Los familiares de las víctimas exigen que se haga justicia

Lunes, 21 / Ene / 2002
 
(La Paz - La Razón)
Bolivia.com
El presidente Jorge Quiroga prometió dar con los autores de los brutales asesinatos del subteniente Trujillo y del policía Gutiérrez.

Fue una semana de luto. Siete personas murieron en los violentos enfrentamientos que se produjeron en Sacaba desde el martes 15 hasta el jueves 17 de enero. Ayer se enterraron los restos de los dos uniformados que el pasado jueves fueron brutalmente asesinados luego de ser secuestrados por una turba.

El presidente Jorge Quiroga llegó hasta el hall de la Prefectura de Cochabamba donde se realizó la misa de cuerpo presente en memoria del subteniente de la Policía Militar Marcelo Trujillo y del policía Antonio Gutiérrez.

Tras las horrendas muertes, sólo quedó el pésame y la promesa de castigar a los responsables a fin de tranquilizar a los familiares de los uniformados.

Los restos de los uniformados asesinados por una turba descontrolada de cocaleros fueron enterrados ayer, en medio del dolor de sus familiares.

El presidente Quiroga estuvo acompañado de sus ministros de Gobierno, Defensa e Información Gubernamental, además de los viceministros de Defensa Social, Oswaldo Antezana y de Desarrollo Alternativo, Waldo Tellería.

También estuvieron presentes los comandantes de las Fuerzas Armadas y Policía y jefes y oficiales de ambas instituciones.

Tras reiterar que el Gobierno no dialogará con los “asesinos” de los uniformados, Quiroga, en breves declaraciones a los periodistas, advirtió que el Ejecutivo no cesará en su lucha contra el narcotráfico y que se hará prevalecer el orden en el país.

El párroco de Quillacollo, una población distante a 13 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, Federico Torrico, tuvo a cargo la celebración de la misa de cuerpo presente y pidió tanto a gobernantes como a campesinos diálogo y paz social.

El párroco dijo que Jesucristo recomendó perdonar, para alejar el odio de nuestras almas, y dijo que se debe preservar la vida de todas las personas, buscando siempre la concertación y la paz entre los bolivianos.

Los familiares de las víctimas por su lado demandaron a las autoridades una investigación inmediata de los hechos, con el propósito de que los autores intelectuales y materiales sean castigados por los asesinatos.

Las esposas de los dos uniformados, junto a sus pequeños hijos, con lágrimas en los ojos, pidieron justicia y ayuda al Jefe de Estado, que se les acercó para expresar sus condolencias por ambas muertes.

Los cuerpos de las víctimas fueron trasladados por sus camaradas dos cuadras y media y después en vehículos hasta el Cementerio General, donde fueron enterrados por sus familiares y amigos. Luego de acompañar el cortejo fúnebre las autoridades gubernamentales se dirigieron al hospital de la Corporación de Seguro Social Militar para visitar a otros uniformados heridos durante los enfrentamientos con los campesinos en Sacaba.

Trujillo y Gutiérrez fueron asesinados por una turba de manifestantes luego de que fueron sacados a golpes de una ambulancia que se dirigía de Sacaba a la ciudad de Cochabamba.

Amarrados y desvestidos fueron golpeados y llevados alrededor de dos kilómetros. Murieron por traumatismo encéfalo craneano y asfixia por ahorcamiento. El forense estableció que fueron brutalmente golpeados. Estas fueron las dos últimas víctimas de un conflicto que costó la vida de tres cocaleros y cuatro uniformados, entre policías y militares. Los heridos sobrepasan los 40 en ambos bandos.

Mientras el Gobierno comenzó la detención de los posibles autores de los crímenes, Derechos Humanos, la Iglesia y el Defensor del Pueblo expresaron su pesar por las muertes y pidieron que se investigue este hecho.

Sobre el tema, el dirigente y diputado cocalero Evo Morales señaló que el Gobierno no debería detener solamente a los cocaleros que supuestamente son responsables de los hechos de violencia, sino también a miembros de las fuerzas militares y policiales que mataron a cocaleros.
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