De 6.00 a 9.00 venden ropa y zapatos de producción nacional en la Tumusla, Isaac Tamayo y plaza Eguino. Generan un movimiento mensual de $us 5.000.000. Antes de la ropa usada duplicaban ese monto.
Son las 6.00 del 23 de septiembre y doña Andrea de Román llega a la calle Isaac Tamayo para vender, como todos los días, desde hace más de 22 años, api con empanadas a sus caseras. Son las mañaneras que venden ropa y zapatos desde esa hora hasta un poco más de las 9.00; generando un movimiento económico mensual de unos cinco millones de dólares.
Las mañaneras es el nombre de un grupo de vendedoras que desde el amanecer ofrecen a precios de docena sus productos en las calles Tumusla, Isaac Tamayo y plaza Eguino. El resto del día, los vendedores son otros comerciantes.
Generan empleo a sus propias familias y para las micro y pequeñas empresas nacionales que les venden al mayoreo su producción. Son 2.000 personas. De ellas, 1.785 están afiliadas a la Asociación de Artesanas y Comerciantes Tumusla-Eguino.
Una regla económica señala que un empleo directo produce al menos otros cuatro. Significa que permiten tener trabajo a unas 8.000 personas más.
En un mes generan un movimiento económico de más de cinco millones de dólares. Aunque no hay una investigación específica sobre esta actividad, se puede realizar simples ecuaciones para llegar a ese monto. Si se toma en cuenta que al día vendan ropa por un valor de 100 bolivianos (1, 2 ó 3 prendas), al día circulan unos 200.000 bolivianos. En una semana se mueven 1,4 millones de bolivianos; y en 30 días son 42 millones.
Una investigación formal tal vez mostraría que el movimiento económico es aún mayor.
Sin embargo, esta cifra es menor que hace unos cinco años cuando empezó la crisis económica y la importación (legal e ilegal) de ropa usada.
En los principios de la crisis, desde las 4.00 llegaban los automóviles de micro y pequeños empresarios con productos al mayoreo y vendían docenas de todas las tallas. “Son casi las 8.00 y no hemos vendido nada”, se lamentó Lidia Gutiérrez. “A veces vendemos una bolsa que cuesta 20 centavos”.
Su familia es de Potosí y Cochabamba y desde hace 10 años confeccionan y venden vestidos para niñas. 10, 25 ó 30 bolivianos valen las prendas con detalles elaborados manualmente. En las tardes, otros comerciantes venden en puestos de la calle o en las tiendas de la Tumusla esos vestidos en precios más elevados.
“Todo es más barato, pero sólo gano unos 2 ó 3 bolivianos”, dijo con preocupación Filomena Mamani. Ella vende chamarras y zapatos deportivos. “Ahora hay mucha competencia. Esa ropa americana que traen nos hace competencia. Esa ropa usada no nos deja vender ni ganar como antes”, explicó molesta mientras terminaba de armar su anaquel.
Doña Filomena Mamani, una mañanera, de unos 50 años, se dedicada a comprar ropa de confeccionistas bolivianos y venderlas por unidad desde hace 22 años.
Para Esperanza Choquehuanca, que empezó a vender desde los 17 años y tiene cuatro hijos, “ganan más los que confeccionan y venden sus propias ropas”.
A pesar de ello, las mañaneras saben que varias empresas quebraron y se retiraron del mercado.
Choquehuanca vende una chamarra con su polerón en 103 bolivianos; le compró al mayorista en 100 bolivianos.
“Es nuestra forma de sobrevivir”, aseguró Nancy Mamani. Tiene 25 años y
desde hace cinco que es una mañanera. Su familia, su mamá y su papá, compran tela (la mayoría chilena), diseñan, costuran y vende los nuevos modelos. “Si salen hacemos más. Ahora sólo vendo lo que queda porque no hay muchos compradores”. El sueño de Nancy es estudiar Derecho, pero también le gustaría perfeccionarse en corte y confección para crear una empresa. Espera inscribirse el próximo año en el Instituto Infocal.
Los fines de semana de diciembre, mayo y junio son los meses de mejor venta para las mañaneras.
Para la familia de Nancy, como para la de Feby Apaza de Blanco, los “caseritos” (clientes continuos) les permite llegar a los mercados y ferias en los otros ocho departamentos. Martha Torrejón compra estas prendas para venderlas en Camargo y Culpina y Teófilo Castro lo hace en Bermejo, Tarija. “Vengo a La Paz después de 2 ó 3 semanas”, indicó Torrejón.
La producción nacional se reduce por la ropa usada
Deslealtad • Varios pequeños empresarios quebraron y muchos se quedaron sin empleo.
Hace algunos años las mañaneras vendían docenas de prendas de vestir y zapatos de fabricación nacional por día; hoy sólo los fines de semana se acercan a esa cifra porque la ropa usada se ha convertido en su principal enemigo.
Teófilo Castro vive en Bermejo y llega luego de dos, tres o seis meses a La Paz para comprar productos nacionales y venderlos en esa ciudad tarijeña, ubicada al sur del país. Realiza esta actividad comercial desde hace 28 años.
“Allá, en el mercado tenemos una casetita y vendemos todo el día. Pero ahora hay veces que no se vende ni para comprar una empanada. Ahoritita la ropa usada nos ha dejado ciegos. Hasta ropa interior
usada compra la gente y por eso ya no vendemos como antes”, dijo con un tono de molestia y preocupación.
Castro denunció que en Bermejo la venta de ropa usada ocupa más espacio que la producción nacional. “Y no se vende lo que se hace aquí en La Paz, es producción nacional. Mire cómo los perjudica y, sinceramente, da asco”.
¿Le han ofrecido vender ropa usada? “Ni me han ofrecido ni tampoco quiero vender ropa usada porque huele mal y quién sabe qué enfermedades traerá”, enfatizó el comerciante bermejeño.
Hizo un cálculo rápido y dijo que al menos habría trabajo para unas 2.000 personas si no hubiera en el mercado la ropa usada.
“La gente prefiere ir a comprarse un jean usado en 10 pesos y una chamarra usada en 25 bolivianos. Así no podemos competir. Ya no tenemos mercado y nos lo están quitando”, puntualizó la mañanera Lidia Gutiérrez.
El problema es que las autoridades no tienen control sobre este tema. Las mañaneras tampoco pueden hacer algo porque están sin dirigentes y se sienten como ratones frente a elefantes, comparó Feby Apaza de Blanco.
Ella confecciona mantas con tela polar. Si vende 6 ó 10 tiene que fabricar esa misma cantidad. Hace mucho que no llega a la docena.
Antes tenía operarios para fabricar mantas tejidas. Hoy compra de otros para comercializarlas. “Antes se sacaba para pagar al trabajador y ahora ya no se puede ganar eso. Hartos han fracasado y se han quedado sin empleo”, expresó con tristeza Apaza.
Comentó que las mañaneras que tienen esposo todavía sobreviven porque confeccionan en familia y “como al esposo no le tienen que pagar, así que un poquito más les sale para comer. También algunos hijos ayudan”.