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Entrevista
a Alfonso Ferrufino
Alfonso Ferrufino
fue Diputado Nacional y, actualmente, es Secretario Ejecutivo de
la Fundación de Apoyo al Parlamento y a la Participación
Ciudadana FUNDAPPAC.
"existen
dos problemas fundamentales por resolver: la insuficiencia del sistema
representativo actual y las demandas crecientes de la ciudadanía
para participar en el mismo"
Entrevistadores:
Pablo Rivero
Miguel Hernández
Isabel Hurtado
¿Cree
usted que la democracia en Bolivia está en crisis?
Yo no diría
que la democracia como sistema de gobierno está en crisis,
pero está sufriendo un peligroso deterioro. La gente, cuando
se restituyó la democracia, tenía expectativas muy
grandes acerca de la capacidad de este sistema para resolver los
problemas más álgidos de los diferentes sectores sociales,
principalmente el desempleo, la pérdida de la capacidad adquisitiva,
la dificultad de acceso a servicios públicos fundamentales,
etc. Sin embargo, los resultados concretos de los gobiernos que
se han sucedido, siguiendo un procedimiento electoral desde 1985,
no han sido precisamente los que la gente esperaba.
A partir de
1985 se aplica una política económica de ajustes estructurales
bautizada como neoliberalismo, que lejos de resolver los problemas
de la gente, los ha agravado. La situación económica
de la población ha sufrido un deterioro; la gente ha soportado
la aplicación de las políticas de ajuste estructural
para salir de la hiperinflación, esperando que esa etapa
de fuerte austeridad sea pasajera. Ante la expectativa de un futuro
mejoramiento de las condiciones de vida se aguantó el paquete
del D.S. 21060, pero transcurridos dos períodos constitucionales
(1985-1989 y 1989-1993) la situación no cambió. Entonces
ya en 1993 se logró identificar una suerte de desencanto
de la gente hacia el sistema político.
Sin embargo,
hay que distinguir bien cómo percibe la población
el tema de la democracia y del funcionamiento del sistema político.
La gente se pronuncia claramente a favor de la democracia como sistema
de gobierno, pero es cada vez más crítica en lo que
se refiere al desempeño de la gestión estatal. Esto
implica una cierta censura y pérdida de confianza hacia los
operadores políticos, concretamente los partidos políticos,
lo que obviamente se proyecta al Parlamento, al Poder Ejecutivo,
a los gobiernos municipales, etc.
En este sentido,
no me atrevería a sostener que la democracia está
en crisis. Hay un deterioro del sistema de gobierno que, si no se
revierte oportunamente, puede poner en tela de juicio la propia
democracia. Cuando la pérdida de confianza ciudadana es muy
grande, aparecen elementos que provocan una quiebra del sistema
democrático, y esto es algo que ha sucedido no solamente
en Bolivia sino en muchos otros países.
En este contexto de deterioro de dicho sistema de gobierno, ¿cree
usted que la reforma constitucional podría apoyar el proceso
de consolidación de la democracia en el país?
Las reformas
constitucionales crean un marco normativo que puede estimular el
desarrollo de la democracia, pero no es un efecto automático.
No porque se apruebe una reforma constitucional cambian inmediatamente
las condiciones reales de funcionamiento del sistema político
o de la economía.
Dichas reformas
se han realizado en el país en numerosas oportunidades: 1956,
1967 y 1993-94 por mencionar las últimas. Éstas han
servido sobre todo para conjurar algunos riesgos que se presentaron
en el proceso de constitución de los poderes públicos
por vía electoral, específicamente la Presidencia
de la República. El famoso "empantanamiento" que
propiciaba el sistema anterior ocasionó, por ejemplo, que
en 1989 resultara presidente el que había obtenido el tercer
lugar, a través de ciertos pactos que la gente no necesariamente
consideró legítimos. Este problema fue resuelto en
la reforma de 1994.
