempo para ir al cine, pero al de lado (6 de Agosto) .

Lejos a la imagen solitaria del poeta ha integrado la segunda Gesta Bárbara, uno de los más importantes grupos literarios del país. ¿Qué le ha quedado de esa experiencia?
Lo de Gesta fue realmente un movimiento literario importante y además nos divertíamos mucho, éramos unos poetas hualaychos. El jefe de fila, Gustavo Medinacelli, descubrió en su casa revistas de Gesta Bárbara de 1918, la primera, donde habían poemas de su madre y eso lo llevó a fundar nuestra Gesta Bárbara que nació en La Paz y se expandió a otras ciudades. Yo, por ejemplo, fui a Cochabamba con el ánimo de fundar una filial; entonces cuando me encuentro con los escritores, les digo: “Vengo como adelantado”, como hacían los españoles, y me dicen: “Como adelantado ha llegado atrasado porque ya está fundada la Gesta Bárbara de Cochabamba”. La producción de todos era guardada por Gonzalo Vásquez, un poeta paceño que escribió el verso: “Este país tan sólo en su agonía”, que inspiró para Mariano Baptista a hacer un amplio análisis.

¿Y sigue la agonía del país?
Sigue la agonía del país y es resistente pues no para, pero tampoco avanza hasta anularnos.

¿Qué pasa en la literatura?
Ésa sigue sin agonía. Me gusta mucho el cuento, quizás porque nunca pude hacer uno; me parece muy conciso. Como dice mi amigo Armando Soriano, es una línea directa, una flecha y yo soy de las frases largas, de las metáforas, por la poesía. De los nuevos me gusta Juan Carlos Orihuela y me ha impactado una chica joven, Naira Corzón, que ha publicado el libro Salto mortal, que es en sí mismo una metáfora de la poesía.

Tras de los libros, los premios, ¿cuál es su siguiente reto?
Ya tengo la segunda parte del Cantango por dentro, Cantango 2 y hay un proyecto para publicar una antología de mi poesía. También quiero trasladarme al Montículo, que es donde llegué de muy niño, cuando venía de Charagua. Entonces mi primera impresión fue: “Árboles más, árboles menos, aquí me quedo”. Y ahí me quedaré.

Hombre de letras

Julio de la Vega • Nació en la ciudad de Santa Cruz en 1924. Es abogado y escritor.

Premios • En 1966 obtuvo el Premio de Poesía Tamayo y en 1969 una Mención en el Concurso de Novela Guttentag con Matías, el apóstol suplente. En 2003 recibió del gobierno chileno la medalla Neruda.

Libros • Ha publicado: Se acabó la diversión, La presa, en teatro y Amplificación temática , Temporada de líquenes y Poemario de exaltaciones, en poesía y las novelas Cantango por dentro y Matías, el apóstol suplente.



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