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3 de enero, 2006

Álvaro García cree que el evismo marcará una línea continental

(La Paz - La Prensa)

La Prensa

Consejero y contrapeso: Álvaro García Linera, el intelectual detrás del presidente electo Evo Morales Aima

Álvaro García Linera se queda mudo cuando intenta encontrar una palabra que describa la emoción que aún lo sobrecoge tras el triunfo electoral del 18 de diciembre. Después de un largo silencio, dice que está contento, pese a que el adjetivo se queda estrecho para reflejar el sentimiento de un hombre que parece estar en la gloria, en el universo de una utopía que “finalmente” se ha hecho realidad.

Trata de caer a tierra y rápidamente apunta la enorme responsabilidad que trae el voto que la mayoría de los bolivianos depositó en Evo Morales Aima y su persona.

Elegante, austero y rodeado de una inmensa biblioteca, el Vicepresidente electo de Bolivia recibió a La Prensa en su departamento del bohemio barrio de Sopocachi.
Pocas semanas antes de tomar las riendas del poder, García Linera acepta el desafío de escudriñar, con el mismo ojo crítico, los avatares y desafíos del primer Gobierno encabezado por un indígena en más de 180 años de vida republicana.
De sus palabras se desprende que todo comienza y todo termina en Evo Morales Aima, el líder cocalero que sacudió el sistema político boliviano en los últimos diez años.
Porque su inmensa legitimidad, refrendada en el 53,7 por ciento de los votos, será en sí misma la carta más poderosa para resolver las disidencias y tensiones dentro del Gobierno del MAS y los movimientos sociales, para afrontar la férrea oposición de sus adversarios políticos y para definir un liderazgo de izquierda con identidad propia en la región.

El evismo, con rasgos y alcances que complementan a los más radicales del chavismo, de Hugo Chávez, en Venezuela; el castrismo, de Fidel Castro, en Cuba, y al reformismo de Lula da Silva, en Brasil. Todos alineados en este giro a la izquierda que ha emprendido América Latina como respuesta al neoliberalismo.
El evismo, según García Linera, marca una nueva línea política en el país y en el continente. Una vía que se ofrece a sí misma como un movimiento político con un fuerte componente indígena y que se postula como una izquierda “democrática y viable”, pero contestataria a las políticas conservadoras de la globalización.
Un movimiento cuya acción está centrada en lo que haga o deje de hacer el caudillo indígena, con sus inmensas cualidades como líder político, pero también con sus inocultables contradicciones.
También allí, Álvaro García Linera asume una función determinante: consejero, equilibrista, contrapeso de un líder a la vez personalista, democrático, imprevisible y radical.

“Es un líder carismático que concentra buena parte de las decisiones en su persona, pero el término caudillo tiene una connotación negativa que no se ajusta a la personalidad de Evo Morales; se trata de un hombre tremendamente reflexivo y autocrítico”, reconoce el analista-político-Vicepresidente electo.
Cultor de los medios de comunicación, Álvaro García Linera prevé, de entrada, que la “evomanía” traspasará las fronteras del país e impactará directamente a Ecuador, Guatemala y México, donde las poblaciones indígenas son proporcionalmente numerosas.

En ese marco, anuncia que mantendrán la relación con Estados Unidos pero sin condiciones, y se volverá a una política de “gas por mar” con Chile, sin concesiones, en pos de una salida soberana al océano Pacífico.
Señala que la Asamblea Constituyente será el camino a la creación de un nuevo modelo de Estado.
Para ello, la gestión del MAS reforzará el Consejo Pre Constituyente y Pre Autonómico y revisará su composición, a fin de garantizar el éxito del proceso constituyente.
La Asamblea Constituyente contendrá, además, un componente “corporativo pero democrático” en la representación que tendrán los pueblos indígenas en función de una reparación histórica de la exclusión social y la discriminación.

En ese modelo de país el Estado ocupará el centro de la escena política y económica, tras la recuperación de la propiedad absoluta de los recursos hidrocarburíferos y su explotación a través de una nueva política energética.
Anticipa que el Gobierno del MAS intervendrá las empresas petroleras que hayan evadido impuestos al fisco o hayan cometido delitos de contrabando de recursos hidrocarburíferos en detrimento de los intereses del Estado boliviano.
Además, con la precisión de un matemático, anuncia que el Gobierno de Evo Morales reformará la actual Ley de Hidrocarburos y flexibilizará el pago de impuestos petroleros.
Álvaro García Linera comienza este diálogo agradeciendo la oportunidad de decir su palabra en un momento trascendental para Bolivia, a pocas semanas de tocar el cielo —y el poder— con las manos.

