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9 de enero, 2006

El cómic llegó para quedarse

(La Paz - La Prensa)

El maravilloso y alucinante mundo del cómic en Bolivia. El 2005 fue el gran año de la historieta y el trazo agudo con más de quince publicaciones que salieron a la luz dando a conocer a una veintena de jóvenes artistas dedicados a este arte de larga vida.

Cuando llegué a La Paz en 2002 no sabía que yo iba a meterme en esto del cómic. Tuvimos esa idea de armar un festival internacional de cómics en La Paz pero sin saber mucho sobre un supuesto movimiento del cómic boliviano... Entonces, después de una pequeña investigación nos encontramos con Francisco Leñero, dueño del Cómic Shop.

En realidad, la investigación no fue tan pequeña, buscar aficionados de cómics en La Paz para dos francesitos recién llegados era como buscar a Tintín en Gotham City.

—”Estamos buscando gente que dibuja historietas, tiras cómicas, tebeos y un derby suave por favor”.
—”..!¿??”.
—¡Bueno, cómics, no más!...
—¡Ahhh, cómicos!
—No. ¡Cómics!

De repente, cuando estábamos empezando a creer que organizar un festival de cómics en La Paz iba a ser difícil (tan “fácil” como armar un encuentro del chuño en Dakar), todo se puso más claro. Todo empezó a ponerse en marcha y este año, 2006, se realizará la cuarta versión del Festival.
En esa época, allá por 2002, se notaba que el cómic era cosa de unos locos que se juntaban bajo el título de “Club del Cómic” en un boliche de la plaza del Estudiante para compartir su afición.
En octubre de 2002, cuando nos estábamos moviendo para armar el Festival, surgió el proyecto de una biblioteca especializada en cómic con la Fundación Simón I. Patiño. ¿Quién podía soñar mejor? Un cómic shop, una revista, un club, un centro, un Festival Internacional de Cómic... ¡Todo eso en la misma ciudad! La Paz se estaba convirtiendo en una especie de “comicoteca” gigante... (Por ejemplo, se sabe que hasta ahora no hay otro festival internacional de Cómic en el Cono Sur y tampoco un Centro del Cómic...).
Si había afición al cómic en La Paz, en aquel entonces la idea era averiguar si había autores de cómic. La revista Crash!! de la editorial Eureka estaba empezando con sus primeros números, y viendo lo que producen ahora (el reciente número salió en mayo) se nota que creció el nivel (más que todo bajo el impulso de Frank Arbelo).

¡Bang! (el suplemento de Presencia dirigido por Susana Villegas), que contaba con autores que desde entonces confirmaron todo su talento (como Susana Villegas, Álvaro Ruilova, Edwin Álvarez...), había dejado de existir.
Alejandro Salazar, además de ser un gran pintor, estaba dibujando en La Prensa pero todavía no había caído en la marmita del cómic. En realidad, muchos artistas de diferentes artes habían hecho incursiones en el cómic, como Marcos Loayza (cineasta), Édgar Arandia (pintor, escritor), y más recientemente Avril Filomeno (artista plástica) y Alejandro Archondo (pintor), entre otros.

El cómic boliviano como tal no es muy viejo, es decir si hablamos de historieta y no de caricatura o dibujo de prensa que son otros géneros. Pero ¿cómo hablar de cómic sin considerar el dibujo de prensa y la caricatura? En realidad muchos de los autores de cómic actuales trabajan en periódicos como caricaturistas.
Bolivia no tiene todavía suficientes publicaciones como para difundir el trabajo de los autores, entonces el dibujo de prensa (además de tener una función económica) es una manera de hacerse conocer, de trabajar, de afinar su rasgo... Eso no quiere decir que un buen dibujante de prensa será un gran autor de historieta.

Mirando un poco atrás habría que destacar publicaciones importantes y más que todo interesantes como la mítica revista de humor político Cascabel, del famoso Pepe Luque (1960/1971 con una puntual reactivación en los 80 con Raúl Gil Valdez y el Juancho); Chaski, una revista mensual para niños, inteligente, de alta calidad gráfica y nunca igualada (en la cual trabajaba Jesús Pérez, famoso por sus animaciones); Aplausos, la revista cochabambina de humor gráfico a fines de los 90 (con gente como Yawar); y el famoso Potoquito de Potosí (dibujado por Cristóbal Corso Cruz) que salió en el periódico potosino El Siglo a partir de 1975.

En cierto modo se puede decir que lo que está pasando en Bolivia con la historieta es igual a lo que pasó a fines del siglo XIX en otros países. El cómic surge de una herencia directa de la caricatura y del dibujo de prensa a través de esas tiras (llamadas “strips”) de cuatro viñetas publicadas en los periódicos.

El cómic es como la literatura, el cine o el arte contemporáneo: un género de expresión artística con una producción muy diversificada donde se encuentra tanto lo mejor como lo peor. Pero a diferencia de la literatura o del arte contemporáneo, el cómic boliviano sufre todavía de un gran malentendido, pues está frecuentemente asociado a la distracción, a ser considerado un género menor para menores. Eso pasó anteriormente en otros países y en algunos otros, como el nuestro, sigue pasando. Por eso el cómic hoy está buscando y propone nuevas lecturas.
Más experimental, más internacional (sin caer en la trampa mundialista), más político y más social. Es seguramente, antes de la literatura y tanto más que el arte contemporáneo, uno de los espacios de pensamiento más libres y creadores de la época actual.

