Bancos públicos: vuelta al futuro
(Gonzalo Chávez, economista)
La historia camina en círculos. Los bancos de desarrollo han vuelto a las agendas públicas de América Latina y de Bolivia.
Hasta 1992 tuvimos varios bancos públicos de fomento. Los bancos Minero y Agrícola se especializaron en créditos a los sectores productivos, y el Banco del Estado (BE) era una entidad comercial que recibía depósitos y brindaba servicios en toda Bolivia.
Los bancos de fomento diseñados para apoyar a pequeños productores, tanto del sector minero como agrícola, terminaron con carteras concentradas en clientes grandes. En los años setenta, el 87 por ciento de los préstamos fue para emprendimientos localizados en las tierras bajas (sobre todo Santa Cruz).
En los años ochenta, los créditos se distribuyeron de manera algo más equitativa en todo el país.
La banca estatal se cerró debido a problemas de corrupción, ineficiencia y fuerte presión de los organismos internacionales. Al final del ciclo de la banca estatal, el costo para el país fue de 77 millones de dólares.
El sistema privado bancario posterior tampoco no pudo democratizar el crédito a pesar que contó con los recursos para hacerlo. También mostró que era vulnerable a los malos manejos y la ineficiencia. Así lo demuestra el cierre del Banco de Cochabamba, el BBA y el Bidesa, que
nos costaron a los bolivianos algo como 150 millones de dólares. Así que aquí nadie puede cantar de gallito, sobre la superioridad de la propiedad pública o privada en materia bancaria. Sin embargo, cabe recordar que hemos avanzado significativamente en regulación y supervisión del sistema financiero, así lo atestigua la Superintendencia de Bancos y el Banco Central independiente.
Al recordar la historia cabe señalar que los bancos y otros mecanismos financieros están para canalizar los ahorros de un país, hacia las actividades productivas, grandes y pequeñas, para así generar riqueza y empleo. La creación de bancos no son más que medios y no fines en sí mismos.
Veamos cuáles son algunos de los desafíos de crear un nuevo banco de desarrollo.
El mercado financiero tiene muchas fallas y está repleto de riesgos. El nuevo banco público debería estar bajo la misma regla y supervisión de los bancos privados. Además, es deseable que la gerencia sea independiente de las influencias políticas, también sería útil que el banco tenga un directorio profesional. Los administradores deberían tener un apropiado sistema de incentivos. En suma, la nueva banca estatal debe contar con un gobierno corporativo transparente y eficiente. Esta es la única forma de otorgar garantías
para los que arriesguen su capital en el nuevo banco.
¿Cuál será el capital de arranque y cómo se garantizará recursos al banco? Aquí creo que hay enormes márgenes para innovar, tanto en la composición de su cartera como con los servicios que puede ofrecer. El banco a crearse debería tener la misión de juntar la política social con la productiva.
El capital de arranque podría tener múltiples fuentes, donaciones y préstamos internacionales blandos. También ha trascendido que se usarían los aportes de vivienda de los trabajadores. Una innovación sería que el nuevo banco reciba todos los recursos, tanto nacionales como externos, destinados a la política social. Por ejemplo, se podría crear un programa de incentivos para que nuestros jóvenes, especialmente los más pobres, terminen la secundaria. A partir de octavo año, toda vez que el grupo de jóvenes seleccionados pase de curso y se mantenga en el colegio, el Estado debería abrirles una cuenta a cada uno en el nuevo banco, y depositarles anualmente 200 dólares hasta que salgan bachilleres. Los recursos que se van acumulando deberían servir para dar créditos a las PYMES. Sólo cuando se gradúen, los jóvenes beneficiados podrán disponer de sus ahorros, sea a través de un crédito educativo para continuar estudios superiores
o para iniciar un emprendimiento productivo. Estos recursos no se monetizan directamente para los estudiantes, salvo las dos opciones anteriores. Así se evitaría el descalce entre depósitos y préstamos. El banco también podría conseguir recursos del fondo de capitalización individual o del fondo que se cree si es que se modifica el sistema de pensiones. Una experiencia interesante es el Bansefi de México.
El nuevo banco también podría realizar sociedades estrategias con ONG y entidades especializadas en microcrédito para tener una cartera de recursos diversificada y más flexible que le permita entrar al mercado sin matar al sistema de microcrédito a través de tasas de interés subsidiadas.
El nuevo banco también debería ser una institución que tenga otros instrumentos financieros que ayuden tanto al nacimiento como el desarrollo de las unidades productivas, como son los capitales semilla, ángel, o de riesgo (venture capital), para mencionar los más conocidos.
No hay que perder de perspectiva de lo que se trata es encontrar las instituciones e instrumentos más adecuados para que el ahorro, doméstico o externo, se convierta en inversión y empleo de manera eficiente y de paso ayude con la política social. No solamente se trata de la fundación de un banco.
Correspondencia,
sugerencias e informaciones a:
prensabolivia@interlatin.com
Tel-fax: (591-2) 242 7158
Exprese
su opinión en los foros de Bolivia.com
|