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Uru Chipayas

(La Paz - La Razón)


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Chipayas, iruitos y muratos preservaron su lengua. Hoy, lingüistas originarios proponen un ABC. En un año, sus niños estudiarán en Uru.

Los uru chipayas nunca dejaron de hablar su lengua de origen en más de 4.500 años. Pero en el último quinquenio algo empezó a ocurrir. Sus hijos estudiaron lingüística y ahora construyen su propio alfabeto, tomando como base estudios de extranjeros realizados desde el siglo pasado.
La lengua es hablada por el pueblo uru chipayas que incluye a los chipayas, habitantes de las riberas del río Lauca; muratos, cuyos dominios están en las cercanías del Lago Poopó, Oruro; e iruitos, asentados en las proximidades del Lago Titicaca, en La Paz. Todos se han comprometido en un proceso que seguramente tomará décadas.

Pueblo y lengua milenaria

Chipaya ve el amanecer en la provincia Atahuallpa del departamento de Oruro, a 280 kilómetros al suroeste de la capital del folklore.

La historia oral del milenario pueblo cuenta que su gente sufrió embates de los aymaras y los colonizadores. Pero resistió y actualmente enfrenta el reto de reivindicar su forma de vida, su cosmovisión y, como no, su lengua.
Los habitantes de los cuatro ayllus del municipio —Aransaya, Manansaya, Vistrullani y Ayparavi o Unión Barras—, así como los muratos e iruitos, cultivaron esa lengua aun cuando son demográficamente reducidos, alrededor de tres mil hablantes. Por necesidades de comunicación aprendieron el aymara de sus vecinos y también el castellano, porque es la lengua oficial del país, con la que hablan en las ciudades.

Sin embargo, su preocupación por construir un alfabeto propio se manifestó desde el siglo pasado. La prueba son los estudios de Métraux, Vellard y Richard Olson, quien se esforzó por conocer la cotidianidad y la lengua, al punto de instalarse en el pueblo después de la Revolución Nacional del 52.

Florencio Mamani Quispe, lingüista y profesor del Colegio Urus Andino de Chipaya, cuenta que Olson quiso imponer un alfabeto elaborado por él y otros expertos e intentó utilizarlo como un instrumento de evangelización, como se hizo en la Colonia. Error, dice Mamani, “por eso no prosperó”. Después de casi

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un cuarto siglo de trabajo, los estudiosos fueron expulsados por supuestas acciones contrarias a las formas de vida y a la religión.
Germán Lázaro, chipaya hablante y otro de los estudiosos, recuerda que hubo otros intentos, pero siempre al margen de la participación de los chipayas.

Inclusive, sin la existencia de un alfabeto consensuado, se han escrito traducciones del castellano al uru chipaya, que seguramente deberán ser revisadas con la próxima publicación de las traducciones de los lingüistas originarios.

Chipayas lingüistas

Y de que los hay, los hay. En las últimas décadas, los jóvenes del pueblo lograron profesionalizarse en distintas áreas. Una de ellas, la educación. El año 2000 egresaron los primeros maestros del Instituto Normal Superior Intercultural Bilingüe “René Barrientos Ortuño”, de Caracollo (Oruro), algunos con conocimientos en lingüística.
“Los hijos hemos empezado a estudiar nuestra lengua, tomando en cuenta todo lo que se ha escrito y hecho, con la pretensión de construir un alfabeto hecho por nosotros, porque somos los hablantes”, explica Mamani.
Los primeros siete maestros chipayas, entre ellos él, trabajan en la escuela Santa Ana y el Colegio Urus Andino, que funcionan en la población de Chipaya. Pero a la vez, Seferino Lázaro, Segundino Lázaro, Fausto Felipe, Remigio Quispe, Teodoro Felipe y Elías Felipe se agrupan en el Consejo de Implementación de la Lengua Nativa Uru Chipaya (CILNUCH) y visitan los ayllus en busca de los mejores hablantes para enriquecer la construcción del alfabeto. Con cámaras de video y grabadoras, recogen las palabras para el estudio de la fonología (sonidos del idioma), la morfosintaxis (parte de la gramática que integra la morfología y la sintaxis) y el léxico propio de la cultura.

Empieza el consenso

Con lo obtenido, los habitantes de la población de Chipaya iniciaron el consenso de la propuesta del alfabeto unificado uru el 6 de abril, con toda la pompa, en un acto al que asistieron diputados, autoridades educativas, técnicos y la cabeza de la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe (DEIB) del Ministerio de Educación, Adán Pari. Los anfitriones:

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los delegados de los cuatro ayllus del municipio Chipaya y un representante murato.