Este cambio se lo puede apreciar muy claramente también en Bolivia con toda esa generación de jóvenes autores a través de novedosas y numerosas publicaciones. Algunas de éstas son: el Fanzineroso (“fanzine” mensual creado por Joaquín Cuevas, Avril Filomeno, Alejandro Archondo, Alexandra Ramírez); el Trazo Tóxico (autoedición de la cual surgió Marco Antonio Guzmán, joven autor paceño prolijo pero genial); Gringo muerto, editada en La Paz); Pseudo Gente (editorial encabezada por Psyldos del Chulupi rrrojo y del famoso Libro Negro-Cochabamba); Suda Mery K (publicación independiente sudamericana entre Chile Argentina y Bolivia manejada por Frank Arbelo, Thomas Dassance y Carlos Reyes); Cuentos de Cuculis (fábula moderna muy paceña a partir de un cuento popular de Álvaro Ruilova); American Visa (lindísima adaptación muy realista de la película por Susana Villegas y David Criado); y muchas otras.

Todas estas revistas y fanzines de cómic exprimen ideas muy personales con un nivel técnico de dibujo muy bueno y guiones originales. El ejemplo de los fanzines bolivianos actuales me parece significativo, es decir que a
esos grupos lo que les importa es publicarse y manifestarse, entonces se mueven como pueden pero siempre con un resultado de gran calidad.
Hay que abandonar de una vez y no pensar en esa idea, ese “cliché” del fanzine mal fotocopiado e ilegible hecho por un joven lleno de pústulas y con una polera del Che.
El elemento central para que una historieta viva es el lector y para que haya lector tiene que haber publicación, que sea de lujo con tapa de cuero o fotocopiado en una hoja oficio, eso es lo de menos.

La identidad del cómic boliviano

Sobre la necesidad de crear algo propio, una identidad dentro y para el cómic boliviano, nos hallamos en medio de tal proceso pero no me arriesgaré a aportar con una duración determinada. Cuando uno empieza a tocar guitarra empieza con temas de sus ídolos para practicar (generalmente masacrándolos), en el dibujo también es necesario pasar por la copia; es como una fase de gestación, después surge el talento y la personalidad, o no surge...

Pero la influencia es importante, no hay que temerla, solamente hay que digerirla poco a poco para llegar a algo más personal y crear así lo que se llamará en el futuro, en los festivales internacionales del mundo: “el cómic boliviano”; pero eso no se logrará sin un esfuerzo más consecuente de las editoriales y una difusión nacional eficiente.
El cómic no es nada más que contar historias, algo que el boliviano sabe hacer muy bien desde mucho tiempo.

* Rafael Barban es ciudadano francés (oriundo de Bescat, en el suroeste) y es responsable del Centro del Cómic, dependiente del Espacio Simón I. Patiño (avenida Ecuador, esquina Guachalla).
Nota de editor: algunos de los autores nombrados en la nota salieron a finales de noviembre al exterior para participar por primera vez como delegación comiquera boliviana en el Primer Festival Internacional de Historietas en Morón, Argentina. Ellos fueron: Joaquín Cuevas, Susana Villegas, Juan Pablo Cildoz y Marco Antonio Guzmán.

Un debate sobre humor y el cuarto Encuentro

A fines de este mes se celebrará un encuentro interesante, en el marco de una exposición de cartonistas sudamericanos, que se inaugurará en el Espacio Simón I. Patiño.
Dentro de las actividades tendrá lugar un debate sobre el humor gráfico en Bolivia con la participación de artistas de diversas generaciones.
La mesa redonda tendrá lugar el martes 1 de febrero en el centro cultural de la Embajada de Brasil.
Mientras tanto, los organizadores de la próxima edición del Encuentro Internacional de Historietas de La Paz ya trabajan duro, entre ellos el autor de la nota de estas centrales dedicadas al cómic, Rafael Barban. La nueva cita que inundará de viñetas la ciudad se realizará del 8 al 14 de mayo de este año en varios lugares de la ciudad (Tambo Quirquincha, Centro Patiño, Centro del Cómic, Alianza Francesa...) y contará con autores de España, Francia, México, Argentina, Perú, Chile, Brasil y Bolivia.

Una quincena de nuevas publicaciones comiqueras

El año pasado, el 2005, se han publicado numerosas publicaciones que han servido de lanzadera a artistas jóvenes del cómic que cultivan este llamado noveno arte con pasión. Éstas son las más importantes, o por lo menos las que de una mejor manera se han dado a conocer en un mundo donde todavía abunda lo “underground”.
­ Cuentos de Cuculis, de Álvaro Ruilova.
­ Suda Mery K: revista editada entre Chile, Argentina y Bolivia (bianual).

El Fanzineroso: cada mes desde hace un año, ya va por los ocho números. Joaquín Cuevas, Avril Filomeno, Alejandro Archondo, Alexandra Ramírez.

­ El libro negro de Pseudo Gente.
­ El Chulupi Rrrojo de Pseudo Gente.
­ El Trazo Tóxico (tres números hasta ahora).
­ La Ñatita (dos números hasta ahora).
­ Divino Golfo (dos números).
­ Malebolge (revista Chile/Bolivia).
­ El Estroboscopo (fanzine, con dos números por el momento).
­ 4 Historietas para ti, de la editorial especializada en cómic Viñetas Con Altura (con Alejandro Archondo, Avril Filomeno, Frank Arbelo y Joaquín Cuevas).
­ Apuntes en Camino, del dibujante francés invitado al Tercer Encuentro del Cómic en La Paz Jacques de Loustal (ediciones Viñetas con Altura). Es un libro de viajes por Bolivia.

Gringo Muerto, nuevo proyecto de Marco Antonio Guzmán.
­ American Visa: el cómic, de Susana Villegas (publicación en proceso).



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