—Su nombre aún figura en nuestras listas telefónicas entre los “analistas políticos”, uno de los más críticos quizás. ¿Cómo se siente Álvaro García Linera hoy como Vicepresidente electo de Bolivia?
—Me siento muy agradecido, en primer lugar, por este respaldo de la gente. Y me siento comprometido para responder de manera eficiente a ese apoyo de los bolivianos. Estoy intelectualmente contento de la manera como la sociedad está buscando resolver este “empate catastrófico” que habíamos bautizado hace dos años en un reportaje, justamente en La Prensa. Usando a Antonio Gramsci, calificamos la etapa que comienza en el año 2000 como un empate catastrófico, como una confrontación de proyectos de país de contenido étnico, clasista y regional que estaba generando este momento de inestabilidad e incertidumbre social. Este empate catastrófico comienza a ser resuelto mediante un hecho democrático y electoral del 18 de diciembre. Por ello, hemos establecido que se trata de una “revolución democrática”, por cuanto mediante una votación tan grande (53,7 por ciento) comenzaba a dar una salida a este conflicto. Estamos frente a una resolución pactada de la lucha por el poder. Bolivia vive una lucha por el poder, no solamente una lucha por el Gobierno, una lucha por el poder de nuevos sectores, nuevas clases sociales y nuevos grupos culturales que emergen en esta disputa. Hoy se dio una gran señal histórica de la población para resolver este dilema, no mediante la imposición de un bloque sobre otro, sino mediante una resolución pactada en la lucha por el poder donde hay un núcleo articulador, un núcleo de liderazgo moral e intelectual, una hegemonía gramsciana, que lo constituyen los indígenas, que han logrado articular un proyecto político en torno al liderazgo de Evo Morales Aima y han expandido su mirada del mundo al resto de las clases sociales, incluso a sectores empresariales y regionales que comienzan a subir en este liderazgo sus propios intereses. Es, sin embargo, un proceso que no se va a resolver sólo con las elecciones, ahora viene la Constituyente. Pero se trata de una resolución pactada de la lucha por el poder en torno a un núcleo nacional-popular e indígena. Esto es lo novedoso.

—¿Se anima a ser tan crítico con el MAS y su futuro Gobierno como lo fue con otros procesos políticos en el país?
—Definitivamente. Porque es parte de la lucidez que uno tiene que mantener frente a las cosas, frente al país. En ese sentido, no dejo de ser analista e investigador. Lo que hago es ampliar al análisis, que tiene que ser frío y contundente, para evaluar limitaciones y potencialidades del actual proceso y de sus líderes. Pero, a la vez, hay que complementar eso con decisiones ejecutivas en materia de políticas públicas. Todo, sin perder el nivel de distancia y criticidad —en el sentido kantiano del término—, como el establecimiento de las potencialidades y los límites de la realidad, de nuestro líder, de nuestro movimiento, de nuestro Parlamento. No queremos ni vamos a dejar de ver nuestras limitaciones. Si fuéramos aduladores de lo existente sería trágico para el intelectual y trágico para el gobernante, porque entonces sustituiría la realidad por sus deseos. Y cuando uno hace eso, está perdido.

—En estos días han surgido ciertas dudas respecto de la capacidad que pueda llegar a tener el Gobierno de Morales para contener las enormes demandas de los sectores sociales. Desde el reparto de “pegas” en el gabinete hasta las grandes decisiones estratégicas. ¿Cómo piensa hacer el Gobierno del MAS para satisfacer esta avalancha de pedidos?
—Evo Morales ha sido muy contundente y firme. En el momento de hacer las alianzas con las organizaciones sociales, al elegir a los candidatos a diputados y senadores y, como Presidente electo, al visitar a ciertas organizaciones sociales fue muy claro. La definición de los ministerios y cargos públicos corresponde exclusivamente al Presidente de la República. Éste no es un Gobierno de “pegas” ni de cuotas de poder. Y se adoptará la decisión en función de criterios como el equilibrio regional, sectores sociales, mujeres, compromiso con el país. Pero la decisión es personal de Evo Morales y él no aceptó ni va a aceptar presiones ni cuoteos en la distribución de cargos públicos ni ministerios. Va a tomar en cuenta a los mejores hombres y mujeres que han cumplido un rol activo en cierta función. En segundo lugar, Evo aseguró que habrá un respeto de los niveles técnicos e intermedios del aparato público. No habrá “masacres blancas”. El aparato público va a seguir funcionando de la misma manera como hasta ahora.

—¿Se va a seguir el criterio de la “meritocracia”?
—Definitivamente. Es parte de nuestro plan de gobierno. Se respetará la carrera administrativa en todos los casos y la “meritocracia”. Habrá cambios en los niveles de decisión política fundamentalmente: ministerios, viceministerios. Pero el resto de la estructura administrativa tendrá que mantenerse y tiene que funcionar. Por tanto, no habrá “repartija” de empleos a la militancia, sino al contrario, hay una decisión de construir ámbito administrativo serio, responsable y con respeto de las reglas administrativas que rigen la vida pública en el país.