Otro elemento
importante de esta última es que se logró un paso
importante en el reconocimiento formal de que este país es
diverso, pluricultural y multiétnico, cosa que los sectores
dominantes, las clases medias, se resistieron a admitir durante
mucho tiempo.
Por otra parte,
no podemos dejar de mencionar la reforma al poder judicial y la
creación del Tribunal Constitucional, que son distintos elementos
orientados a consolidar la institucionalidad democrática
y el Estado de derecho. Ahora bien, estos eran los objetivos; los
resultados no siempre están a la altura de las expectativas.
La propia reforma del poder Judicial es una muestra clara de esto.
Hubo avances significativos; es innegable que el Tribunal Constitucional
tuvo un gran desempeño, pero a partir de cierto momento,
en cuanto intervinieron factores político-coyunturales, la
propia autoridad de esta institución empezó a ser
cuestionada.
Mencionemos
ahora lo que ha ocurrido con la Corte Nacional Electoral. El gran
avance obtenido al inicio de los 90 al conformarse ésta a
través de un importante consenso, siendo merecedora de la
confianza de la ciudadanía, se ha venido abajo. La renovación
de la Corte ha significado un costo en cuanto a la confianza ciudadana
en el sistema y éste es el problema de fondo.
En este sentido, las reformas constitucionales son condiciones necesarias
para un avance del sistema democrático, pero no son suficientes.
Si no se cumplen, o se cumplen mal, a veces resultan contraproducentes,
porque la gente pierde la confianza en la propia normatividad del
país.
Entonces ¿Usted estaría de acuerdo en que se ingrese
ahora a un proceso de reforma constitucional?
Creo que sí.
Considero que todavía hay importantes reformas por encarar,
pero debemos saber exactamente dónde apuntar. Si hacemos
reformas cosméticas, puramente tangenciales, corremos el
riesgo de que la ciudadanía acabe por perder toda la confianza.
Estamos acostumbrados a que en primera instancia se ofrezca el paraíso
terrenal y que posteriormente se vea que la situación ha
empeorado; ese es uno de los riesgos de manejar un discurso demasiado
simplista, en el que la reforma constitucional aparezca como la
salvadora de todos los problemas del país, y eso no es cierto.
Por sí sola, ésta no opera ninguna transformación
de fondo, porque una cosa es la letra y otra las actitudes y las
conductas prácticas de quienes están encargados de
la aplicación de la norma.
Debemos distinguir
claramente el avance normativo de las transformaciones que se pretenden
a través de éste.
¿Cuáles deberían ser los elementos a ser
considerados en una eventual reforma constitucional?
La reforma
constitucional debe encarar una profunda renovación del sistema
político, ya que hoy está en tela de juicio su calidad
representativa.
Tenemos una
democracia representativa que parece insuficiente, ya sea porque
los mecanismos tradicionales de mediación y representación
política, los partidos políticos, han sufrido una
pérdida creciente de credibilidad por factores como la corrupción,
el transfugio, la ineficiencia, la sobreposición de intereses
particulares sobre los intereses colectivos, ya sea porque cada
vez más la sociedad pugna por tener una participación
más directa en la toma de decisiones.
Vale decir,
tenemos dos elementos que son fundamentales al momento de hablar
de las reformas del sistema político: insuficiencia del sistema
representativo actual y demandas crecientes de la ciudadanía
para participar en el mismo. Todo lo que ocurrió con la "guerra
del agua" en Cochabamba, la gran movilización aymara
de Septiembre y Octubre del año pasado, lo que está
ocurriendo con el movimiento sin tierra actualmente en el oriente
del país, etc, refleja el hecho de que la gente no se siente
satisfecha con las explicaciones dadas acerca de su situación
actual.
En todo lo
que podemos llamar el ámbito público, la ciudadanía
reclama cada vez más participación, ya sea por la
vía de acciones de hecho o a través de espacios de
concertación con las instancias estatales.
En resumen,
el sistema de representación actual es insuficiente, pero
además hay una demanda creciente de la ciudadanía
por participar.