La lengua uru chipaya fue declarada oficial mediante Decreto Supremo 25894 (11-IX-2000) y el pueblo tiene hoy ya el compromiso de apoyo del Ministerio de Educación para la normalización (proceso de volver normal la lengua) y normatización (establecimiento de reglas, principios para el uso de la escritura lectura) del desarrollo de la lengua de origen.
Los lingüistas Pedro Plaza y Janeth Olivio tienen claro cuál será el proceso. Por ejemplo, uno de los criterios técnicos para encontrar alternativas de consenso es la unidad, lo que quiere decir que el alfabeto tiene que seguir la estructura de la lengua fonémica (la relación entre sonido y letra). Luego, las palabras deben distinguirse unas de otras a través del significado, a partir de la determinación de pares mínimos, o sea, palabras con estructura parecida que por el intercambio de un fonema cambien de significado.

Por supuesto, los resultados no serán inmediatos. Sólo el desarrollo de la escritura hará que a la larga se llegue a un alfabeto consensuado. “Tenemos que escribir todos de una misma manera o al menos parecido”, recalca Pari.
Pero hay una gran base, son cuatro alfabetos elaborados por lingüistas de los cuatro ayllus, con escasas diferencias y está en proceso la concertación entre los urus para la unificación de las propuestas, tomando en cuenta los aportes de los expertos.

Al final, la escritura oficial del alfabeto será escrita por una comisión mixta, entre nativos y especialistas, con la guía del equipo técnico de la DIEB del Ministerio de Educación, apoyados por autoridades locales y parlamentarios.

Las características

Lo dicho, la base ya está. La lengua uru chipaya tiene raíz amerindia y estructura similar a la aymara, por la relación dominante de esta cultura. Pese a ello, ha mantenido sus rasgos fonológicos y sintaxis.
La base de su alfabeto fue construido tomando en cuenta lo hecho por Olson y otros estudiosos. Tiene 37 letras y cinco vocales, aunque el número no es el definitivo.
Según Florencio Mamani, los modos de articulación vocal característicos

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en el alfabeto Uru son fricativos, es decir que las consonantes se pronuncian como silbido. Por ejemplo, zoqa (fiambre), schujki (ojo).

Algunas letras y palabras tienen sonidos palatales, o sea que al pronunciarlas se hacen movimientos de la lengua hacia atrás: shaxpi (cáscara de plátano). También hay pronunciaciones aspiradas, como sopladas: khuñi (oído). Postvelares, como las letras que se pronuncian detrás del paladar; q'orawa (honda). Alveolares, que producen fonemas propios que no hay en otros idiomas: t'aqui, k'a, q'a. Glotalizadas, con golpes de voz: se cierra la boca y se articula dos voces para decir, por ejemplo, t'anta (pan) o ch'ama (fuerza). Otras son dentales: tañi, tola. Nasales: ñiñi, najna, maska. Laterales: lluch'uta. Vibrantes: royta. Semiconsonantes: watsi.

Werhnaki ti chipay taqu liwj paxax jhiwcha. “Nosotros queremos que nuestro idioma chipaya lo conozcan todos”, dice Lázaro. “Los jóvenes son los más entusiastas; quieren que ya se hable nomás el chipaya en las aulas”.
Ahora el propósito es comenzar a desarrollar la lengua con la producción de textos, utilizando el alfabeto base. Entonces se evidenciará si es correcto o no, pues las dudas en la escritura de una palabra serán acordadas por convención en la comunidad hablante.
Los lingüistas están conscientes de que la normalización del alfabeto tomará tiempo. El castellano requirió siglos y aún hoy se incorporan nuevas palabras sobre una base consensuada.

Por el momento, el anhelo es que el idioma sea empleado en la enseñanza a los niños. Eso ocurrirá el 2006, según anuncio de Pari. En los centros educativos, en los que hay más de 600 alumnos, arrancará la educación intercultural bilingüe y los niños ingresarán al proceso de aprendizaje en lengua originaria uru chipaya. Pese a que el alfabeto estará en proceso de normalización, su uso en la escuela y la producción de textos permitirá despejar dudas de palabras, letras y formas sintácticas.

Luego, el proyecto del Ministerio de Educación contempla la elaboración de materiales pedagógicos, en el marco del desarrollo de la Educación Intercultural Bilingüe, algo que los indígenas piden desde hace décadas.

 

 

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