—¿Qué va a pasar si Román Loayza, por ejemplo, que pide tres ministerios, decide bloquear carreteras porque no se los dan? ¿Qué hará el Gobierno del MAS?
—No creo que se dé esa situación. Hay que entenderla como parte de estas disputas y pugnas internas en el acceso a niveles de decisión en el aparato estatal.

—¿Hay disputas, entonces?
—Efectivamente. Siempre las habrá como en todo partido, tensionamientos de distintas facciones y liderazgos.

—Algunas versiones dicen que en algunos casos la pelea por cargos ha llegado a los golpes...
—No conozco ningún caso de ésos. En todo caso, la legitimidad del presidente electo Evo Morales es tan grande que está por encima de estas disputas. No creo que ninguna de las bases de los movimientos sociales se vaya a movilizar en contra del presidente Evo Morales, que apenas está entrando en el Gobierno. Él fue muy claro con los liderazgos y las bases en sentido de que no se iban a repartir “pegas” en función de apoyo electoral. Nunca fuimos a buscar el apoyo de nadie a cambio de “pegas”. Se dijo con claridad: Apóyennos para cambiar el país. Punto. Hasta ahí llegaba nuestro ofrecimiento. Las declaraciones de Román tienen que ver con estas presiones internas, pero consideramos que la definición final está en manos de Evo Morales. No aceptaremos presiones de nadie ni se harán “repartijas” de cargos en función de cuotas por organizaciones sociales.

—¿No se convertirá Evo Morales en un “rehén” de los sectores sociales?
—No lo será. Porque el liderazgo social de Evo Morales es gigantesco. Y Evo está por encima de casi todos los líderes sociales. Evo Morales tiene más autoridad orgánica que muchos de los líderes que ahora están intentando presionarlo. Esto forma parte de los preparativos pregubernamentales, por lo que considero que no son una amenaza. No son una amenaza ni un riesgo. Lo veo como las discusiones dentro de una familia.

—Da la impresión que Evo Morales será la carta para resolver todos los conflictos internos. ¿Cómo observa usted la figura de Evo Morales? ¿No tiene rasgos de caudillismo y neopopulismo?
—Evo Morales es, claramente, un líder carismático. Con todas sus connotaciones. Es un hombre que ha concentrado en su personalidad, en su manera de ser y en su comportamiento un conjunto de simbolismos y de representaciones que muy fácilmente articulan adhesiones sociales. A su vez, articuló también ciertos rechazos sociales, tal como se vio durante la campaña. Esto hace que buena parte de la fortaleza de esta estructura política, que se ha construido como el MAS, se concentre mucho en el líder. Todo liderazgo carismático tiende a concentrar bastante poder. Buena parte de su eficacia y su convocatoria está personalizada. Pero a la vez, él es muy cuidadoso. Sin ánimo de esconder posibles riesgos, Evo Morales es muy cuidadoso de desconcentrar estas funciones de poder. Este apego que tiene al método asambleístico es muy interesante, la búsqueda permanente de refrendar decisiones en asambleas y ampliados, lo que podía ser una excesiva concentración del poder ultracentralizada y ultrapersonalizada, que es una tendencia latente porque se trata de un líder carismático. Pero también tiene una serie de “blindajes” parciales, que hacen que este poder se desconcentre y recaiga en las estructuras dirigenciales. Lo vemos, incluso, con Román Loayza. Habla de una desconcentración de poder que permite este tipo de disidencias. Si abusara de ese carisma no tendríamos este tipo de disidencias. Habría una línea militarizada y casi vertical en la toma de decisiones. Este apego a la consulta, al diálogo con dirigentes y las asambleas, habla de una combinación entre una concentración de poder y una desconcentración de las decisiones. El desafío es mantener este equilibrio. He visto a Evo Morales permanentemente intentando mantener ese equilibrio. Evo Morales es muy hábil en mantener esos equilibrios que hacen que no todo quede concentrado en su persona. Pero está latente este liderazgo carismático que puede llevar a que muchas decisiones queden definidas en una persona.

—¿Se puede hablar de un “caudillo democrático”?
—La palabra caudillo tiene una connotación negativa, prefiero identificarlo como liderazgo carismático. Si revisamos la definición weberiana de liderazgo carismático, se acerca a la idea que tenemos de caudillo. Hemos conversado mucho con Evo sobre este punto. Es una persona muy reflexiva. En todo este tiempo no he visto caprichos en la toma de sus decisiones. Defiende sus posiciones con firmeza, pero luego reconoce que se equivocó, que hay que retroceder. Me agrada mucho esta relación con Evo.

—La relación con Estados Unidos. ¿Usted comparte la declaración de Evo Morales a la cadena árabe Al Jazeera en sentido de que “George W. Bush es el único terrorista del mundo”?
—Prefiero oír la declaración completa del Presidente electo antes de emitir una opinión al respecto. Aun así, considero que Estados Unidos tiene una política internacional agresiva hacia ciertos países y eso debería modificarse.

