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"La
democracia no está en crisis, los que están en crisis
son los partidos"
Entrevista a: Jorge
Lazarte
Jorge
Lazarte es Analista Político y ex - vocal de la Corte Nacional
Electoral
Entrevistadores
Miguel Hernández
Isabel Hurtado
Pablo Rivero
¿Usted
cree que la democracia en Bolivia está en crisis?
Debemos empezar
separando dos conceptos que suelen mezclarse demasiado, entonces
cofunden y sus efectos prácticos pueden ser muy peligrosos.
Estos dos conceptos son la democracia como sistema de reglas y los
actores de la democracia que son los partidos. Esta confusión
se da no sólo en los políticos, sino también
en los medios de comunicación y en los analistas. Es una
confusión conceptual peligrosa en sus efectos prácticos
y conceptualmente inadmisible.
Se sabe que
el problema central de la sociología es la relación
entre las estructuras y actores; ambas cosas son distintas, como
es distinto el derecho penal a los abogados, la medicina a los médicos.
La democracia no es un actor, es un sistema de reglas, es una forma
de organización del sistema político y por ello es
una dimensión distinta de la de los actores que son los partidos
y los ciudadanos. La democracia no está en crisis, los que
están en crisis son los partidos.
Esta confusión
puede ser peligrosa en sus efectos prácticos, porque el desencanto
contra unos se puede transferir fácilmente como desencanto
contra otros. Por ejemplo, eso es lo que ha ocurrido en el Perú,
por no haber diferenciado sistemas y actores. El enojo contra los
partidos fue transferido como enojo hacia la democracia, se hundieron
los partidos y se hundió también esta última.
Vuelvo a reiterar,
por tanto, que la democracia no está en crisis. La democracia
en el sentido no solamente de sistema de reglas sino, de sistema
de reglas que expresa valores como el pluralismo, la tolerancia,
el sistema de garantías, participación, representación;
eso no está en crisis, más bien está en proceso
de institucionalización en el país. Que tiene problemas
los tiene seguramente, pero yo no creo que esto esté en crisis.
No hay ninguna encuesta que nos diga que está en crisis.
Aunque es evidente que los índices de satisfacción
están disminuyendo, no hay ninguna encuesta en ninguna parte
de América Latina y menos en Bolivia en la que la población
hubiera cambiado sus opciones en favor de sistemas autoritarios
contra la democracia. Entonces, los partidos son los que están
en crisis como actores en la democracia.
Es importante,
de todas maneras, en la formulación de la pregunta la asociación
que se hace entre democracia, reformas y sistema constitucional,
porque en el pasado ambas cosas no estuvieron asociadas. La democracia
es una idea nueva en el país, en ese sentido, quiere decir
muchísimo más que el hecho electoral. Hay gente que
confunde la democracia con el proceso electoral, con el derecho
a voto. Si fuera así entonces nosotros tendríamos
democracia desde la fundación de la República. Pero
si entendemos democracia como se entiende ahora, como se debería
entender, después de experiencias tan dolorosas en el mundo
y en América Latina, no simplemente como un derecho a voto,
sino como un conjunto de principios sin los cuales es muy difícil
que los hombres puedan vivir juntos siendo distintos y resolver
sus problemas y diferencias sin acudir a la violencia, esta es una
idea nueva en el país.
Y como idea
nueva, es evidente que la asociación con el sistema constitucional
también es nueva. Hemos tenido siempre en el país
un sistema constitucional que nunca ha funcionado y una democracia
que en el pasado era más ficción que una realidad
y que aunque el país siempre ha votado -se votó desde
la fundación de la República-, difícilmente
podríamos llamar a esas elecciones, elecciones democráticas.
