23 de marzo 2004
Discurso del Presidente Carlos Mesa por el Día del Mar
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Ciudadanas y ciudadanos de Bolivia:

Nos hemos reunido hoy aquí para recordar el momento más doloroso de la historia republicana de Bolivia: el desgarramiento de la patria que nos privó de un acceso al Océano Pacífico.

Estamos también aquí, para recordar a aquellos hombres que hicieron lo más importante que un ser humano puede hacer por su país, entregar su vida, con generosidad, con valentía, sin reticencia alguna en la batalla.

Detrás nuestro está el monumento del máximo héroe de la Guerra del Pacífico, don Eduardo Abaroa. Abaroa era un hombre como cualquiera de nosotros, era un hombre que había estudiado teneduría de libros, que tenía un pequeño comercio en San Pedro de Atacama, la población donde nació, que trabajaba como administrador en una mina de la zona, que tenía esposa y cinco hijos, un hombre de paz, cuando el 21 de marzo comenzó el ataque a Calama, Ladislao Cabrera, Severino Zapata, reunieron un grupo de valientes bolivianos, 144 y convocaron a los vecinos del lugar y de la zona. Abaroa estuvo allí, ese tenedor de libros, ese hombre de paz, ese hombre que vivía de un pequeño comercio y que tenía cinco hijos, se alistó y combatió en Calama.

Fue uno de los defensores del puente del Topáter, en el río Loa y, fue uno de los que cayó el 23 de marzo de 1879 con la decisión indeclinable de no rendir jamás las armas. No estuvo solo, estuvo con su bandera en el corazón y estuvo en el momento que la historia le fijó. Abaroa y otros muchos otros bolivianos y otras muchas bolivianas murieron en la defensa de nuestro Litoral, ese testimonio histórico demuestra que en la hora de la verdad, los bolivianos han estado en disposición de defender a la patria y, que hoy, en la hora de la verdad, los bolivianos estamos decididos a continuar con ese concepto esencial de defender la patria y de recuperar ese desgarramiento que nos ha tocado profundamente en el corazón y que nos ha afectado tanto en el desarrollo de nuestra historia.

Esta es una oportunidad propicia para decir inequívocamente que la posición de Bolivia de reivindicar una salida soberana y útil al océano Pacífico se mantiene, no porque la mantenga el Presidente de la República sino porque el Presidente de la República, refleja el sentimiento de todos y cada uno de los ciudadanos de esta nación.

Nuestra reivindicación no está en debate, nuestra reivindicación es un imperativo categórico de esta sociedad para hoy y para mañana y, creo que es oportuno, también aprovechar este día para hacer algunas precisiones importantes, en torno a este tema esencial.

No coloqué en el debate y en el tapete de la consideración internacional el tema de nuestra reivindicación marítima por un interés específico, miope y coyuntural de conseguir unidad alrededor de mi gobierno en función del tema del mar. Sería mezquino y sería absurdo, porque ese sería un logro absolutamente circunstancial, mi capacidad de gobierno será la que genere el apoyo o no de los ciudadanos de Bolivia. Quiero dejar claramente establecido, que coloqué el tema del mar en la consideración de la comunidad internacional, porque es un mandato de la historia y porque fue un mandato de la crisis de octubre, porque una lectura mínimamente sensata de lo que ocurrió en octubre, me hizo ver con claridad, que uno de los temas vitales que octubre retrató fue la decisión de Bolivia de exigir esa reivindicación antes de cualquier intercambio hacia el futuro en un tema esencial vinculado a nuestra energía. Y, lo hice también, porque se dieron circunstancias muy claras y explícitas que he agradecido oportunamente, de respaldo internacional a nuestro pedido, a nuestra reivindicación.

Quiero marcar también un hecho que me parece importante, por qué llevar a un escenario multilateral la demanda marítima boliviana, por la simple y sencilla razón de que es necesario que el mundo sepa que s` hay algo pendiente entre Bolivia y Chile y, que mientras Chile insista en que no tenemos nada pendiente, Bolivia llevará a todos y cada uno de los foros a los que se presente como nación esa reivindicación, porque de lo contrario, se generaría una idea equivocada de cuáles son las razones por las que nuestro país no tiene relaciones diplomáticas con Chile.

Esto no quiere decir que los bolivianos no tengamos conciencia de que éste es también y esencialmente un tema bilateral, y quiero desde aquí, y hoy, decir que Bolivia está en disposición de seguir adelante en un diálogo bilateral con Chile siempre y cuando en la agenda entre ambas naciones no haya ninguna exclusión, y por supuesto, siempre y cuando, el tema de nuestra reivindicación marítima sea parte de esa agenda.

Es en ese contexto, que quiero que la comunidad internacional comprenda, la posición clara, inequívoca de Bolivia, y eventualmente, quiero decir también, que Bolivia asume la posibilidad de que éste sea un tema de carácter trilateral y, en esto, quiero destacar la posición del Perú, que expresó hace algunos meses que va a mirar si fuere el caso, si se diera las circunstancia de que pudiera participar en virtud de un condicionamiento de carácter jurídico, va a mirar positivamente la posición boliviana y, no va a actuar en la línea de entrabamiento alguno, para que logremos conseguir ese anhelo que es parte de una reivindicación histórica fundamental.

Permítanme contextualizar lo que representa el tema de nuestra reivindicación y su importancia. Bolivia ha perdido una parte vital de su territorio que le permitía el acceso al océano, y con ello además de la soberanía, ha perdido la cualidad marítima.

La cualidad marítima es el concepto que permite el escenario de la gravitación de una nación, de sociedad y de una geografía en un determinado espacio, en este caso, el área del Pacífico sur y en este caso, específico, el área del Pacífico en su conjunto, como un escenario económico fundamental. Bolivia, que en ningún caso había perdido históricamente por conflagraciones de diversa naturaleza y no ha perdido su gravitación, en el Plata, en el Chaco o en el Amazonas, sí ha perdido su cualidad en relación al tema y al espacio del mar.