En este sentido,
lo que corresponde es que la reforma constitucional encare el tema
de la reforma política, que debería darse en los siguientes
términos:
En primer lugar,
se debe abrir el sistema político de representación
a candidaturas ciudadanas, vale decir no partidarias. Sin embargo,
esto no hay que hacerlo de modo general; debe ser un proceso gradual
y considero que la primera etapa debe llevarse a cabo en el ámbito
municipal y en las candidaturas uninominales, que por definición
son representaciones locales donde el vínculo entre el candidato
y la población es fundamental.
Asimismo, la
estructura de representación política nacional requiere
un tipo de representantes que tengan un alcance más amplio,
como por ejemplo los Senadores, que cumpla una función de
equilibrio regional. En este caso veo más complicada la candidatura
de personas que no respondan a una lógica institucional de
un partido político, sin hablar de los diputados plurinominales
o del Presidente y Vicepresidente de la República.
De esta manera,
yo establecería dos espacios nítidamente diferenciados
por el alcance de las representaciones: una sólida representación
nacional y departamental con una visión integral, y otra
uninominal que verdaderamente sea local. No descarto que a futuro
se abra todo el sistema de representación, pero creo que
por ahora debemos ser prudentes.
En segundo
lugar, debe existir una redefinición de las funciones, tanto
de la Cámara de Diputados como de la Cámara de Senadores.
Actualmente las dos son simétricas, vale decir, hacen exactamente
lo mismo, salvo algunos aspectos de detalle . En este sentido, creo
que las dos Cámaras deben cumplir funciones distintas, tanto
en el orden legislativo como de fiscalización, y pienso que
para ser coherentes con las reformas estatales del último
tiempo debemos pensar que las Cámaras también deben
responder a una lógica de descentralización.
Esto sucede especialmente con la de Senadores, por su carácter
de representación regional que mantiene un equilibrio, como
ya mencioné anteriormente. Lo referente a la legislación
a nivel descentralizado debería ser función exclusiva
de esta Cámara, como también lo referido al ámbito
de la fiscalización, y los demás componentes de la
estructura estatal deberían ser una función de la
Cámara de Diputados.
En tercer lugar,
se debe establecer una cabeza institucional propia en el Parlamento,
con un perfil claro y funciones específicas. Considero que
un miembro del Congreso debe ser elegido por sus pares como Presidente
del mismo, de suerte que éste tenga una independencia efectiva
respecto del poder Ejecutivo, como una de las condiciones del sistema
democrático representativo boliviano. Precisamente esto es
considerado un indicador clave en los países con sistemas
democrático-representativos consolidados, lo que contribuye
a la calidad de la gestión pública en general. Este
es un tema fundamental que debemos resolver para ir avanzando en
la consolidación de la democracia.
¿Cuál cree usted que debería ser el mecanismo
adecuado para llevar adelante las reformas constitucionales?
Este es un
tema bastante complejo. Por una parte hay una cuestión que
no puede ser puesta en discusión hoy día, y es que
vivimos bajo la vigencia de una constitución, y si no queremos
romper el estado de derecho del régimen constitucional tenemos
que someternos a lo que ésta dice. Dada esta premisa, debemos
ver cuál es el procedimiento de reforma que, ajustándose
a las normas constitucionales, pueda permitir la mayor participación
ciudadana posible.
Ahora bien,
hay un conjunto de reformas previas que se refieren precisamente
al procedimiento mismo de reforma. Éstas deberían
ser adoptadas prontamente, en la medida de lo posible, para que
sea factible ingresar en un proceso de reforma de fondo en el próximo
período constitucional. Esto implicaría que se promulgue
una Ley de Declaratoria de Necesidad de Reforma a la Constitución,
que comprenda por ejemplo la posibilidad de convocatoria a una Asamblea
Constituyente para el próximo período, que se ocupe
de las reformas de fondo y que sus resultados puedan ser sometidos
a un referéndum donde la ciudadanía exprese su aprobación
o desaprobación.
