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6/18/2003

Una droga casera borra la memoria de quien la consume

(La Paz - La Razón)

La escopolamina es muy utilizada por delincuentes en Colombia. Este alcaloide, que no tiene olor ni color, es mezclado en bebidas o comidas consumidas por las víctimas que caen en la trampa.

Lo último que Andrea Fernández recuerda antes de haber sido drogada es que en su regazo yacía su bebé recién nacido, mientras se desplazada en un autobús público en el centro de Bogotá, Colombia.

La Policía la encontró tres días después, aturdida, con sus senos al aire, murmurando consigo misma y tambaleándose sobre la acera de una congestionada avenida. Su cara estaba reventada de moretones y su hijo había desaparecido.

Fernández es sólo una de las cientos de víctimas que llegan a los hospitales colombianos, cada mes, reportadas como zombis luego de haber ingerido una droga casera llamada escopolamina, empleada a menudo por ladrones y asaltantes en sus ataques.

“Desperté preguntando sobre el niño y nadie me daba razón en el hospital”, dice llorando. Las autoridades creen que su pequeño Diego fue capturado por una banda de traficantes de menores.

Incolora, inodora e insípida, la escopolamina es mezclada en bebidas y esparcida sobre la comida. Las víctimas se vuelven tan dóciles y atolondradas bajo los efectos de este alcaloide que en muchos casos ayudan a sus verdugos en el robo de sus propias casas y en el saqueo de sus cuentas bancarias.

Las mujeres son drogadas asiduamente durante días y son violadas con frecuencia, y en múltiples ocasiones terminan siendo rentadas como prostitutas para apartamentos y hoteles.

En el caso de Andrea Fernández, la escopolamina la dejó tan atontada y débil que fue capaz de entregar a sus victimarios al más joven de sus tres hijos, un bebé de unos tres meses.

Uno de los mayores problemas de la justicia para procesar estos casos es el efecto que causa la droga y su metabolismo en el cerebro. Ya que la escopolamina bloquea por completo la formación de la memoria —a diferencia de la mayoría de alcaloides usados en Estados Unidos—, es muy difícil para las víctimas identificar a sus agresores y recordar detalles sobre lo sucedido.

“Cuando el paciente hace regresión hipnótica, recuerda los hechos. Pero con escopolamina esto es imposible porque la memoria nunca grabó”, explica el doctor Camilo Uribe, uno de los expertos de este alcaloide.

La escopolamina es usada legalmente en diversos tratamientos médicos en el mundo para atender enfermedades leves del movimiento hasta el temido Parkinson. Pura y barata, también es llevada a Ecuador. Bogotá, Reuters

Un arma para la seducción

No está claro por qué la escopolamina es un problema tan rampante en Colombia. Hay tantos casos violentos relacionados con ella que hace rato dejaron de ser noticia, a menos de que sean excepcionales.

Uno de ellos, por ejemplo, involucra tres jóvenes mujeres en Bogotá que atrajeron a sus víctimas masculinas haciendo que los deseosos hombres olieran y lamieran sus senos impregnados con el alcaloide.

Seducidos y domados, los hombres dieron fácilmente los códigos de seguridad de sus cuentas bancarias y las féminas los mantuvieron durante varios días secuestrados mientras desocupaban sus depósitos.

La Embajada de Estados Unidos en Bogotá admite que el problema es muy serio y ofrece a sus oficiales guías de prevención para evitar ser drogados. Pese a ello, por lo menos tres empleados del gobierno estadounidense de visita en Colombia fueron víctimas del alcaloide en los últimos dos años. Y de vez en cuando otros americanos llegan a la embajada a pedir ayuda, aún temblorosos por los efectos de la droga.

BORRACHERO

El alcaloide es extraído de un árbol

La escopolamina tiene una historia negra y larga, desde la época precolombina, en Colombia, un país sumido en una guerra interna de casi cuatro décadas con los guerrilleros.

El alcaloide se encuentra fácilmente en el país. El árbol del cual se extrae la escopolamina crece en los alrededores de Bogotá y es tan famoso en el campo que a menudo las madres advierten a sus hijos sobre el peligro de quedarse dormidos bajo su follaje.

El árbol es conocido popularmente como el “borrachero” y se sabe que el polen de sus flores blancas y amarillas puede invocar sueños extraños.

“Seguramente podríamos poner una cerca alrededor”, dice el biólogo Gustavo Morales, mientras recorre el Jardín Botánico de Bogotá y ve cómo los niños juegan sobre el césped sembrado con “borracheros”. “Si uno se come un poco de esas flores, se puede morir”, advierte el experto.

Una leyenda narra que las tribus indígenas la utilizaban para enterrar en vida a las esposas y a los esclavos de los caciques difuntos para que éstos los acompañaran en el más allá. El nazi Joseph Mengele, conocido como el “ángel de la Muerte”, experimentó con escopolamina como “suero de la verdad”. Además, a principios del siglo XX, las madres empleaban esta droga, de propiedades sedantes y amnésicas, cuando iban a dar a luz.




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