La gente recibió al dios de la abundancia con la fe fortalecida

Por un momento, las personas dejaron sus actividades y preocupaciones cotidianas y salieron a las calles para comprar las representaciones de sus sueños. Luego ofrendaron sus nuevas pertenencias al propio dios de la abundancia y a los santos.

El reloj del Parlamento anunció con 12 campanadas el mediodía, entre la euforia de la gente ubicada en la plaza Murillo y el espanto de las palomas que alzaron inmediatamente el vuelo. De pronto, el tiempo parecía haberse detenido, aunque paradójicamente la ciudad estaba más agitada que de costumbre. Era natural, el dios de la abundancia había llegado como cada año y traía una carga de fortuna para los que creen en él.

La fe es tal y las necesidades tantas que el campo ferial ya no es el único lugar de reunión para los fieles que ayer salieron de sus casas y oficinas para llevarse aquellas miniaturas que representan sus máximas aspiraciones materiales.
Una vez más la crisis se sintió, pero el efecto fue inverso. Este año sí hubo bastantes compradores. "Es que ya nada nos alcanza y todo falta en la casa", dice doña Elvira Aguilar, una simpática chola que se vistió de fiesta, con pollera y manta vistosas, de aquellas que sólo se pueden lucir en un día especial.
Para ella la fe con que se adquieren y bendicen las miniaturas representa la diferencia entre la abundancia y la escasez, por eso la visita a la Catedral en busca de agua bendita es una regla sin excepción.

A dos metros suyo, en el ala derecha del templo, una multitud se atropellaba, insultaba e incluso golpeaba para llegar hasta una pequeña urna de no más de 40 centímetros de alto y ancho donde los devotos de San Juan Bautista esperaban la hora en punto para introducir las miniaturas y recibir su bendición. Mientras, un coro de la iglesia interpretaba un cántico mariano.
"Al mediodía la imagen de San Juan Bautista flota en el aire en forma de cruz, por eso la gente se aglomera en este lugar para esperarlo. Yo recibí esta costumbre de mi mamá, que siempre me traía muy temprano desde pequeña", comenta Giovana Mallea.

Ella cree ciegamente en el poder bendito de este santo y a él le atribuye que nada le falte en casa durante todo el año.
Afuera, el tránsito vehicular era casi imposible. Los vendedores apostados en las calles adyacentes anunciaban a viva voz sus productos con frases como "el Ekeko te dará la fortuna", "llévate este terrenito con suerte".
"A aquel que va con fe a la Catedral le va a ir bien, pero si no tiene fe... Hay personas que dicen rebájeme, pero eso ya no es creer, fe es cuando uno dice vendeme sin regatear", comenta don Andrés Yugar, vendedor de billetes en la calle Comercio hace nueve años.
Dice que entre sus caseros están "unos cambas que vienen cada año desde jovencitos y ahora tienen harta plata".
Tratándose de la fiesta del señor de la abundancia en la cultura aimara no podían faltar los yatiris y curanderos.
El olor que emanaba del sahumerio de don Eusebio Chuquimia Quispe llamó la atención de los transeúntes, quienes a cambio de cinco bolivianos elevaban una ofrenda de vino, alcohol, flores y cadenas de oro a la Pachamama para recibir a cambio mucha prosperidad y riqueza.

Otros fueron en busca del Ekeko milagroso, uno del que todos hablan últimamente.
Este es ubicado cada año en las graderías de la calle Pichincha. Su propietaria es doña Lola Chuqui y el rito de la challa que practica incluye sahumerio y un buen baño de cerveza.
"El poder del Ekeko es una realidad, gracias a él ya tengo mi casita. Una amiga me comentó que éste es muy milagroso, por eso vine", dice July Salazar, una devota del diosecillo que llegó hasta el lugar con sus familiares.



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