Este es un
diseño ideal, por lo que considero que vale la pena intentarlo,
pero soy consciente de que implica un riesgo muy grande. Lo que
quiero decir es que si no garantizamos un mecanismo de información
a la ciudadanía sobre el alcance y los efectos de esa reforma
corremos el riesgo de aprobar una constitución, a través
de la participación ciudadana, cuyos elementos puedan resultar
inmanejables y puedan provocar un retroceso en el sistema democrático.
Entonces, el mecanismo no es suficiente si no garantizamos su calidad.
La otra posibilidad
es mantenernos en el marco de lo que hoy dice la constitución
y seguir el procedimiento establecido.
Yo considero
que el Congreso debe tener la capacidad efectiva de deliberación,
y además debe abrirse un espacio de verdadera consulta ciudadana.
Hoy esto se está dando a través del Consejo Ciudadano
para la Reforma Constitucional, aunque no puedo emitir una opinión
muy certera dado que no estoy muy cercano a ese proceso.
Creo que se
está recogiendo de manera adecuada e idónea las distintas
inquietudes de la ciudadanía.
¿Usted cree que las reformas bastan por sí solas,
o existe la necesidad implementar procesos paralelos de fortalecimiento
democrático, como la cultura democrática por ejemplo?
Aquí
debo reiterar lo que dije. La reforma constitucional, por sí
sola no garantiza ningún cambio en la cultura política
ni en el desempeño de las instituciones de la democracia;
crea condiciones favorables pero no suficientes. Es insuficiente
realizar ajustes en el sistema institucional democrático
si es que no hay un correlato de desarrollo del cultura y de la
práctica democrática en la ciudadanía.
En este sentido,
es absolutamente indispensable desplegar un esfuerzo sostenido e
intenso por que la ciudadanía reconozca su propia responsabilidad
en el funcionamiento de la democracia y esto implica que todos asuman
sus derechos, y también sus responsabilidades.
Dada la complejidad creciente de la sociedad es imposible que el
Estado pueda atender todos los asuntos de interés público;
no tendrá nunca la capacidad financiera, técnica ni
de recursos humanos para hacerlo. Por otra parte, dejar todo exclusivamente
a la iniciativa privada o particular es insuficiente. Pienso entonces
que debemos crear conciencia de que hay un espacio que es público,
en el sentido de que interesa a todos. Entonces la ciudadanía
como sujeto colectivo debe coparlo cada vez más desde distintos
ángulos, para intervenir en la deliberación de las
políticas públicas.
En conclusión, me parece absolutamente indispensable que
tomemos los dos componentes de la ecuación; hay que desarrollar
la institucionalidad democrática en el más estricto
sentido y también una cultura que yo llamaría "de
ciudadanía plena", es decir una ciudadanía proactiva
y responsable, que se apropie del espacio público y que intervenga
en la deliberación y control de las políticas públicas.
Además
de los dos elementos anteriores debemos incluir el tema de los partidos
políticos. Soy consciente de las tremendas deficiencias que
éstos acusan, como por ejemplo que se fueron convirtiendo
en corporaciones de intereses cerrados en detrimento de los colectivos.
Cada vez son
menos portadores de proyectos sociales, económicos, estatales
alternativos y cada vez son más vehículos de canalización
de intereses privados. A pesar de todo lo anterior creo que no se
puede prescindir de los partidos. Todos los ensayos históricos
que se vieron volcados a implementar formas de organización
gubernamental corporativa no sólo han fracasado, sino que
han provocado hecatombes tremendas; la historia del fascismo es
por ejemplo una prueba de eso. Entonces, lo que debemos lograr es
una combinación de partidos políticos sólidos,
trasparentes y verdaderamente democráticos, que sean portadores
de proyectos alternativos, con una dinámica participación
de esta ciudadanía proactiva y responsable de la que hablo.
Este es el desafío que tenemos.
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