Sin embargo,
la democracia tiene problemas desde distintos lados. Problemas que
vienen desde afuera; el entorno dentro del cual la democracia se
desarrolla no le es favorable, inclusive en muchos casos no es compatible
con ella. El entorno económico y social de injusticia y pobreza
tampoco es compatible con la democracia. Sin embargo no es la democracia
la que produce pobreza ni desigualdades, lo que produce aquello
es el sistema económico, el mercado y las políticas
económicas, y éstas no son inherentes al sistema en
cuestión. La democracia puede seguir existiendo con políticas
económicas distintas. El mismo país, entre el período
82-85, tenía un modelo de desarrollo distinto del actual
y estábamos viviendo de algún modo en democracia.
En Europa el sistema democrático no ha cambiado, lo que ha
cambiado son las políticas económicas; entonces hay
que tener mucho cuidado con estas confusiones, para que la gente
después no empiece a hacer asociaciones que terminen perjudicando
la democracia.
En este sentido,
la democracia tiene un entorno que no le es favorable, hay pobreza
y desigualdades. Hay un entorno político expresado en un
comportamiento de los actores políticos que no siempre son
democráticos. Muchos de los actores políticos tienen
toda la herencia autoritaria del pasado que trasmiten a las nuevas
generaciones y éstas no son más democráticas
que las anteriores, porque la democracia son valores y principios
que tienen que ver con actitudes, tiene que ver con una cultura
política, que no es algo que se dice sino que se hace y sólo
se aprende en el tiempo.
La democracia
está en un entorno económico que no le permite desarrollarse
más, que le causa problemas. Un entorno social que también
es fuente de problemas. Un entorno político que es herencia
del pasado y, finalmente, un entorno cultural autoritario que la
democracia tiene que enfrentar, entonces uno se pregunta ¿cómo
todavía puede perdurar la democracia es estas condiciones?
Hace muchísimo tiempo en América Latina nadie apostaba
por ella, porque todos se preguntaban si en esas condiciones podía
funcionar algo que se llama democracia. Por esas mismas razones,
la democracia en el pasado no funcionó, y en otras partes
como Europa en los años 30, la democracia dejó de
funcionar y entró en crisis.
Felizmente,
la democracia en el país está funcionando. No merece
la pena detallar las razones por las cuales funciona, sin embargo
cabe destacar que está funcionando en el aspecto institucional.
Con esto llego a la relación con la constitución:
la democracia no puede funcionar sin reglas y las reglas están
en la constitución y en las leyes. No hay ningún sistema
político que no tenga reglas y por ende la democracia no
puede prescindir de ellas.
Institucionalizar
la democracia en Bolivia quiere decir construir instituciones. El
país no pudo construirlas en 200 años de vida aproximadamente,
lo que hemos conocido son aparatos más que instituciones.
No tenemos en Bolivia un Estado propiamente dicho, por que lo que
se llamaban o llaman instituciones funcionan no según regla,
sino bajo principios de una cultura distinta que es una cultura
patrimonial. Funcionan según la voluntad de quienes representan
a esas instituciones o quienes tienen a su cargo esas instituciones,
pero no instituciones según regla. El proceso de institucionalización
en el país no se trata solamente de un establecimiento de
reglas sino de cumplimiento de reglas. Es por eso que la Constitución
es tan importante, ya que ésta define reglas. Sin embargo,
no es suficiente que haya solamente reglas, también hay que
cumplirlas, la institucionalización en Bolivia será
insuficiente, no solamente si no hay reglas, que las tenemos en
abundancia, sino si estas reglas no son cumplidas.
Es evidente
que el desarrollo institucional en Bolivia es insuficiente, en la
medida en que la democracia siempre es un proceso y hay cada vez
más necesidad de reformas institucionales. Y puede ser además
insuficiente porque sectores importantes de la población
tienen una idea de la democracia que no la remiten a instituciones
ni a reglas sino más bien a resultados. Para mucha gente
en el país, la democracia es sobre todo capacidad de rendimiento,
es decir, la democracia es la capacidad de resolver las demandas
sociales. Por eso es que hay un potencial de riesgo cuando las desigualdades
sociales aumentan y persiste la pobreza.