—Bolivia se beneficia en sus exportaciones bajo un sistema preferencial en Estados Unidos con más de 400 millones de dólares anuales. Esto se termina en 2006 y está condicionado a la lucha contra el narcotráfico. ¿Cómo va a negociar el Gobierno del MAS con Estados Unidos la lucha contra las drogas?
—El Gobierno de Evo Morales va a buscar mantener las relaciones de cooperación, de intercambio y de preferencias con todos los países y, en particular, con Estados Unidos. Es la potencia más importante del mundo, la economía más importante del mundo. Nadie ha pensado y Evo Morales jamás ha hablado de un aislamiento respecto de la economía norteamericana. Pero lo que queremos es que esa apertura y esas facilidades que nos brinda Estados Unidos no arruinen a otros sectores y, en segundo lugar, no vengan condicionadas a la pérdida de la soberanía. Si las preferencias arancelarias vienen amarradas a la lucha contra el narcotráfico, muy bien. Si de lucha contra el narcotráfico se trata, Evo ha hecho una convocatoria a un pacto con Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico. Pero si la lucha contra el narcotráfico se convierte en un pretexto para la lucha contra campesinos, eso no lo vamos a soportar. O si la lucha contra el narcotráfico se convierte en una excusa para decir “queremos un ministro”, eso no lo vamos a soportar, ni de Estados Unidos, ni de Venezuela, ni de Brasil, ni de Francia, ni de España, ni de nadie. Dignidad ante todo. Por lo tanto, si las preferencias arancelarias vienen amarradas a una lucha contra el narcotráfico real, efectiva, vamos a poder firmar y mantener ese tema, siempre y cuando no afecte nuestra dignidad de país ni sea un pretexto para reprimir a sectores sociales. Es más, sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, Evo Morales ha dicho que queremos mantener y ampliar las exportaciones de textiles, maderas, joyas. Pero, a la vez, queremos que ello no arruine a los productos de otros sectores. Queremos un TLC que vaya renegociado para que permita brindar barreras protectoras a ciertos sectores muy débiles de nuestra economía por un tiempo, hasta que mejoren su tecnología, su competitividad y luego entren ya en un proceso de apertura total. Se está logrando con la soya en la CAN. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo en el TLC para sectores campesinos y microempresariales poco competitivos de nuestro país? Eso es lo que estamos planteando, renegociar las características del TLC, no cerrarnos.

—Estados Unidos exige erradicación de la hoja de coca, por ejemplo, en Yungas a partir de 2006. ¿Cómo van a lidiar con esa exigencia externa y también con la demanda de los sectores cocaleros que no quieren la erradicación?
—No hay problema con la erradicación. En Chapare, después del acuerdo del cato de coca entre Carlos Mesa y las Seis Federaciones de cocaleros, se erradicaron seis mil hectáreas sin ningún muerto. El problema es cómo se logran esos acuerdos sobre la erradicación. Lo que pedimos es que se culmine este estudio sobre el consumo legal de coca y determine la cantidad del cultivo legal. Si es más de 12 mil hectáreas, pues habrá que definir cuántas son las hectáreas necesarias y legales para el cultivo. Si es menos de 12 mil hectáreas, habrá que redefinir cuántas hectáreas y en qué lugares. Pero mientras no haya el estudio, hay que aplicar la Ley 1008, que exige la erradicación de cierta cantidad de hectáreas de coca. Esa ley se va a mantener los siguientes meses o años hasta que se acabe el estudio sobre la hoja de coca. Con el estudio en la mano se volverá a definir este tema de la erradicación. Nosotros consideramos que debe haber una erradicación acompañada de cultivos alternativos para lo cual se requiere que la cooperación internacional, especialmente la que viene de Estados Unidos, vuelva mucho más eficientes los recursos de la cooperación. Además, los cultivos alternativos deben ser sustentables en el tiempo. No basta que al año siguiente usted gane 1.500 dólares para que el productor esté dispuesto a cambiar su hectárea de hoja de coca por una hectárea de banano. El productor requiere que sus ingresos sean previsibles en los siguientes diez años.

—¿No le parece el viaje de Evo Morales y una comisión de 60 personas a Cuba una provocación riesgosa en las relaciones con Estados Unidos? ¿No compromete ese viaje al país respecto del Gobierno de Fidel Castro?
—El viaje a Cuba fue una decisión soberana del Presidente electo. Además, lo veo como parte de un largo viaje. A Cuba fueron un día apenas. Los temas fuertes del Gobierno de Morales van a ser tratados en España, Brasil y China. El viaje a Cuba fue un hecho simbólico que no compromete en nada en términos de soberanía. Los temas fuertes vienen después y habrá que estar atentos respecto de los logros o dificultades que vayamos a tener. Son viajes con agenda económica, fundamentalmente en cooperación, mercados e inversiones.

