La nueva grabación de Luzmila Carpio recibe elogios en Europa
Cultura - Miércoles, 09 / Feb / 2005
(La Paz - La Razón)
La cantautora potosina es considerada como la voz andina de mayor renombre internacional. Su disco compacto “El canto de la tierra y las estrellas” es un mensaje de paz de la Pachamama a la humanidad.
Su señora madre, heredera de la sabiduría ancestral andina, inició a Luzmila Carpio en la técnica del canto ritual relacionado al calendario agrícola, la climatología, la salud, la vida, la muerte, la naturaleza... En suma, la comprensión y respeto a la Pachamama y a todo el panteón andino.
Considero necesaria esta introducción porque, en mi criterio, es lo que explica el éxito de quien sin pertenecer a la “nomenclatura” boliviana, hace conocer al mundo la cosmovisión andina a través de una de las vertientes de esta totalidad, la música.
El nuevo CD de la cantante, autora y compositora aymara-quechua, titulado El canto de la tierra y las estrellas (Le chant de la terre et des etoiles/The Song of the Earth and Stars. Production Accords Croises/ Harmonia Mundi 2004) confirma, una vez más, su enorme talento. Y el numeroso público que aclama cada concierto de la artista boliviana lleva a pensar que Luzmila es hoy la voz andina más conocida a nivel internacional.
En este trabajo —que llevó dos años de reflexión— Luzmila Carpio toma como matriz referencial la filosofía andina, nos transmite una visión contemporánea
del génesis de la historia del mundo y nos recuerda respetar la vida de todo el conglomerado de seres que conformamos el planeta y el universo.
Nueve momentos musicales componen este Oratorio a la Tierra: Pachapaqariy (El alba); Wawakunaq kusiynin (La alegría de los niños), Wiphay Pachamama (Viva la Pachamama), Pachamamata jampiykusun (Arrullo a la Madre Tierra); Uywakunaq kawsaynin (La vida de los animales); Yakup sunqun (El espíritu del agua), Kusiy (La alegría); Irpa Achachilanaka (Las montañas sagradas) y QuyllurI (La luna y las estrellas).
La letra y música corresponden a Luzmila Carpio. El concepto y realización a la etnomusicóloga Martina A. Catella. Los arreglos de orquesta y acompañamiento de guitarra, a Pierrick Hardy. Una novedad del álbum es la inclusión de instrumentos musicales que no son propiamente andinos, interpretados por músicos profesionales franceses. Tal es el caso del órgano de cristal (M. Deneuve), diferentes tipos de flautas entre las que resalta el inmenso octobasse (H. Tournier), percusiones (P. Rigopoulos) y el contrabajo (Y. Torchinsky).
Si bien el charango y la qhonqota están ausentes, los instrumentos musicales mencionados, en armonía con la voz de Luzmila, nos llevan al paisaje andino con el trote de sus camélidos, el ruido de vertientes y cascadas de agua —fuente
de inspiración de la música donde habita el sirinu— y el trino de las aves.
A través de las canciones en aymara, quechua y algunos pasajes en español y francés, transmite reflexión sobre el hombre y la naturaleza, temas tan caros a las poblaciones originarias.
La filosofía de Luzmila Carpio, “cuya voz se posa con la tranquilidad de un pajarillo cuando encuentra su espacio familiar”, (M. Catella), es una comunión con el universo. Otro mérito de la obra es mostrar que la tradición oral de cualquier civilización está llena de rupturas. Proceso que le permite continuar vigente y no anquilosarse y desaparecer.
El canto de la tierra y las estrellas en algún momento se inscribe en el universal jazz, pero sin perder la esencia andina.
Esta síntesis original abre nuevas posibilidades de lectura de la música de los Andes, que puede compararse a un inmenso árbol con innumerables ramas, una de las cuales es precisamente esta experiencia.
Un libreto explicativo acompaña el álbum. En él están transcritas las canciones en quechua, aymara, inglés, francés y español. Para este cometido, la artista solicitó el consejo de lingüistas bolivianos, entre los que se encuentran el doctor Pedro Plaza, para el quechua y el profesor Vitaliano Huanca, para el aymara.
Como en otras ocasiones, las canciones de Luzmila Carpio son
difundidas por las más prestigiosas emisoras de Europa y reciben elogiosos comentarios de la prensa escrita especializada.
Pese a este éxito, la artista no se ha separado de su pueblo. Continúa perteneciendo a él en todo momento. Recordemos solamente los sucesos de octubre del 2003. En esa época trágica, la artista viajó lo más pronto posible a la Ciudad del Illimani para estar junto a sus hermanos indígenas y proporcionarles consuelo. Programó tres presentaciones en el Teatro Municipal, en beneficio de las familias más necesitadas de la masacre, sin pedir un centavo a cambio.
Junto a organismos internacionales participa en proyectos de desarrollo de infraestructuras, salud y educación para las comunidades indígenas del país.
En lo que corresponde a la difusión de la cultura musical andina, contribuye a la formación y promoción de voces femeninas y músicos aymara-quechuas de su ayllu, algunos de lo que fueron a Europa con marcado éxito.
La artista boliviana
Luzmila Carpio • Nació en Qala Qala, ayllu Panacachi, provincia Bustillos, departamento de Potosí. Cultivó el canto y la música por el impulso de su madre, una curandera.
Carrera artística • Su trabajo artístico empezó en los 60. Grabó sus primeros discos en la empresa Lauro, como voz de “Los Provincianos”. Luego continuó como solista.