No puede haber
democracia construida sin instituciones y esto es lo que ha hecho
el país en los últimos años. Sin embargo, parecería
que este mismo proceso de institucionalización estuviera
llegando a sus límites, no sólo en el sentido que
hay necesidad de más desarrollo institucional, sino que para
la población, la democracia debe dar más cosas y no
solamente instituciones. Debe ser capaz de producir otros resultados
y no simplemente instituciones.
En el campo
estrictamente institucional, en el último tiempo, se han
producido demandas para hacer reformas constitucionales. Con respecto
a estas demandas, habría que tener mucho cuidado de llevarlas
a cabo, lo que no quiere decir no escucharlas ni discutirlas.
Por un lado,
no se pueden hacer demandas de desarrollo democrático violando
las reglas de la democracia, que son fundamentalmente las reglas
constitucionales. No se puede pedir que se incorpore algo a la constitución,
violándola. Toda demanda constitucional debe canalizarse
a través de los mecanismos constitucionales, inclusive para
cambiar la propia constitución. En 1995, por primera vez
el país en muchísimos años reformó alrededor
de 40 artículos de la Constitución Política
del Estado sin violarla.
En segundo
lugar, hay que tener cuidado respecto a estas reformas constitucionales,
empezando por preguntarse, ¿cuáles son los problemas
que se pretenden resolver cuando se plantean reformas constitucionales?
Para que haya cierta organicidad en las reformas constitucionales,
cada una de las propuestas debe resolver un problema, y esto es
precisamente lo que no se ha hecho. Lo que está ocurriendo
con las reformas constitucionales es lo que en general hacía
la COB (Central Obrera Boliviana): un pliego de demandas que lleva
a preguntarse ¿cuál es el destino de estas demandas?
¿qué se quiere resolver con estas demandas?
En tercer lugar,
hay que tener cuidado con no tomar al pie de la letra las demandas
de reforma constitucional, sobre todo cuando la gente las apoya.
Si en este momento hacemos una encuesta que pregunte a la población
si quiere reformas constitucionales seguramente el apoyo va a ser
contundente a favor de las mismas, y si le hacemos un listado de
esas demandas seguramente va a apoyar ese listado. De esta manera
cabe entonces preguntarse si la población sabe exactamente
lo que está apoyando. Lo que probablemente ocurre en el fondo
es que por medio del apoyo la población expresa un malestar
hacia ciertas cosas que le enojan y que cree que apoyando ciertos
cambios podrían resolverse los motivos del descontento.
De esta manera,
las demandas que exige la población no siempre tienen el
mismo sentido de las reformas constitucionales que proponen los
políticos. Ahora, puede ser que algunas demandas hechas por
los políticos creen expectativas en la población y
piensen que es suficiente hacer reformas constitucionales para tener
un país distinto, y esto genere automáticamente la
solución de los problemas, cuando probablemente con el apoyo
de estas demandas constitucionales la población se está
haciendo una terapia colectiva.
Usted ha
dejado bastante claro que si debería haber una reforma a
la Constitución ésta debería llevarse a cabo
en el marco de la norma establecida en la misma Constitución.
A su parecer ¿qué elementos deberían se incorporados
o tomados en cuenta en una reforma a la Constitución Política?
A ver, una
consideración para hacer un alcance más amplio. Como
hay varias reformas que se están proponiendo, habría
que entender su sentido coherente. Como todas ellas tienden a cambiar
las instituciones, debería ser posible proyectar a través
de tales reformas una cierta imagen de las instituciones del Estado
que queremos, para que no sean una simple colección de reformas
sino una propuesta coherente que tiene una racionalidad interna.
Yo quiero imaginarme que imagen de instituciones sale del conjunto
de estas reformas y no hay eso. Lo que hay son propuestas de reformas
de distintos aspectos pero las instituciones de un Estado no son
un simple collage, forman un conjunto orgánico. Por tanto,
queda pendiente el problema de que con tantas reformas, cuál
es el tipo de instituciones que se quiere, qué imagen de
Estado se deriva de este conjunto de reformas constitucionales,
o qué idea de democracia se está desarrollando detrás
de estas reformas, de modo que haya una cierta coherencia en el
conjunto de las reformas.
