Una muestra refleja la vida de las trabajadoras mineras
(La Razón)
En sus manos ásperas y agrietadas, Andrea Durán (46), madre de cinco hijos, lleva las marcas de los nueve años de trabajo en la mina Chimborazo, perteneciente a la Cooperativa Chorolque, en Potosí.
Todas las madrugadas, Andrea trepa por improvisadas escaleras de tres metros de largo hasta alcanzar el nivel 8 en el interior de la mina donde, a punta de picota, perfora la dura roca del cerro Chorolque en busca
del preciado mineral: el estaño.
La necesidad de las mujeres mineras que trabajan en Chorolque por subsistir —la gran mayoría quedaron viudas o fueron abandonadas por sus maridos— rompió a fuerza el mito de que la presencia de la mujer en el interior de la mina provoca la maldición del lugar y la molestia del “Tío”. Ahora, mujeres y hombres trabajan en igualdad de condiciones en dichas vetas mineras.
Condiciones
extremas —a más de 5.000 metros de altura Chorolque tiene los índices más altos de muertes por año— que el lente de Peter Lowe captó en 35 fotos que conforman el libro Fuego en el hielo, que fue presentado el jueves, junto a una exposición de 15 fotografías, en el Museo Nacional de Etnografía.
Una treintena de mineras, palliris y amas de casa de Chorolque estuvieron presentes en el acto, donde
contaron las experiencias que se viven en la mina.
“El hielo se convierte en sopa y la roca en pan”, contó Juana Almanza, cuyo marido murió hace un año en el campamento, lo que la forzó a ingresar a la mina para “dar de comer a mis hijos”.
“Yo araño la tierra, golpeo las piedras con barreno y punta..., bien difícil es”, añade la mujer que trabaja 12 horas diarias, de lunes a lunes, por Bs 500 al mes.
Correspondencia,
sugerencias e informaciones a:
prensabolivia@interlatin.com
Fax : 591-2-225734
Exprese
su opinión en los foros de Bolivia.com
|