Urpuma significa nube que da agua, agua que da vida. Este lunes en la localidad yungueña del Chairo, en Sandillani, el último tramo del camino precolombino del Choro, se inauguró esta obra para los excursionistas nacionales y extranjeros, siguendo las tradiciones ancestrales.
El refugio brinda calidad de servicio en la cocina. Los comunarios fueron capacitados como guías de interpretación de las rutas del Inca. Estos empresarios son los socios de este emprendimiento que recibió una donación del PNUD. Conservación Internacional apoyó este trabajo.
Protegido por los cerros T’ikimani, Ornomi y Wakani, acariciado por las nubes y entre el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata y la población del Chairo, en los Yungas, está el refugio ecoturístico Urpuma, en Sandillani, donde se encuentra el último tramo de los caminos prehispánicos del Choro y Sillu T’inkara.
Urpuma significa “nube que da agua, agua que da vida”. Para llegar a esa región se debe tener un espíritu aventurero, gusto por el treking (caminata a campo traviesa) y el deseo de observar el hábitat del jucumari, donde también se aprecian más de 300 especies de orquídeas y una gran variedad de aves. La región se encuentra a 1.752 metros sobre el nivel del mar.
El refugio cuenta con cabañas cuádruples equipadas con camarotes para albergar hasta a 12 personas, pero también las hay para parejas; todas con baños privados.
El restaurante ofrece platos preparados sobre la base de los productos locales, que le dan una sazón incomparable con la comida citadina.
El costo para vivir esta experiencia, en el corazón de los bosques yungueños, es de 20 dólares por persona. Otra vía para llegar a este albergue, cuyas cabañas fueron construidas con una mezcla de piedras, barro y helechos arbóreos, es la ruta de la carretera Cotapata-Santa Bárbara, a dos horas de la ciudad de La Paz —en vehículo privado— hasta arribar a inmediaciones del hotel Río Selva Resort y del Parque Nacional de Cotapata. En este lugar hay un letrero del parque del mismo nombre.
En ese momento se inicia la aventura.
Entre las nubes
Para llegar al cerro donde se encuentra el albergue ecológico se debe caminar siete kilómetros (en buen estado físico equivalen a dos horas de caminata).
La caminata se torna una vivencia especial no sólo por los pedregones y una que otra caída, sino por la infinidad de plantas exóticas al paso, la caricia a los ojos de maravillosas mariposas que hacen que uno tenga un reencuentro con la naturaleza y la paz espiritual. Una experiencia para vivirla.
Esfuerzo de 25 comunarios
Después de las dos horas de
treking se alcanza la cima, donde los 25 comunarios que construyeron el refugio esperan al visitante para brindarle jugos de frutos cítricos.
Los comunarios yungueños del Chairo construyeron el mágico refugio gracias a que ganaron un concurso de pequeñas donaciones lanzado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), al que se sumó Conservación Internacional Bolivia, que no sólo les permitió obtener más recursos, sino también apoyo técnico y financiero.
Además recibió el apoyo de la agencia de cooperación alemana KFW, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas, el Herbario Nacional de Bolivia, la Estación Biológica de Tunguini, el Centro de Estudios en Biología Teórica y Aplicada y el PPD.
De 200 proyectos que se presentaron a este concurso, el de ecoturismo “Nube que da agua, agua que da vida” ganó y recibió 53 mil dólares para iniciar la construcción de la infraestructura.
La contraparte fue aportada por los 25 comunarios en mano de obra. Es así como a partir de febrero de este año este grupo de hombres y mujeres encaró el proyecto con sudor, pues trasladaron hasta la cima del cerro piedra, cemento, madera y el resto de los materiales necesarios para realizar su sueño.
Los comunarios cargaron cocinas, refrigeradores y garrafas de gas licuado de petróleo, entre otros accesorios, por los pequeños senderos, generalmente de madrugada, para evitar el sol intenso.
El ecoalbergue dispone de energía eléctrica las 24 horas del día gracias a una turbina microcentral, y las cocineras fueron entrenadas por el chef italiano Carmelo, quien les enseñó a preparar platillos especiales con los productos de excelencia de la región.
Capacitación
Estos nuevos empresarios que quieren brindar las mejores comodidades a turistas nacionales y extranjeros trabajarán también en un proyecto de fumigación con productos naturales.
Liderados por los hermanos Víctor, René y Nicanor Kalisaya, los comunarios del ecoalbergue se animaron a apostar por el ecoturismo; ahora para incrementar el flujo de turistas —que anualmente llega a los 3.000 visitantes— se capacitaron con la intención de convertirse en guías de interpretación de los caminos precolombinos que atraviesan la zona.
Además estudian inglés, para garantizar una buena comunicación con los visitantes extranjeros, y administración financiera, para llevar en orden sus cuentas e ingresos.
A los que les gusta acampar
Los vistantes más aventureros y que prefieren el aire libre puden gozar de los servicios de camping que el albergue les ofrece, por lo que quienes cubren el recorrido de más de ocho horas por el Choro ahora tienen
la alternativa de aligerar su viaje y sólo llevar el sleeping bag o saco de dormir.