—Los símbolos, las señales al mundo también son importantes. ¿El Gobierno de Evo Morales está más cerca del eje Chávez-Castro que del eje Lula-Kirchner? ¿En qué medida esto redefine la posición de Bolivia en el tablero regional?
—Evo Morales y su Gobierno no son ni lulistas ni chavistas ni castristas: son evistas. Eso lo asumimos así, como un gran reto. Creemos que lo que se está haciendo aquí en Bolivia, donde el liderazgo indígena tiene un proyecto de país y de dignidad en términos de movimientos sociales y de diálogo con los diversos sectores, marca una nueva línea política continental. Lo que estamos construyendo aquí es el evismo, el evismo como un proyecto político nacional, en primer lugar, pero de repercusión internacional.

—¿Cuáles son los principales aportes del evismo?
—La presencia de los indígenas, de los excluidos, de los marginados de la historia. Presencia en las estructuras de poder. Esto no lo ha hecho ningún otro Gobierno. El segundo aporte es la fuerte presencia de movimientos sociales. Ni siquiera el de Lula, que emergió como movimiento social, tuvo una presencia tan activa. En Brasil, los movimientos sociales se replegaron y dejaron a Lula solo. Aquí vamos a tener una presencia no mayoritaria pero importante de los movimientos sociales en las estructuras de poder. Y eso plantea hasta retos intelectuales. ¿Qué significa un gran movimiento social en el poder? Es una línea política con identidad propia, que puede dialogar con los otros aportes en la región. Que puede dialogar con otros países, como Venezuela, Brasil o Argentina. Pero que tiene una singularidad histórica muy notable que vamos a convertir en una doctrina política que pueda ser útil para otros actores sociales en el continente.

—Pareciera vislumbrarse, sin embargo, una pugna dentro del MAS entre una izquierda más radical y otra más moderada, encabezada por usted ¿Esto es así?
—No hay radicales en el MAS. Lo que se malinterpretan son los lenguajes. Sí hubo esa otra izquierda más decimonónica, pero es marginal y no está dentro del MAS. Son pequeños grupos que ya no tienen vida política ni influencia ni han participado en las estructuras de movilización de los últimos años, como el POR o el PCB. Son recuerdos testimoniales y arcaicos de una época que ya pasó. El MAS es una izquierda horizontal, es una plataforma, no es una izquierda vertical, tiene una pluralidad de tendencias, una más comunitaria y sindical, otra más académica, otra más organizativa, pero forman parte de una misma matriz que es una izquierda indígena. Eso es lo novedoso que ha surgido en Bolivia desde 2000.

—¿Y democrática?
—Es democrática, es fundamentalmente democrática. Busca el poder por la vía de las elecciones. Es cierto, pueden haber distintas tendencias en su interior, pero es una izquierda todavía en formación. En ninguno de los niveles del MAS he visto una izquierda moderada y una izquierda radical. Hay que ver los discursos de los dirigentes sociales como parte de su lenguaje. Forman parte de la misma matriz, pero el lenguaje que utilizan es distinto. Es el lenguaje al que están acostumbrados. El lenguaje de la movilización, del cabildo, y está bien que sea así, que es distinto del lenguaje al que está acostumbrado un profesor. Pero si uno no ve la forma sino el contenido, se está hablando de lo mismo. ¿Qué nos está diciendo Román Loayza? Que los movimientos sociales deben ser parte de las estructuras direccionales del país. Que le diga cuatro ministerios o dos, es secundario. Su pedido va en sentido de decir: “Oiga, señor Presidente, los movimientos sociales son parte de esta estructura de decisión”. Y lo ha dicho Evo: éste es un Gobierno de movimientos sociales.

—Otro frente difícil será Santa Cruz, los movimientos cívicos y su demanda de autonomía. ¿Cuál será el tratamiento del Gobierno con las regiones?
—Santa Cruz es una región liderada por un sector empresarial importante y vigoroso de la economía boliviana. Esta dinámica económica y este sector empresarial cruceño tienen que ser articulados a la mirada nacional que se está construyendo desde el mundo indígena y popular. Este proceso no va a ser necesariamente muy fácil, va a requerir un conjunto de acuerdos y tensiones, pero consideramos que al final es posible articular esta mirada modernizante con una mirada más arraigada en fuerzas vernáculas y en los ritmos del crecimiento de la economía más tradicional afincada en sectores indígenas y populares. Creemos que Santa Cruz y esos intereses tienen mucho que ver con el porvenir económico del país, pero ya no son el único interés que tiene que ser articulado. Vamos a acercarnos a esos sectores y recoger sus intereses pero en el marco de un equilibrio con otros intereses igualmente importantes que han sido marginados.