Este es un aspecto fundamental, que hoy cobra importancia, porque el siglo XXI es el siglo del Pacífico, igual que el siglo XX, fue el siglo del Atlántico, y porque para el desarrollo económico del presente y del futuro la presencia de una nación en una cuenca tan extraordinariamente importante como el Pacífico es esencial, y en el caso de Bolivia indispensable, porque su pertenencia es parte de la legitimidad que le dio la historia desde el tiempo prehispánico, desde el tiempo colonial y desde el tiempo republicano.

Hoy, más que nunca, Bolivia requiere su presencia en el escenario del Pacífico por lo que éste representa en la economía y en el desarrollo del mundo entero. Y, he dicho también varias veces que el problema de la mediterraneidad y del enclaustramiento de Bolivia, no es exclusivamente un problema que le competa a Chile y a Bolivia, es un problema que compete al equilibrio de la región y al proceso de integración de la región. No vamos a tener un proceso de integración completo desde el Atlántico hasta el Pacífico, considerando a los países de la región, Brasil, Argentina, Paraguay, Perú, Bolivia y Chile por supuesto, si Bolivia y Chile no resuelven definitivamente el tema de la soberanía, porque los corredores bioceánicos que pasan por nuestro territorio, que deben unir una punta y la otra de los dos océanos, lo harán de manera fluida, clara, útil, y sobre todo positiva para la región cuando hayamos resuelto este tema que entorpece y entorpecerá un proceso de integración que es históricamente ineluctable.

Pero además, hay una vocación histórica común entre el sur del Perú, el norte de Chile y el oeste de Bolivia y, una vocación que tiene un eje fundamental de influencia aquí, en las ciudades de La Paz y El Alto, los centros urbanos más importantes de esta región, que tienen un destino manifiesto, para establecer un polo de atracción, un polo de influencia, un polo de crecimiento y de desarrollo de esas tres regiones de tres países que pueden y deben ser regiones hermanas, que de hecho, son complementarias, que forman parte de un escenario económico que hoy es exactamente lo contrario de lo que debe ser.

Estas regiones, el sur del Perú, el norte de Chile y el oeste de Bolivia son una de las regiones más pobres de América del Sur, más alejadas y abandonadas de sus países, en algún caso y con mayor potencialidad -y aquí permítanme el paréntesis, para decir- hemos mirado con molestia que nuestro folklore, nuestra diablada, nuestra morenada estén bailándose como propias en el norte de Chile, mirémosla por la positiva.

Es la influencia cultural, histórica de muchísimo tiempo que tiene Bolivia, nuestros andes, nuestros quechuas y nuestros aymaras en el norte de Chile y el sur del Perú. Lo que demuestra que es un proceso de integración posible y necesario, es un absurdo y es una miopía y repito la palabra, que tres regiones destinadas a vivir en común y a desarrollarse en común se estén dando la espalda por la pertinacia histórica de uno de los protagonistas de decirnos sistemática e injustamente no, cuando es perfectamente posible encontrar una respuesta que se llama soberanía encontrar una respuesta que abre un espacio para que peruanos, bolivianos y chilenos nos sentemos a trabajar juntos en un desarrollo que nos puede y nos debe ser propicio.

Termino diciendo que el mayor desafío de esta región del planeta, una vez resuelto el tema que estoy seguro que podemos resolver será arduo, será difícil quizás, no importa, no vamos a desmayar en un sentido de responsabilidad y en un sentido de compromiso inequívoco con el país, es posible que Perú, Chile y Bolivia podamos construir un espacio de paz, un espacio modélico de paz y de integración, por qué no, mi desafío es: seamos capaces de mirarnos a los ojos los gobernantes de Chile y de Bolivia para construir el futuro que estoy seguro puede ser un futuro promisorio.

Para que eso sea posible, a los bolivianos nos toca una tarea esencial, no podemos ir a construir la batalla de paz por la reivindicación de la soberanía de nuestro mar, sino construimos un país en unidad, si no entendemos que nuestra estabilidad de largo plazo, que la preservación de nuestra democracia, que el concepto de que hoy como todos los bolivianos le ponemos el hombro al tema de la reivindicación al tema del mar, todos los bolivianos le tenemos que poner el hombro al momento histórico que a Bolivia le ha tocado difícil, complejo, con desafíos gigantescos y grandes incertidumbres que debemos convertir en certidumbres.

Construir un nuevo pacto social y una sociedad que sea unidad en la diversidad, que sea mejor y más justa, menos discriminatoria y más inclusiva, es tan importante como el trabajar internacionalmente por la reivindicación. Solo construiremos el camino al mar con un país serio, coherente, desarrollado, capaz de invertir en esos espacios que podamos recuperar. Esa capacidad tiene que construirse día a día, no solamente recordando a aquel comerciante que entregó la vida cuando la patria lo llamó, sino actuando día a día con transparencia, con claridad, sacrificándonos, eliminando la mezquindad y el egoísmo.

Mi pedido más ferviente a mis compatriotas hoy el desprendimiento, la cesión de posiciones, la capacidad de ser flexible y la capacidad de entender la patria recuperando su soberanía en todos sus sentidos es parte fundamental de este camino.

Como Presidente de Bolivia, mi compromiso de hoy, como lo fue de ayer antes de estar en este cargo y como será mañana, donde esté, es tener en el corazón el definitivo destino de trabajar día a día para recuperar una salida útil y soberana al océano Pacífico que le perteneció siempre a Bolivia por su historia y que le pertenece por destino en su futuro.

Muchas gracias.

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