El beso que el sacerdote le da a la reliquia del cráneo fue lo que más polémica generó en redes. Foto: TikTok Captura videos.
"Dios mío, ¿por qué besa un cráneo? ¿Qué es esto?", fueron parte de los comentarios que se generaron durante el regreso de las reliquias de Santa Ágata a su ciudad, Catania. Los vídeos se viralizaron con cuestionamientos sobre el rito católico.
"¿Qué diferencia tiene ese acto de la santería y palería cubana?", "No me puedo creer que bese esos huesos, es increíble", "¿Por qué lo meten ahí? Eso parece una escena de una película de terror. Que alguien me explique esto", decían los usuarios impactados por las imágenes de las reliquias de Santa Ágata.
¿Cuál es el rito católico con las reliquias?
La ceremonia no fue una simple conmemoración histórica. Formó parte del llamado Anno Agatino y contó con la presencia del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y legado pontificio designado por el Papa León XIV.
El pasado 17 de agosto se conmemoraron exactamente los 900 años del regreso de las reliquias de Santa Ágata, la joven mártir del siglo III, que es patrona de la ciudad. Aquel día de 1126, según la tradición conservada por la Iglesia local, dos jóvenes cataneses, Gisliberto y Goselmo, lograron recuperar las sagradas reliquias que el general bizantino Giorgio Maniace había llevado a Constantinopla en 1040.
Tras 86 años de “exilio”, las reliquias volvieron a tocar tierra siciliana cerca de Aci Castello y, desde allí, fueron acompañadas hasta Catania. Ese retorno dio origen a la fiesta de “Sant’Agata d’estate”, que se conmemora cada año.
El cráneo de Ágata, junto con otras partes de su cuerpo son conservados en plata de la Catedral, constituye una reliquia insignia. La Iglesia las custodia con particular cuidado, las sella y solo las expone o traslada bajo autorización eclesiástica.
Actos solemnes y besos polémicos
La diócesis vivió una secuencia de actos que incluyeron una vigilia nocturna en Aci Castello, precisamente donde se recuerda el desembarco, una procesión a pie de más de siete kilómetros al amanecer y, ya delante de la Catedral, el momento central: la recolocación del cráneo de la Santa en el interior del busto relicario restaurado y su posterior coronación.
El busto, obra del orfebre sienés Giovanni di Bartolo realizada entre 1373 y 1376, había sido sometido a un delicado trabajo de conservación por especialistas de los Museos Vaticanos. Durante los meses previos, el cráneo había sido expuesto públicamente en una urna de cristal para que los fieles pudieran venerarlo de cerca, algo que no ocurría desde la última inspección oficial de 1963.
El 17 de agosto, el arzobispo de Catania, Luigi Renna, lo depositó de nuevo en la calota del busto ante obispos, autoridades civiles y una multitud. Luego el relicario fue sellado “para ser reabierto cuando Dios quiera”, según las palabras del propio prelado, y el cardenal Parolin colocó la corona sobre la cabeza de la santa.
En ese mismo contexto, se produjo el gesto que más ha circulado en las redes: el arzobispo, y también otras autoridades eclesiásticas y civiles, besaron el cráneo antes de su recolocación. No se trata de un acto improvisado ni de una rareza local.
En la tradición católica, besar una reliquia es una forma antigua y extendida de veneración, un gesto de respeto y cercanía hacia quien se considera intercesor ante Dios. El cuerpo de los santos, especialmente el de los mártires, se entiende como el templo del Espíritu Santo y miembro vivo de Cristo.