—Hasta antes del 18 de diciembre se hablaba sobre qué corriente prevalecería en América Latina, si la línea de Lula da Silva o la de Hugo Chávez... Evo Morales parece marcar un nuevo giro en esta renovación política en la región, un giro indigenista. ¿Usted cree que esto está influyendo en Perú, con el ascenso de Ollanta Humala? ¿Podría pasar en Ecuador o en Centroamérica? ¿Cómo ve la proyección del evismo?
—Creo que en el continente, en general, el péndulo de la historia ha comenzado a andar hacia la izquierda. Eso se va a ver en todos los países. Unos con mayor fuerza, otros con menor fuerza. Porque en el continente fracasaron las políticas de ajuste. Eso no significa que todo tiene que deshacerse. Hay cosas que habrá que recuperar, como la estabilidad macroeconómica. Hay que mantener ciertas cosas, pero otras tienen que modificarse. Está pasando en todo el continente. La pregunta es cómo cada país en función de su historia recoge este péndulo de la historia. En el caso de Brasil, mediante un liderazgo que emerge del movimiento obrero. En el caso de Venezuela, mediante un liderazgo carismático y militar, porque su sociedad civil es muy débil. En el caso de Argentina, recuperando banderas del peronismo. En Bolivia, a partir de su núcleo indígena. En el caso del Perú, es más complicado, porque allí, si bien tiene una fuerte base indígena, ésta nunca ha sido fuerte. La izquierda sí ha sido fuerte. La izquierda armada y la izquierda legal. Pero esa izquierda fuerte ha sido destruida con la guerra. Entonces, Perú es un laboratorio un poco raro, porque no hay un movimiento indígena fuerte. No creo que Humala sea parte de esta expansión del pensamiento indigenista. Sí, más bien, lo veo como un nacionalista.

—¿Y autoritario también?
—Tal vez. Veo más bien una mezcla entre banderas chavistas en su nacionalismo y algo de recuperación de los ancestral indígena pero todavía muy débil. En Perú no creo que el evismo esté influyendo porque la sociedad peruana está en proceso de reconstrucción después de más de 15 años de guerra y más de 60 mil muertos.

—¿Y más allá de Perú?
—Donde sí creo que puede haber un movimiento indígena más fuerte y esta victoria de Evo Morales en Bolivia puede influir de manera directa es en Ecuador, Guatemala y, quizás con el tiempo, México. Porque allí hay una alta presencia indígena: 30 por ciento en Ecuador, 55 por ciento en Guatemala, diez millones de indígenas en México. Creo que allí puede haber una influencia directa del evismo como proyecto político.

—Con Evo Morales en el poder, Hugo Chávez tendría que sincerarse con Bolivia y decir cuáles son sus verdaderas intenciones. Venezuela es un fuerte competidor en el sector energético. ¿Ustedes creen que Venezuela compite con su gasoducto, por ejemplo, en la pelea por mercados energéticos? ¿Es un “enemigo” de Bolivia en la pelea del gas?
—No hablaría de “enemigo”. Cada país lucha por sus intereses. Lo hace Venezuela, lo hace Estados Unidos, lo hacemos nosotros... En esta nueva etapa esperamos que Venezuela, preservando sus intereses, tenga una mayor apertura a nuestros intereses. Sobre el “anillo energético”, o la venta de soya o la exportación de gas al continente, esperamos que Venezuela tenga una mayor receptividad con las propuestas que tenemos como país. Pero en relaciones internacionales no hay amigos, hay socios. Pase lo que pase.


“El Estado intervendrá las petroleras que cometieron contrabando”
—La relación con las empresas petroleras será otro tema difícil de la gestión de Evo Morales. Se habla de una “migración obligatoria” de contratos. ¿No teme el Gobierno de Morales que vaya a ocurrir una “migración de inversiones”?
—No esperamos una “migración de inversiones” en el sector hidrocarburífero porque Bolivia es una plaza gasífera importante para cualquier inversionista en el continente. Tenemos el campo descubierto en Incahuasi que, se supone, será más grande que el campo de Margarita. Bolivia es y va a seguir siendo una potencia energética y una zona apetitosa para cualquier empresa extranjera que quiera participar en la explotación gasífera del continente.

—¿Las condiciones que impondrá el Gobierno del MAS serán más duras de las que está planteando la actual Ley de Hidrocarburos?
—Serán más duras en algunos aspectos y más flexibles en otros. Si las empresas petroleras han cometido abusos y contrabando, van a ser intervenidas por el Estado. Así de claro. El Estado intervendrá a las petroleras que hayan cometido delitos. Luego se va a aplicar la ley. Tienen que firmar sí o sí nuevos contratos, están obligadas a firmar nuevos contratos. El Estado es dueño de los hidrocarburos en boca de pozo. Pero flexibles en cuanto se pueden modificar los impuestos, para que no sean “ciegos”. Es decir, cuando usted invierte inicialmente, no le podemos cobrar muchos impuestos. Si usted va recuperando su inversión, le subimos un poco más los impuestos. Si ya recuperó su inversión, le cobramos más impuestos. Un esquema que los técnicos llaman government take. Estamos pensando en un government take flexible que puede llegar hasta el 70 por ciento de las ganancias. Ni siquiera el 50 por ciento, el 70 por ciento. Pero hay que saber en qué momento. Si ya recuperaron sus inversiones, aplicaremos un government take del 70 u 80 por ciento, como es el promedio en países de América Latina con empresas estatales. Vamos a buscar un esquema flexible. La actual ley impone impuestos “ciegos”, de entrada 50 por ciento. Eso hay que modificarlo.

