David Santalla pidió entre sus últimos deseos ir al Teatro Alberto Saavedra Pérez, su "casa" artística. Foto: Twitter Captura videos.
David Santalla, maestro del humor en Bolivia dejó un gran legado en la cultura, la televisión y el teatro; dejó esta existencia a sus 86 años tras complicaciones de salud que lo llevaron a su última morada.
No sin antes, dejar una huella imborrable en la cultura. Su trayectoria comenzó en la radio y el teatro, donde desarrolló roles memorables como la Imilla Salustiana, una mujer indígena astuta y resiliente que satirizaba las dinámicas rurales y urbanas; Toribio Waca, un campesino torpe, pero entrañable que destacaba las tradiciones andinas con toques de comedia física; o Don Enredoncio, un señor confundido que encarnaba el caos cotidiano con elegancia humorística.
Estas creaciones no solo entretuvieron a generaciones, sino que fomentaron una reflexión cultural profunda, convirtiéndolo en un maestro del humor que unía al público boliviano en momentos de alegría compartida, como en sus presentaciones en festivales y programas televisivos donde improvisaba diálogos que resonaban con la realidad nacional.
Su incursión en el cine, particularmente en la película "Mi socio" de 1982, amplió su alcance, mostrando su versatilidad al combinar drama y comedia en narrativas que exaltaban la amistad y la vida rural, dejando un legado que inspiró a actores posteriores a fusionar el arte con la crítica social.
En sus últimos años, pese a una batalla prolongada contra el cáncer que lo mantuvo internado en el Instituto Chuquisaqueño de Oncología en Sucre, Santalla realizó apariciones esporádicas en eventos culturales y homenajes, como una función benéfica organizada por la Alcaldía de La Paz en 2024, donde compartió anécdotas de su juventud en el teatro, evocando recuerdos tiernos de cómo el público lo ovacionaba por sketches que transformaban el dolor cotidiano en carcajadas liberadoras.
Uno de los recuerdos más conmovedores que se destacan en tributos recientes a Santalla es su capacidad para hacer reír incluso en momentos difíciles, como cuando, durante una entrevista en 2023, relató cómo improvisó un monólogo sobre la vida en la pandemia que conmovió a miles, recordando que "el humor es el bálsamo del alma boliviana", una frase que encapsula su filosofía artística marcada en su legado.
Despedida en La Paz
Su partida generó un duelo nacional, con declaraciones oficiales como la del Ministerio de Defensa, que resaltó su "talento y compromiso con la cultura nacional", y del Ministerio de Turismo Sostenible, Cultura, Folklore y Gastronomía, que lo describió como un "referente del arte de Bolivia".
El último adiós en La Paz se inició el 22 de febrero, cuando sus restos fueron trasladados desde Sucre y recibidos en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, en La Paz, su "casa" artística, con una ovación emotiva del público, lágrimas y pañuelos blancos ondeando en homenaje, mientras amigos y familiares recordaban su eterna sonrisa; el velorio continuó allí, permitiendo que sus admiradores se despidieran de quien dejó una huella imborrable en la identidad cultural boliviana.