Ahora bien,
esto no quiere decir, y esta claro para mí, que no haya una
necesidad de hacer reformas. Pero reformas en el sentido que hagan
más democrática la democracia, en varias direcciones
probablemente, pero ese debería ser el núcleo.
Por ejemplo,
reformas como mejorar la representación de los representantes.
Hay reformas que tienden a crear mecanismos de participación
debilitando los mecanismos de representación. Hay mucha gente
que dice, a veces de manera irresponsable cuando se trata de dirigentes
o gobernantes en el país, que hay que pasar de la democracia
representativa a la democracia participativa y eso no tiene sentido.
Pasar de la primera a la segunda es destruir la democracia. De lo
que se trata es que hay que mejorar la dimensión representativa
de la democracia, pero al mismo tiempo mejorar la dimensión
participativa.
Pero, la cuestión
es cómo mejorar ya que éstos son solamente principios
y es problema de ingeniería institucional. Debemos saber
hasta donde ir en lo uno y en lo otro, porque aquí, como
en toda democracia, se presenta un dilema: un exceso de participación
termina con la representación y un exceso de representación
termina con la participación. Evitar los dos excesos es justamente
lo que hay que hacer, y por ello mismo es que hay necesidad de un
debate sobre este aspecto, de manera que, sin abandonar el marco
de la democracia puedan haber reformas que mantengan equilibrio
entre ellas mismas y sea posible desarrollar estas dimensiones distintas
de la democracia.
Ahora bien,
ciertamente hay que favorecer la necesidad de mejorar la participación
de la ciudadanía incluyendo en la agenda de debate, probablemente,
la ruptura del monopolio de representación política
que mantienen lo partidos políticos, en favor de los grupos
asociativos, pero no reemplazar los partidos.
Por otra parte,
hay una necesidad real de mejorar la representación política
de los partidos, vale decir que aquellos que son elegidos tengan
la idea que están representando.
A pesar de
la complejidad, se pueden hacer reformas en las dos dimensiones
antes mencionadas. Por ejemplo, se pueden hacer reformas que eliminen
una buena parte de la inmunidad parlamentaria, por lo menos toda
aquella que no tiene nada que ver con el derecho que tienen los
representantes nacionales de expresarse libremente; todo lo demás
debiera salir de la Constitución Política del Estado.
No hay ninguna razón para que un representante no pueda ser
sometido a un proceso civil o a un proceso penal.
En este mismo
sentido, se puede extraer del parlamento, como propuso el anterior
Presidente de la República, la potestad para someter a los
representantes nacionales a juicio de responsabilidades, civiles
o penales. Que no sean ellos mismos los que definan esto, sino instancias
extraparlamentarias como la Corte Suprema de Justicia.
Otra reforma
que se puede hacer es incluir el referéndum, sólo
que hay que tener mucho cuidado en cuanto a las condiciones bajo
las cuales el referéndum debiera ser convocado y definir
cómo y para qué. No debemos olvidar que todavía
en Bolivia hay una fuerte tendencia de sectores de la población
a hacer ingobernable el sistema institucional. Todo esto para que
no ocurra lo que ya ha ocurrido con los gobiernos municipales; en
cuanto encuentran una oportunidad jurídica para inviabilizar
el funcionamiento de las instituciones, los partidos y los ciudadanos
hacen uso de ese mecanismo.
Incorporo otro
elemento señalando que no solamente es cuestión de
proponer reformas, sino de pensar los resultados previsibles de
estas reformas. Hay gente que cree que todo cambio es bueno en el
país y eso no es cierto. Que hay que cambiar de manera general
es evidente, pero no todos los cambios producen los resultados esperados.
Por ejemplo, los cambios en los Consejos Municipales, con el voto
de censura constructivo, han producido resultados desastrosos.
