Bolivia está lejos del biotipo en el voleibol y a eso se suma el bajo nivel y la falta de una buena preparación de las selecciones que juegan campeonatos internacionales. El Sudamericano Juvenil femenino jugado en La Paz en octubre desnudó nuestras falencias y limitaciones.
Brasil se paseó en el certamen y ganó con comodidad el título. Venezuela y Argentina lucieron un voleibol depurado y bien trabajado.
De
seis equipos participantes, la Selección nacional terminó en el penúltimo lugar. Sólo le ganó a Chile en la última jornada. Económicamente, el certamen fue un éxito, pero a nivel deportivo Bolivia soportó otro duro golpe.
Los planteles bolivianos son puro entusiasmo cuando juegan. La baja estatura es el primer problema que tienen. El nivel técnico también se ha estancado. A nivel departamental, la competencia ha
perdido interés. Si bien hay mucho elemento humano, la exigencia en el trabajo y el juego ya no es la de antes. En las dos ramas los jugadores talentosos son pocos y ya no surgen figuras para dedicarse de lleno a este deporte. La falta de promoción e incentivo es uno de los motivos por los que éstos se alejan del deporte y prefieren seguir sus estudios en el colegio y la universidad.
La Federación Boliviana
de Voleibol tiene éxito con los torneos nacionales femeninos. Llena los escenarios y consigue buenos ingresos, pero no establece políticas de trabajo anual que reditúen éxitos deportivos. Por su cuenta, algunos clubes y asociaciones hacen esfuerzos económicos para traer entrenadores y refuerzos del exterior para ganar el título. Pero cuando les toca salir a jugar al exterior, ahí es donde se nota las falencias.