Por: EFE • Bolivia.com

Uno de cada 7 adolescentes en todo el mundo tiene un problema de salud mental

A medida que la COVID-19 se acerca a su tercer año, las consecuencias para la salud mental y el bienestar emocional de los niños y los jóvenes siguen siendo "enormes".

Los problemas mentales diagnosticados pueden perjudicar considerablemente muchas áreas de la vida. Foto: Shutterstock
Los problemas mentales diagnosticados pueden perjudicar considerablemente muchas áreas de la vida. Foto: Shutterstock

A medida que la COVID-19 se acerca a su tercer año, las consecuencias para la salud mental y el bienestar emocional de los niños y los jóvenes siguen siendo "enormes".

Más de uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años en todo el mundo tiene un problema de salud mental diagnosticado y casi 46.000 adolescentes se suicidan cada año, con lo que es una de las cinco principales causas de muerte para este grupo de edad.

Así lo refleja el informe anual de Unicef sobre la situación de la infancia en el mundo, difundido y centrado en esta ocasión en la salud mental.

El "Estado Mundial de la Infancia 2021. En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia" es el análisis más completo hecho por Unicef sobre esta materia y revela que antes de la COVID-19 la infancia y la juventud ya sufrían estos problemas "sin que se hicieran las inversiones necesarias para solucionarlos".

Tan solo alrededor del 2% de los presupuestos de salud de los gobiernos se destinan a la salud mental en todo el mundo, denuncia esta agencia de las Naciones Unidas.

A pesar de que el impacto de la pandemia en la salud mental y el bienestar emocional de los niños y adolescentes españoles es "innegable", la agencia de las Naciones Unidas afirma que, si cuentan con el entorno y las herramientas adecuadas, "la mayoría serán capaces de normalizar sus vidas y tener una evolución positiva".

Sin embargo, hay grupos especialmente vulnerables, como quienes ya tenían algún trastorno previo, las víctimas de violencia, los que sufrieron aislamiento, separaciones y/o duelos debido a la COVID-19, los que están en riesgo de pobreza infantil, y los niños migrantes y solicitantes de asilo.

A medida que la COVID-19 se acerca a su tercer año, las consecuencias para la salud mental y el bienestar emocional de los niños y los jóvenes siguen siendo "enormes", añade el informe.

Así, al menos uno de cada siete niños se vio directamente afectado por los confinamientos en todo el mundo y más de 1.600 millones sufrieron alguna pérdida en su educación. La alteración de las rutinas, la educación y el ocio, así como la preocupación de las familias por los ingresos y la salud, hacen que muchos jóvenes sientan miedo, rabia y preocupación por su futuro, resume el documento.

Los problemas mentales diagnosticados, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ansiedad, autismo, trastorno bipolar, trastorno de la conducta, depresión, trastornos alimentarios, discapacidad intelectual y esquizofrenia, pueden perjudicar considerablemente la salud, la educación, las condiciones de vida y la capacidad para obtener ingresos de los niños y los jóvenes.

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