Finalmente,
está claro que hay una necesidad de cambios en el país
a pesar de que la población le tiene, por otra parte, temor
a los cambios; pero si se llevan a cabo habrá que pensar
con mucho cuidado cuáles podrían ser sus efectos por
mucho que éstos puedan ser contraproducentes.
Ya hemos hablado
tanto de problemas teóricos como prácticos que implicaría
la temática de reforma constitucional, pero ¿considera
usted que todo este proceso de reforma constitucional y de reforma
a las instituciones en el país debe ser acompañado
de un proceso de fortalecimiento de la cultura democrática?
No son cambios
equivalentes. Los cambios en las pautas culturales son de muy largo
aliento porque nos estamos refiriendo a las pautas de comportamiento
y de las actitudes colectivas de la población, de las que
nadie se da cuenta simplemente porque todos los días se hacen;
por ejemplo la intolerancia en el país es algo que se observa
todos los días, inclusive pueden las mismas personas decir
que son perfectamente democráticas y tener comportamientos
antidemocráticos.
Sin embargo,
es un proceso que debe hacerse. No hay democracia sin instituciones
y hay una necesidad de que éstas sean cada vez más
democráticas, y, por otra parte, hay que impulsar cambios
en la cultura política del país. La única garantía,
en última instancia, de que la democracia funcione en el
largo tiempo es cambiar de cultura política. De la cultura
autoritaria que hemos recibido de herencia, pasar a la cultura democrática.
Existen al
respecto nuevas pautas, aunque muy débiles todavía,
que han emergido en el país en los últimos años.
La conciencia de los derechos, por ejemplo, de las mujeres, de los
niños, de los grupos étnico-culturales entre otros,
es un avance. Pero por otra parte esta conciencia está vacía,
que es la obligación de los deberes. No puede haber derechos
sin deberes dentro de una concepción integral de la democracia
y esto es una tarea de muchos años. Tiene que ver mucho con
la formación que se recibe en la escuela, la familia, etc,
y eso solamente se cambia en muchos años de esfuerzo, un
esfuerzo que se debe hacer.
Actualmente,
las autoridades de educación están intentando incorporar
contenidos de educación cívica y ciudadana, además
de valores democráticos desde el ciclo primario. Pero, por
otra parte, no se puede esperar que cambie la cultura del país
para hacer funcionar la democracia; aún cuando no hay una
cultura democrática y la autoritaria es muy fuerte, hay necesidad
de hacer cambios institucionales, porque si hacemos funcionar las
instituciones, éstas por sí solas tienen efectos sobre
el comportamiento de la ciudadanía.
Hay un redescubrimiento
del valor de las instituciones en el país en los últimos
años. Eso que se llama el neoinstitucionalismo es una reconceptualización
del valor de las instituciones con respecto no solamente a la política
o a la población, sino además se refiere a la importancia
que tienen las instituciones para la economía. En este sentido,
hay una necesidad real de avanzar en estas dos direcciones, quizá
en plazos distintos. Es más fácil cambiar las instituciones
desde el punto de vista formal, eso puede hacerse y seguramente
muchas reformas constitucionales se implementarán en el breve
plazo, pero a más largo plazo hay una necesidad de promover
programas de educación ciudadana. De tal modo, podremos decir
que la democracia estará consolidada cuando los valores centrales
del comportamiento de la población sean compatibles con los
valores centrales de la democracia, es decir, cuando la población
defienda su democracia y considere que vale la pena a pesar de crisis
económicas, catástrofes naturales, de conflicto social,
algo que no es seguro en este momento en muchos sectores de la población.
Lo que tenemos
hoy en el país es una estabilización institucional
de la democracia, pero todavía no su consolidación.
Solamente podemos apuntalarla en el largo plazo, cuando estemos
seguros que en el país hay una nueva cultura democrática
y ésta funcione en todo tiempo y lugar y no solamente el
día de las elecciones.
Democracia
es para todos y en todas partes, y eso aún no lo tenemos.
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