—¿Una nueva Ley de Hidrocarburos?
—No. La vamos a modificar solamente. Evo Morales ha planteado claramente que hay que reformar la Ley de Hidrocarburos. En su filosofía general hay que mantenerla, pero se puede hacer ajustes en varios artículos. El fomento a la industrialización hay que especificarlo más. Hay que mejorar los beneficios para los inversionistas que quieran industrializar el gas en Bolivia. A partir de ahora, el Estado será partícipe de todo proceso de industrialización, producción y exportación de los hidrocarburos.

—¿Esta flexibilización será para los nuevos contratos solamente?
—Para los nuevos y para los que se van a firmar en esta “migración” de contratos. Para todos.

—¿Esperan nuevos actores en el sector hidrocarburífero? ¿PDVSA, por ejemplo?
—Sí, esperamos nuevos actores. Venezolanos, norteamericanos, europeos y chinos. Se abrirán las puertas a grandes compañías bajo las nuevas reglas con las que el Estado es propietario en boca de pozo y será socio mayoritario en los emprendimientos. Las inversiones extranjeras tendrán reglas claras, van a recuperar su inversión y van a tener ganancias promedio. Pero nada más. La propiedad es nuestra, la definición de precios de exportación, de volúmenes, es nuestra. Todo lo demás es nuestro. Esto es lo más razonable. Éstas son reglas que las empresas con las que hemos hablado en sus casas matrices están dispuestas a aceptar.

“Con Chile, impondremos la política de ‘gas por mar’ con soberanía”
—Venta de gas por Chile. ¿Es posible pensar que el Gobierno de Evo Morales pueda volver a una política de “ni una molécula de gas por Chile”? ¿Qué perspectiva tendrán las relaciones con Chile teniendo en cuenta el conflicto marítimo?
—El mercado chileno es apetecible. Un mercado creciente de gas. Podríamos vender el gas a Chile a mejores precios de lo que vendemos a Brasil o Argentina. A Brasil le vendemos a 3,15 dólares el millar de metros cúbicos. Nosotros podemos tener buenos negocios de gas con Chile. Chile necesita del gas boliviano para ahorrar y no estar comprando a ocho dólares el millar de metros cúbicos el gas que le podrían vender Indonesia y tener que construir una planta de licuefacción, de 5.000 millones de dólares. Chile necesita más que nadie el gas boliviano, definitivamente. Pero en medio hay un hecho histórico inocultable y fundamental para cualquier tipo de negociación sobre el gas: la salida soberana al Pacífico. Ni siquiera la salida como “cualidad marítima”, sino salida soberana al océano Pacífico. El referéndum fue muy claro y contundente. Dio una señal, la gente votó por eso, y nosotros vamos a mantener esa línea. No puede haber ningún tipo de negociación en términos de exportación de gas que no tome en cuenta, en primer lugar, la salida soberana al mar. Esperemos que los chilenos lo sepan entender. Resuelto el diferendo de la salida soberana al Pacífico, las perspectivas de integración energética son gigantes. Chile ganaría muchísimo: gas, energía eléctrica, petroquímicas, plantas de metanol conjuntas, desarrollo del norte chileno... Pero, salida soberana. Sin salida soberana no puede haber ninguna negociación sobre exportación y venta de gas.

—¿Esto es “gas por mar” o tiene alguna variación?
—Es lo mismo. Gas por mar.

—¿Significa retroceder en lo avanzado durante la gestión de Eduardo Rodríguez Veltzé en materia de acuerdos comerciales?
—Los acuerdos comerciales se pueden mantener. Pero el negocio del gas es lo central. Esto significa patear el tablero que armaron Tuto Quiroga y Sánchez de Lozada. Ellos estaban dispuestos a la venta de gas a precios bajísimos por nada. Simplemente con la ilusión de una supuesta “cualidad marítima” al océano Pacífico. Eso no va más en este país. La gente ha sido contundente. Ese 54 por ciento que nos ha dado la gente también significa salida soberana junto a la venta del gas. Nuevamente, la reivindicación de salida soberana está ondeando en primera plana de nuestras banderas. Chile tiene que reconocer que, resuelto ese tema, tenemos grandes negocios que podríamos realizar en forma conjunta. Tiene que haber apertura, y esperemos que (la candidata) Michelle Bachelet sepa entenderlo.