“Urkuma te hace sentir el espíritu del lugar y te protege con los grandes colosos que tenemos, por ello invitamos a todos los visitantes y les garantizamos un servicio de lujo”, afirmó Nicanor Kalisaya, secretario permanente de la iniciativa comunitaria Upuma, en el acto de inauguración, llevado a cabo el lunes. “Sembrando arroz para cosechar buenos frutos, y azúcar para atraer como la miel a los turistas...”, comentó.
¿Casualidad o coincidencia?, pero en el momento de la inauguración llegó una pareja de jóvenes turistas extranjeros que, tras enterarse de qué se trataba la ceremonia, decidieron ser los primeros visitantes en disfrutar del encanto del lugar, donde por la noche se puede apreciar una bóveda celeste llena de estrellas resplandecientes y en la madrugada despetar abrazados por la neblina. El subalcalde Humberto Carrasco destacó el sacrificio de los 25 emprendedores en la construcción del ecoalbergue, les deseó éxito y comprometió su apoyo.
Aventuras para contar
El representante adjunto del PNUD Alfredo Marty contó que para conocer en qué se usaron los recursos de donación tuvo que caminar las dos horas por los siete kilómetros de ruta para llegar al refugio de las nubes, y quedó fascinado.
Con su dejo cubano, hizo bromas sobre la travesía del treking y felicitó a la comunidad por encarar un proyecto turístico que ayudará a reactivar la economía de la región.
El representante de Conservación Internacional Eduardo Forno recordó que tiempo atrás, cuando él y su hijo de 15 años recorrieron la ruta del Choro, al llegar a Sandillani morían de hambre y sólo tenían para comer yuca. “Fue lo más rico que probamos”.
En cambio ahora, dijo, los caminates podrán llegar al ecoalbergue, donde les brindarán comodidad, calidad humana, comida y un reencuentro con el legado de las culturas ancestrales y con la exuberancia de la naturaleza.
El parque Cotapata
El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata es uno de los lugares en el departamento con mayor belleza paisajística y con una gran riqueza biológica, arqueológica y cultural. Es visitado casi todo el año por turistas extranjeros y nacionales que emprenden la caminata por la ruta del Choro.
El parque está concentrado en una superficie de 40 mil hectáreas donde viven 1.800 especies de aves y unas 66 de distintos mamíferos, incluyendo al oso andino, conocido como jucumari, cuyo nombre científico es Tremarctos ornatus.
Cotapata también tiene historias humanas dignas de relatar, como es el caso del japonés Hanamura
que llegó en 1959 a su parcela ubicada en Sandillani, en los Yungas paceños, paralela a donde está ahora el ecoalbergue.
Hanamura vivió durante años como un ermitaño, pero luego se destacó por sus plantaciones, en las que prescindió de agroquímicos con pesticidas.
La gente del lugar lo quiere mucho, y durante el acto de inauguración del ecoalbergue fue el primer invitado cuyo nombre fue leído de la lista.
Vestido como un guardaparques, presenció todo el acto y dijo que se sentía muy feliz por el desafío que los comunarios asumirán.
Este japonés que ya siente sobre la espalda los años vividos es muy querido por los guardaparques por el apoyo incondicional que brindó.
Comunarios consultados sobre cómo Hanamura es ahora más sociable que antes indicaron que una vez uno de sus pastizales se quemó y los lugareños le ayudaron a apagarlo.
Por otra parte, se vio que en Cotapata se están brindando talleres de preservación ambiental a los estudiantes, con el fin de apoyarles.
Les explican que si caminan por el Choro deben llevar la basura en una bolsa para depositarla después en un contenedor fuera del área. Les recomiendan también que no echen insecticidas en el lugar y que saquen las pilas y tóxicos.
Las rutas
El camino del Choro nace en la Cumbre, es apto para el treking y conduce a los Yungas.
También existe la ruta del Sillu T’inkara que parte de las inmediaciones de Unduavi.
Ambas vías terminan en Sandillani, último tramo del Choro y donde está el ecoalbergue.
Cuando se toma la segunda ruta se llega al cerro Sillo T’inkara y al río Coscapa.
De ahí se continúa a Sandillani, donde se junta con el camino del Choro.
El paisaje de estas rutas es extraordinario, porque se encontrará con las bomelias.
Éstas son el alimento del oso andino, conocido también como jucumari.
Orquídeas y mariposas
El orquidario y el mariposario son los otros proyectos que los comunarios del Chairo pondrán en marcha con la ayuda del Instituto de Biología Molecular de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y el apoyo de la cooperación internacional.
Lo que se pretende con el proyecto es convertir el parque de Cotapata-Santa Bárbara en un atractivo ligado al plan de comercio sostenible y regulado de las orquídeas. La comercialización de estas exóticas y caras plantas estará dirigida a coleccionistas especializados.
También se tiene pensado instalar un mariposario para proteger la gran varided de especies de estos insectos que habitan en esta zona.
Para financiar este proyecto se cuenta con una donación de alrededor de 80 mil dólares de la Fundación Flamenco de Bélgica.