Clara es una joven quechua de la comunidad de Totorani criada por una partera. Foto: Twitter Capturas.
Durante tres semanas consecutivas, La Hija Cóndor se ha posicionado y mantenido entre las favoritas del público boliviano, consolidándose como uno de los filmes más destacados en el cine nacional.
La película superó los 15.000 espectadores. Este respaldo del público le permitió apuntar con fuerza a una tercera semana en la cartelera, manteniéndose en salas de ciudades como Cochabamba (donde ha tenido especial impacto), La Paz, Potosí, Sucre, Santa Cruz, Tarija y también Oruro.
La producción ha destacado el rol clave del "boca a boca", las redes sociales y el apoyo masivo del público de todas las edades y regiones, lo que ha permitido romper barreras frente al predominio de las grandes distribuidoras internacionales.
“Para la producción, el cariño y apoyo de la gente son fundamentales, ya que expone a una comunidad que ha abrazado la película y la sostiene con fuerza a través del ‘boca a boca’, posteos en redes sociales y, principalmente, con su asistencia a las salas de cine", precisó la producción en una cita que recoge Visión 360.
Olmos Torrico y el equipo han resaltado en diversas entrevistas el significado cultural del filme, filmado mayoritariamente en quechua (variante de Cochabamba y quechuañol), como un acto de resistencia y visibilización lingüística. El director de La Hija Cóndor ha explicado que el uso del quechua responde a una historia de intentos de desalentar su uso por parte de distintos gobiernos.
Sinopsis de La Hija Cóndor
Clara es una joven quechua de la comunidad de Totorani (Cochabamba) criada por su madre adoptiva Ana Lindaura, una experimentada partera. Aprende el oficio ancestral, incluyendo cantos en quechua que alivian el dolor de las parturientas y se cree que ayudan a traer nueva vida. Sin embargo, Clara sueña con dejar las montañas para convertirse en cantante de música folclórica en la ciudad.
Su partida genera tensiones en la comunidad, incluso misteriosos problemas con animales y cultivos, lo que lleva a su madre a buscarla. La película explora la dualidad entre tradición y modernidad, la identidad cultural, migración y el peso de los saberes ancestrales.
Se filmó en los Andes bolivianos, en entornos auténticos de comunidades quechuas de Cochabamba, con un enfoque sensorial y emocional que prioriza la gran pantalla.
La banda sonora de la película, contó con contribuciones de Cergio Prudencio y Marcelo Guerrero, quienes ganaron Biznaga de Plata en Málaga, y los cantos ancestrales son elementos clave. La voz de Clara actúa como puente espiritual y forma de rebelión/expresión.