Constituyente, el desafío
—Para modificar la actual estructura de país, la Asamblea Constituyente aparece en el escenario como el instrumento fundamental. ¿Cuál será la táctica y cuál la estrategia del MAS para garantizar el éxito de esa “batalla” en función de los intereses del pueblo boliviano?
—Vamos a garantizar la viabilización de la Asamblea Constituyente. Este Gobierno se compromete a su convocatoria y realización a partir de mediados de este año. No vamos a retroceder, ni vamos a ponerle peros ni colocarle obstáculos a esta realización. En el Parlamento vamos a viabilizar en el primer mes de gestión la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente con los consensos necesarios. Ya hay varias propuestas. Va a predominar el voto individual. Está en debate el porcentaje simbólico del voto comunitario; simbólico, no predominante. Pero además vamos a revisar la composición del Consejo Pre Constituyente y Pre Autonómico ya establecido, con la idea de reforzar sus tareas en este camino para allanar la Constituyente. Consideramos que el Consejo Pre Constituyente debe tener un papel más preponderante y un mayor protagonismo. No solamente como un vigilante moral del proceso, que es lo que refleja su actual composición, sino como un actor que ayude a consolidar una serie de acuerdos mínimos. Que no haya sectores que entren con temor. Lo ha dicho Evo Morales: esto no va a ser revancha ni venganza. Vamos a acordar el proceso. Estos acuerdos deben hacer que la Asamblea Constituyente sea el gran escenario del armisticio social y de la distribución pactada del poder. Esta distribución pactada del poder es la forma de resolver la actual crisis de Estado que sufre Bolivia.

—¿Cuáles son los factores de poder que están disputado hoy la distribución del poder en Bolivia?
—Son tres factores de poder fundamentales: el sistema de partidos políticos, los movimientos sociales y los sectores cívico-empresariales. Estos tres actores tienen que coordinar una serie de acuerdos y de plataformas mínimas que viabilicen esta Constituyente. Esperamos que estos factores de poder junto con los actuales miembros del Consejo Pre Constituyente logren esos acuerdos mínimos para la refundación del país.

—Se van a requerir dos tercios de los votos para aprobar la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, que el MAS no lo tiene en el Congreso. Esto demanda de hecho alianzas con otros partidos políticos. ¿Cómo piensan hacer para establecer dichas alianzas?
—No vamos a hacer Gobierno aliándonos a nadie. Hemos ganado con más del 50 por ciento de los votos. Pero, una vez siendo Gobierno, vamos a hablar con absolutamente todos los sectores. Son dos cosas distintas. Por supuesto, vamos a hablar con la oposición, ahora somos parte del oficialismo. Pues vamos a hablar con los opositores para que ellos también cumplan sus promesas electorales. La oposición se comprometió a la Constituyente. Entonces, vamos a la Asamblea Constituyente. Que cumplan sus promesas. Si son una oposición seria y responsable, tienen que cumplir sus promesas. Hagamos la Constituyente. Desde el oficialismo vamos a lanzar el proyecto y ellos tienen que acatar. Hay que encontrar los acuerdos y las características que va a asumir esta Constituyente. Pero la oposición está conminada a viabilizar la Constituyente.

—Una discusión de fondo tiene que ver con la elección de los constituyentes. Ustedes plantean la posibilidad de este “voto simbólico” de los pueblos indígenas. ¿No temen que esto pueda derivar en una participación corporativa en la Constituyente? ¿No es el corporativismo, ya sea de pueblos indígenas, organizaciones sindicales o instituciones militares, una forma del autoritarismo que rompe con la democracia representativa?
—¿Quién ha dicho que el corporativismo es antidemocrático? Respondo como un académico. El corporativismo es parte de las democracias modernas. Es cierto, está el corporativismo estatal o autoritario, que corresponde a los regímenes fascistas, es decir, las corporaciones organizadas desde arriba, desde el Estado hacia la sociedad, asfixiando a la sociedad civil. Pero también hay un corporativismo democrático. En todos los regímenes socialdemócratas, incluso en Estados Unidos, está la sociedad civil autoorganizada que logra un tipo de reconocimiento e interlocución frente al Estado. Esto existe desde los años 30 en Estados Unidos y Europa con el Estado de bienestar. En América Latina, de igual forma. No hay que tenerle miedo al corporativismo. Las sociedades democráticas tienen formas de corporativismo reguladas institucionalmente. Bolivia ha sido corporativa, solamente que en los últimos veinte años el corporativismo ha provenido del sector empresarial y se dejó de lado a lo popular. La Constituyente demanda una enorme representatividad, que nadie se sienta excluido. Vamos a debatir nuestra propuesta, no la vamos a imponer. Creemos que debe elegirse un número de constituyentes uninominales y otros 35 constituyentes elegidos por representación comunitaria. En reconocimiento de este corporativismo democrático, tradicional, social y comunitario que tiene nuestra sociedad.





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