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10 de agosto, 2004

El drama del trabajo infantil

(Santa Cruz - El Nuevo Día)
En Latinoamérica hay 17 millones de niños que trabajan a la edad de jugar o estudiar. En el mundo, afecta a 246 millones que trabajan en minas, plantaciones, industrias o en la explotación sexual.

Su contextura pequeña se ajusta a los socavones mineros, sus dedos diminutos manipulan dinamita para fabricar petardos, su fragilidad natural los vuelve más dóciles para las tareas domésticas. En América Latina y el Caribe, 17 millones de niños -acorralados por la pobreza y la explotación- trabajan a la edad de jugar, estudiar y recibir afecto.

Cuando por milagro cobran un salario, los niños reciben hasta 80% menos que los adultos, realizan tareas peligrosas en ausencia de las más elementales condiciones de seguridad y con frecuencia deben cumplir jornadas de 12 horas de labor.

Los convenios internacionales condenan la actividad laboral de niños menores de 15 años cuando la tarea amenaza su salud, moralidad o su escolaridad. Pero no todo trabajo infantil es ilegal. Los textos de la ONU y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) toleran que en los países pobres los niños de entre 12 y 14 puedan desempeñar tareas livianas con un máximo de 14 horas semanales.

En el púdico lenguaje de las convenciones internacionales, la explotación sexual de la niñez también forma parte del universo del ‘trabajo’ infantil, aunque admiten que se trata de “una de sus formas más aberrantes”. Incluso la esclavitud, el tráfico, la servidumbre por deudas, el reclutamiento forzoso en guerras, la pornografía y el narcotráfico son cuentas del mismo rosario.

Ese panorama no alcanza a mostrar la magnitud que tiene actualmente el drama del trabajo infantil en el mundo y -particularmente- en el continente.
Sobre un total de 246 millones de niños obligados a trabajar en el mundo, 17 millones son latinos menores de 15 años.

A esas cifras -por demás elocuentes- hay que agregar otros dos millones de niños de entre 5 y 17 años que son explotados sexualmente, según la OIT.
Curiosamente, todo el mundo está de acuerdo en combatir el trabajo infantil. Pero, en la práctica, la tragedia no cesa de crecer.

Veintiséis países de América Latina ratificaron la Convención de la OIT de 1999 para la erradicación de las peores formas de trabajo infantil.
Pero “al 2004 la situación en la región es desastrosa”, asegura a la AFP Bruce Harris, director para Latinoamérica de la organización no gubernamental Casa Alianza, abocada a la defensa de la niñez. Montevideo, AFP

¿Ayudantes o esclavos?

Ahijaditos • En muchos países latinoamericanos el empleo de niños en el servicio doméstico es considerado como un alivio para las familias menos afortunadas, que los entregan “como ahijaditos” bajo promesas de brindarle escolaridad, sustento y afecto.

Maltrato • En la mayoría de los casos estos niños son víctimas de maltrato psíquico, castigos corporales y humillaciones. Se los considera a menudo como ‘un bien’ del hogar, trabajan aislados y suelen perder todo contacto con su grupo familiar.

Servicio • En total, 2 millones de niños trabajan en el servicio doméstico en América Latina y casi un 90% son niñas. Hay más niñas menores de 16 años empleadas en el servicio doméstico que en cualquier otra forma de trabajo.

Abusos • Muchas veces, ni siquiera comen lo que come la familia de la casa (...) La relación con la empleada es autoritaria, basada en gritos y golpes, con abuso sexual, verbal y psicológico.

Guerras • Unos 300.000 niños soldados menores de 18 años participan en unos 30 conflictos.

La pobreza como causa

La problemática del trabajo infantil no sólo se explica por la pobreza. El factor cultural desdibuja el drama y lo hace invisible para una sociedad que lo acepta como parte de la formación y el desarrollo de aptitudes para la vida adulta.

“Hay una relación estrecha entre pobreza y trabajo infantil, pero el factor cultural no es menos importante. Si todos los niños de familias pobres trabajaran, la cantidad de niños trabajadores en el mundo sería cuatro veces mayor”, sostiene Carmen Moreno.

En algunas familias de bajos recursos, explica, existe la idea arraigada de que un ingreso temprano al mercado laboral’, mejorará las oportunidades futuras del niño.

“Si la familia no valora la educación y considera que necesita la mano de obra de su hijo, va a anteponer el trabajo a la educación y eso es malo”, afirma.

Niños mineros

Perú • Unos 50.000 niños trabajan en actividades relacionadas con la explotación del oro y manipulan mercurio a diario sin protección alguna. Trabajan bajo las condiciones más insalubres imaginables: mueren por asfixia, aplastados en derrumbes o por el avance inexorable de la silicosis, una enfermedad que corroe sus pulmones por la inhalación de sílice.

Bolivia • El país más pobre de América Latina, la mayoría de los 120.000 niños mineros son indígenas: quechuas y aymaras. Tienen entre 7 y 17 años y se los utiliza sobre todo en las labores al interior de la mina, incluso en la manipulación de dinamita y en la separación del estaño a través de productos químicos de alta peligrosidad. Para los que lleguen a convertirse en adultos, la esperanza de vida no supera los 45 años.

Guatemala • En la comunidad de San Juan Sacatepéquez, Guatemala, los niños de la pólvora son tristemente conocidos. En pequeñas mesitas, improvisados talleres en el patio del hogar, niños desde 7 años de edad hunden las manos en bolsas de pólvora y la esparcen sobre bastidores que contienen cientos de cartuchos. Son los armadores de los petardos que comprarán los padres de niños más afortunados para estallarlos en las fiestas populares.

Picapiedras • Aunque parezca increíble, hoy día también hay niños que pican piedras en Guatemala. Tienen que sacar piedras junto con sus padres del río y las destrozan en la orilla para que sirvan como ‘piedrín’ para la construcción”, precisa Martínez. Aunque la ley guatemalteca prohíbe el trabajo a menores de 14 años, datos de la OIT revelan que 23,8% de los niños de entre 10 y 14 años trabajan, la cifra más alta de la región detrás de Ecuador.

Dinero • Del lado de quien contrata la mano de obra infantil, la principal motivación es ahorrar dinero. No existen estimaciones sobre el desplazamiento del empleo del mundo adulto al infantil. Pero, “si en América Latina se habla de que hay 18 millones de personas adultas desempleadas, ¿cómo es posible que haya 17,4 millones de niños entre 5 y 14 años que estén generando ingresos?”, argumenta Moreno desde la OIT.




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